Las llamas de mi espalda crepitaban con calma, como si del fuego de una chimenea poco avivada se tratase. El lugar, cada vez más oscuro, se veía iluminado únicamente por mi luz y por la de la Luna. Tras gritarle a aquella planta, la voz del sosiego y la lógica se abrió paso a través de las montañas de la locura de las que estaba compuesta mi mente. Quitándole hierro al asunto el calmado Tobias dijo que el lugar en el que nos encontrábamos era curioso por su escasa vegetación y que debíamos seguir caminando. Mientras me explicaba el plan de caza se encendía un cigarro y reía intentando calmar la situación, afirmando que hoy cenaríamos carne.
Desde el suelo miré a Tobias sonriendo, mucho más relajado. El orden mental que tenía era envidiable, una persona que lo tenía todo bajo control, o al menos lo parecía. Estar con Tobias me estaba ayudando a no volverme loco. Sin que yo lo quisiera estaba sometido a un estrés tremendo, y el principal culpable era yo. Mi padre ya me intentó avisar de esto, pero no le hice caso, es lo que tiene seguir tus propias convicciones y tener demasiado orgullo. Quise decirle que si lo que queríamos era cazar debía entonces apagar ese cigarrillo, pero entonces alguien apareció en la escena preguntando si yo era Yojimbo. En ese momento me puse alerta, expandiendo mi aura y haciendo uso del Haki de Observación. En cuanto mi aura hizo conexión con su espíritu pude notar que no era un cualquiera que se había perdido en aquel bosque. Me puse en pie, reduje el tamaño de mi llama hasta hacerla desaparecer, introduciéndola dentro de mi cuerpo, y sin quitarle ojo de encima le susurré a Tobias:
-Vamos a ser cautos, noto algo extraño en él.
¿Era emoción lo que sentía aquel conejo trajeado de extraño acento? ¿Convicción? Tenía un objetivo en mente y estaba dispuesto a cumplirlo.
-¡Si! -grité para que me escuchara con claridad. –¡Vete por donde has venido y te prometo que no te pasará nada! -le grité de nuevo, con la intención real de no pelear contra él, pero con la firme sensación de qué mis deseos hoy no se harían realidad.
El conejo, de pie frente a nosotros, no mostraba señales de agresión, simplemente miraba hacia la Luna. Pero en su calma, en su quietud, había una intensidad que me ponía en guardia. Mi Haki de Observación estaba en su máxima alerta, intentando captar cada mínima fluctuación en el ambiente, cada pequeño cambio en su aura, en la energía que lo rodeaba. Pero cuanto más trataba de descifrarlo, más confuso me sentía. Su presencia era como una sombra que se deslizaba por entre las grietas de la realidad, un ser que no podía ser comprendido completamente a través de los sentidos normales.
Y aquí estaba yo, frente a una extraña criatura que parecía haber salido de mi isla natal, un conejo con porte humano y una mirada que escudriñaba hasta el rincón más oculto de mi alma. Había recorrido suficientes islas como para saber que el mundo estaba lleno de cosas inexplicables, pero incluso en mi larga y ardua experiencia, este encuentro se sentía diferente. Había algo en el aire, algo que superaba la simple extrañeza de la situación. Era como si el universo estuviera conspirando, como si todas las decisiones que había tomado me hubieran llevado a este preciso momento, a este bosque oscuro, bajo la fría luz de la luna. Estaba inquieto, tenía miedo, y el miedo comenzó a mezclarse con una especie de aceptación tranquila. No tenía todas las respuestas, pero sabía que, por raro que sonase y fuese lo que fuese, este encuentro debía ocurrir. Había algo en este conejo, en su acento, en su mirada, en su ropa, que me decía que estaba aquí para enseñarme algo, para desafiarme de una manera que no había sido desafiado antes. Y así, mientras el silencio se prolongaba entre nosotros, supe que no podía dar marcha atrás, que debía enfrentar lo que estaba por venir, sin importar el coste.
Desde el suelo miré a Tobias sonriendo, mucho más relajado. El orden mental que tenía era envidiable, una persona que lo tenía todo bajo control, o al menos lo parecía. Estar con Tobias me estaba ayudando a no volverme loco. Sin que yo lo quisiera estaba sometido a un estrés tremendo, y el principal culpable era yo. Mi padre ya me intentó avisar de esto, pero no le hice caso, es lo que tiene seguir tus propias convicciones y tener demasiado orgullo. Quise decirle que si lo que queríamos era cazar debía entonces apagar ese cigarrillo, pero entonces alguien apareció en la escena preguntando si yo era Yojimbo. En ese momento me puse alerta, expandiendo mi aura y haciendo uso del Haki de Observación. En cuanto mi aura hizo conexión con su espíritu pude notar que no era un cualquiera que se había perdido en aquel bosque. Me puse en pie, reduje el tamaño de mi llama hasta hacerla desaparecer, introduciéndola dentro de mi cuerpo, y sin quitarle ojo de encima le susurré a Tobias:
-Vamos a ser cautos, noto algo extraño en él.
¿Era emoción lo que sentía aquel conejo trajeado de extraño acento? ¿Convicción? Tenía un objetivo en mente y estaba dispuesto a cumplirlo.
-¡Si! -grité para que me escuchara con claridad. –¡Vete por donde has venido y te prometo que no te pasará nada! -le grité de nuevo, con la intención real de no pelear contra él, pero con la firme sensación de qué mis deseos hoy no se harían realidad.
El conejo, de pie frente a nosotros, no mostraba señales de agresión, simplemente miraba hacia la Luna. Pero en su calma, en su quietud, había una intensidad que me ponía en guardia. Mi Haki de Observación estaba en su máxima alerta, intentando captar cada mínima fluctuación en el ambiente, cada pequeño cambio en su aura, en la energía que lo rodeaba. Pero cuanto más trataba de descifrarlo, más confuso me sentía. Su presencia era como una sombra que se deslizaba por entre las grietas de la realidad, un ser que no podía ser comprendido completamente a través de los sentidos normales.
Y aquí estaba yo, frente a una extraña criatura que parecía haber salido de mi isla natal, un conejo con porte humano y una mirada que escudriñaba hasta el rincón más oculto de mi alma. Había recorrido suficientes islas como para saber que el mundo estaba lleno de cosas inexplicables, pero incluso en mi larga y ardua experiencia, este encuentro se sentía diferente. Había algo en el aire, algo que superaba la simple extrañeza de la situación. Era como si el universo estuviera conspirando, como si todas las decisiones que había tomado me hubieran llevado a este preciso momento, a este bosque oscuro, bajo la fría luz de la luna. Estaba inquieto, tenía miedo, y el miedo comenzó a mezclarse con una especie de aceptación tranquila. No tenía todas las respuestas, pero sabía que, por raro que sonase y fuese lo que fuese, este encuentro debía ocurrir. Había algo en este conejo, en su acento, en su mirada, en su ropa, que me decía que estaba aquí para enseñarme algo, para desafiarme de una manera que no había sido desafiado antes. Y así, mientras el silencio se prolongaba entre nosotros, supe que no podía dar marcha atrás, que debía enfrentar lo que estaba por venir, sin importar el coste.
Lo que tenga que ser, será.
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![[Imagen: fqQSUZC.png]](https://i.imgur.com/fqQSUZC.png)
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