16-08-2024, 12:33 PM
Un sonido inesperado interrumpió nuestra agradable charla de amigas. Venía de la zona del bosque. Acompañado de una música con un ritmo de lo más estruendoso -seguramente porque se tratase de alguna modernidad de la ciudad-, apareció de entre la espesura un tipo de lo más extraño que lo primero que hizo fue gritarnos mientras nos señalaba. -¿Qué diablos?... Por algo mis viejos me decían que no me acercara tanto al bosque, donde abundaban las bestias y los tipos extraños con problemas con la bebida. No entendía ni media palabra de lo que hablaba; era bastante rarito, tenía que decir. Pero estaba claro que ese tal mono, o lo que fuera -porque yo tenía mis serias dudas al respeto-, había venido a por nosotras. ¿Sería cazador o marine? Daba igual, el caso es que seguramente buscaba nuestras cabecitas bien colgadas y su presencia me ponía la piel de gallina.
En un lenguaje de lo más pintoresco y siguiendo esa música del demonio, nos pidió que nos rindiéramos junto a otras palabrejas más. Fijándome mejor, su cara parecía una mezcla entre humano y animal. Podía recordar a un mono, sí, pero había algo extraño en él. De hecho, era tan raro que fácilmente pensaba en aquella historia que escuché una vez de un niño al que escondieron en una catedral por ser demasiado horroroso y deforme. Aunque no estaba bien decir cosas tan feas, al fin y al cabo, podría tratarse de otro pobre lisiado víctima de la coz de un caballo violento. Pero tampoco se podía esconder la verdad: era más feo que un dolor de muelas y, aunque no me gustaba juzgar, claramente habría sido el rarito del pueblo. Tenía unas gafas oscuras que tapaban sus ojos, seguramente para esconder alguna tara. - ¿Otra más? - pensé con un poco de lástima. Y lo más llamativo, es que se hacía llamar mono pero usaba una especie de disfraz, colgando en su cintura un oso de peluche. ¿Vendría de alguna fiesta folclórica de la que no me había enterado? No conocía las celebraciones de la isla.
El tipo empezó a caminar pretendiendo acercarse más a nosotras, y mencionó algo sobre hacer turismo y las zorras. Sinceramente no sabía qué pensar al respecto, pero aunque casi no le entendiera, tampoco había que ser un as para darse cuenta de que nos iba a dar problemas. Y encima, sonreía con retintín. Como se siguiera acercando, no podría tener un buen campo de visión para poder atacar sin interferir con Triana o Sasha estando a tan solo un metro de mí. Y del mono, situándome yo a su izquierda, nos separarían unas cinco vacas y media, es decir, unos diez metros convencionales.
Tendría que actuar rápido, y no me quedaba otra que salir por patas de allí para no molestarlas y poder apoyarlas en la distancia. Observando nuestras posiciones, ni los bueyes podrían haber hecho semejante ruido al dejar escapar un tufo como el de ese tipo, pero se notaba que le gustaba seguir el famoso dicho de "mejor fuera que dentro". Así que sin decir mucho más, pasé a la acción y comencé a alejarme de allí mientras me transformaba rápidamente en mi forma de medio camaleón. A medida que avanzaba, mi cuerpo empezaba a crecer y mi piel se cubría de escamas. Mi cabeza se achataba, haciendo que mis ojos saltones se volvieran más prominentes permitiéndome ver con más claridad, y salió de mí una cola bastante grande que podía doblar con facilidad y una larga lengua pegajosa que tampoco se quedaba atrás. - Bueno, ¡todo vuestro! Salí de allí como alma que llevaba el diablo, alejándome lo más posible y sin parar hacia la izquierda, intentando alargar esos diez metros que nos separaban hasta quedarme en diagonal con él a unos 22 metros, o dicho de otro modo, unas doce vacas en fila, y desenfundar mi rifle. Mi esperanza era que Triana y Sasha pudieran apañárselas bien en lo que yo tomaba distancia con aquel tipo.
En un lenguaje de lo más pintoresco y siguiendo esa música del demonio, nos pidió que nos rindiéramos junto a otras palabrejas más. Fijándome mejor, su cara parecía una mezcla entre humano y animal. Podía recordar a un mono, sí, pero había algo extraño en él. De hecho, era tan raro que fácilmente pensaba en aquella historia que escuché una vez de un niño al que escondieron en una catedral por ser demasiado horroroso y deforme. Aunque no estaba bien decir cosas tan feas, al fin y al cabo, podría tratarse de otro pobre lisiado víctima de la coz de un caballo violento. Pero tampoco se podía esconder la verdad: era más feo que un dolor de muelas y, aunque no me gustaba juzgar, claramente habría sido el rarito del pueblo. Tenía unas gafas oscuras que tapaban sus ojos, seguramente para esconder alguna tara. - ¿Otra más? - pensé con un poco de lástima. Y lo más llamativo, es que se hacía llamar mono pero usaba una especie de disfraz, colgando en su cintura un oso de peluche. ¿Vendría de alguna fiesta folclórica de la que no me había enterado? No conocía las celebraciones de la isla.
El tipo empezó a caminar pretendiendo acercarse más a nosotras, y mencionó algo sobre hacer turismo y las zorras. Sinceramente no sabía qué pensar al respecto, pero aunque casi no le entendiera, tampoco había que ser un as para darse cuenta de que nos iba a dar problemas. Y encima, sonreía con retintín. Como se siguiera acercando, no podría tener un buen campo de visión para poder atacar sin interferir con Triana o Sasha estando a tan solo un metro de mí. Y del mono, situándome yo a su izquierda, nos separarían unas cinco vacas y media, es decir, unos diez metros convencionales.
Tendría que actuar rápido, y no me quedaba otra que salir por patas de allí para no molestarlas y poder apoyarlas en la distancia. Observando nuestras posiciones, ni los bueyes podrían haber hecho semejante ruido al dejar escapar un tufo como el de ese tipo, pero se notaba que le gustaba seguir el famoso dicho de "mejor fuera que dentro". Así que sin decir mucho más, pasé a la acción y comencé a alejarme de allí mientras me transformaba rápidamente en mi forma de medio camaleón. A medida que avanzaba, mi cuerpo empezaba a crecer y mi piel se cubría de escamas. Mi cabeza se achataba, haciendo que mis ojos saltones se volvieran más prominentes permitiéndome ver con más claridad, y salió de mí una cola bastante grande que podía doblar con facilidad y una larga lengua pegajosa que tampoco se quedaba atrás. - Bueno, ¡todo vuestro! Salí de allí como alma que llevaba el diablo, alejándome lo más posible y sin parar hacia la izquierda, intentando alargar esos diez metros que nos separaban hasta quedarme en diagonal con él a unos 22 metros, o dicho de otro modo, unas doce vacas en fila, y desenfundar mi rifle. Mi esperanza era que Triana y Sasha pudieran apañárselas bien en lo que yo tomaba distancia con aquel tipo.
INFORMACION
