Día 35 de verano.
Año 13
Bosque Arcoíris frente al gran árbol, Momoiro ~ 08:40
Año 13
Bosque Arcoíris frente al gran árbol, Momoiro ~ 08:40
Manteniendo la posición de loto me concentraba en todo lo que me rodeaba, todas esas energías que convivían en el bosque en un equilibrio constante con el medio, me hacían concentrarme aún más mi mismo, en mi mente, en mi yo interior. Mi padre me contaba historias sobre los guerreros samurái, gente con honor y con una conexión física y mental envidiable. Gente que no sólo trabajaba su físico, sino que cultivaba su mente. Yo nunca había sentido interés por esos temas intelectuales, pero desde que aprendí a usar el Haki me había sentido más conectado conmigo mismo.
-Trece gusanos. -dije en voz alta con los ojos cerrados. -Doce, se acaban de comer a uno. -rectifiqué.
Frente a mi posición se encontraba un árbol enorme, mucho más grande y grueso que algunos de los edificios, desde luego muchísimo más grande que el barco e incluso que muchas de las montañas que había visto en mi viaje. Aquel árbol estaba repleto de vida y era tan alto que tapa completamente la luz del sol, que tímidamente se abría camino a través de sus gruesas y numerosas ramas. Aún manteniendo mi posición de loto y con los ojos aún cerrados toqué con la palma de mi mano izquierda la corteza de aquel colosal monumento de la naturaleza. La vida misma lo rodeaba, cientos de criaturas de pequeño tamaño ocupaban su corteza, tanto exterior como interior, y una gran cantidad de pájaros habitaban las partes más altas del mismo. Entre medias algún roedor de pequeño tamaño sobrevivía en esa jungla de madera y plantas.
-Once gusanos, otro que se han comido. -repetí de nuevo.
El Haki me había permitido ver y sentir más allá de los sentidos ordinarios, como si hubiese despertado un sexto sentido, uno que me conectaba con la esencia vital del mundo. Mis pensamientos volaron hacia las historias de mi padre, recordando cómo describía a los samuráis no solo como guerreros, sino como seres en armonía con el universo, capaces de percibir las intenciones, los corazones de los demás, y hasta los movimientos del viento antes de que ocurrieran.
-Diez gusanos, el círculo de la vida sigue su curso. -musité, casi en un susurro, mientras un leve atisbo de sonrisa curvaba mis labios. La vida y la muerte eran parte de ese ciclo, una danza eterna en la que cada ser, por pequeño que fuese, jugaba su papel. Mi entrenamiento me había enseñado a respetar ese ciclo, a entender que la fuerza no residía solo en el músculo o en la habilidad con los golpes, sino en la capacidad de comprender y ser parte del todo.
Abrí los ojos lentamente, dejando que la luz filtrada por las hojas del árbol bañara mi rostro. La sombra del árbol gigante envolvía todo a mi alrededor, y en ese momento, sentí que no había diferencia entre el árbol, los animales que lo habitaban, el viento que mecía sus ramas, y yo. Todo era uno.
-Sólo quedan nueve. -dije con calma, sintiendo la vibración en el aire, la leve alteración en el orden natural de las cosas. Cada pérdida, cada cambio, era una lección, una prueba de que todo fluye y nada permanece. En ese bosque, bajo la sombra de ese coloso de madera, encontré la paz que tanto había buscado.
Información
![[Imagen: fqQSUZC.png]](https://i.imgur.com/fqQSUZC.png)
- Cronología - Tripulación -
