13-08-2024, 10:24 PM
Ballywood Hills, Reino de Ballywod, West Blue
Hace 8 años
Hace 8 años
Bostecé sonoramente y salí de mi apartamento con el skate en la mano, no faltaría mucho para que los colores del crepúsculo tiñesen la isla, me había pasado todo el día durmiendo porque esa noche había trasnochado. Dos años habían pasado desde aquel fatídico incidente en el Reino de Samba y mi forma de ganarme la vida era a través de la astucia, la mentira y de echarle cara. Por suerte el apartamento corría a cargo de la Marina, supongo que habría sido parte del plan de Leandro... suerte por llamarlo de alguna manera, si realmente hubiese tenido suerte ahora mismo seguiría en el Reino de Samba con Tainara. Desde que llegué tenía una oferta de la Marina para seguir los pasos de mi madre y trabajar con ellos, pero honestamente no me apetecía seguir las órdenes de nadie ni de mirarles a la cara. Juro que si algún día me cruzo con João, acabaré con su vida sin importar lo que ocurra después, en cuanto uno pierde lo que más le importa es cuando se convierte en un verdadero peligro, ya no temo a nada, lo demás me da igual.
Una vez pisada la calle apoyé la parte trasera de mi tabla en el suelo, cogí un pequeño impulso y tras subir mi pie izquierdo, seguí patinando cogiendo velocidad con el pie derecho. Simplemente me dejaba llevar a través de las calles de Ballywood Hills, calles amplias, limpias y decoradas hasta arriba, repletas de gente adinerada que hacían que yo diese gracias de casi no poder olfatear, ya que tenía toda la pinta de que apestarían a colonia cara sólo para poder aparentar frente al resto que tenían mucho capital. No me gustaba la zona. En Samba la gente era mucho más natural, mucho más cercana y sobre todo más alegre, aquí cada uno sólo se preocupaba por lo suyo, algunos me miraban por encima del hombro (quizás por mis pintas, o por mis hábitos) y todos eran muy sosos, viviendo todo el día con un palo metido por el culo como para aparentar ser elegantes y formales. Al menos la parte positiva era que si la zona tenía dinero, yo podría aprovecharme de él.
A lo lejos vi una gran fuente en medio de una plaza, así que tomé velocidad, salté con mi skate y grindé el lateral para luego hacer un truco en el aire y caer. Al menos no había perdido mi toque con la tabla. En el momento de tocar el suelo, noté como una voz femenina me gritaba de forma agresiva, increpándome algo. Frené y al girarme vi a una vieja pintada como una puerta y adornada como un árbol de Navidad. Me eché el pelo hacia atrás con mi mano derecha:
— ¡Oh venga, vamos... cálmese! ¿no ve que está usted ya casi polvorizada? ¡tómese el poco tiempo que le queda con un poco de alegría, que nunca se sabe cuando la amiga puede venir! ¡kakahaha! — después de mis palabras, le dediqué una de mis mejores sonrisas. El sarcasmo era el mejor arma para este tipo de gente y la llevaba clara si se podía pensar que algo de lo que me dijese podría afectarme lo más mínimo.
