Y como por arte de magia, el conejo dobló su tamaño. Aquel ser misterioso comenzó a mutar frente a mis ojos, transformándose en una criatura grotesca y aterradora. Su cuerpo se expandió hasta alcanzar una altura que sobrepasaba con creces la mía, y cada centímetro de su piel se cubrió de un pelaje espeso y salvaje. Sus ojos ahora ardían con un resplandor carmesí que solo podía describirse como la encarnación misma de la locura homicida y aquella sonrisa torcida, apenas visible en la penumbra, revelaba una hilera de colmillos afilados que brillaban con una malevolencia siniestra.
Pese a mantener mi mirada fija en aquella criatura, en un parpadeo, el conejo desapareció de mi campo de visión. El corazón se me paralizó por un instante, hasta que sentí el sonido de su voz cargada de malicia. Estaba detrás de mí, helándome la sangre. Sin pensarlo, pivoté sobre mi pierna derecha en un movimiento tan rápido como me fue posible, pero ya era demasiado tarde. Allí estaba, mirándome con esos ojos inyectados en sangre, como si estuviera disfrutando de este momento, como si eliminarnos no fuera más que un macabro juego que se había inventado… ¿quién era este tipo y qué quería de nosotros? ¿Acaso era un loco que sólo quería jugar con nuestras vidas? Pero ese tío me conocía de algo, había venido expresamente a por mí… por qué.
Mis ojos buscaron a Tobias con la esperanza de que estuviera ileso, pero lo encontré tendido en el suelo, inmóvil, sobre un enorme charco de sangre. La escena me dejó sin aliento. Y antes de poder asimilar el horror, vi a la criatura sosteniendo el brazo de Orenjihige como si fuera un simple juguete de trapo. Un grito de rabia se ahogó en mi garganta mientras la desesperación se apoderaba de mí.
Actuando por puro instinto, di una rápida zancada hacia adelante, agachándome sobre mis rodillas junto al capitán herido. Canalicé mi energía, haciendo arder mis extremidades con un calor abrasador, y con la mano derecha presioné el muñón del fiero capitán. Sabía que le provocaría un dolor insoportable, pero también sabía que era la única manera de sellar la herida y evitar que se desangrara.
-Retírate y no te mueras, es una orden -le dije con firmeza, mi voz estaba cargada de una autoridad que no admitía réplicas. En un aleteo ágil, me elevé en el aire, manteniendo mi mirada fija en la bestia mientras me mantenía suspendido en el cielo, entre la luna y él, estudiando cada uno de sus posibles movimientos e intentando ayudarme con el Haki de Observación, poniendo mis brazos en cruz delante de mi pecho.
Aquel bicho era increíblemente rápido y peligroso, un adversario que superaba con creces a cualquier enemigo que hubiera enfrentado antes. Como capitán, era mi deber y mi responsabilidad eliminarlo, proteger a mi tripulación y asegurarme de que nadie más cayera en combate. Conocía bien las habilidades de Tobias, sabía lo valioso que podía ser en esta lucha, pero el riesgo era demasiado alto. No podía permitir que otra muerte pesara sobre mi conciencia. Tobias debía retirarse, al menos por el momento. El capitán protege. Y yo estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para cumplir con ese deber.
-Eh tú, métete con alguien de tu tamaño. -le reté
Pese a mantener mi mirada fija en aquella criatura, en un parpadeo, el conejo desapareció de mi campo de visión. El corazón se me paralizó por un instante, hasta que sentí el sonido de su voz cargada de malicia. Estaba detrás de mí, helándome la sangre. Sin pensarlo, pivoté sobre mi pierna derecha en un movimiento tan rápido como me fue posible, pero ya era demasiado tarde. Allí estaba, mirándome con esos ojos inyectados en sangre, como si estuviera disfrutando de este momento, como si eliminarnos no fuera más que un macabro juego que se había inventado… ¿quién era este tipo y qué quería de nosotros? ¿Acaso era un loco que sólo quería jugar con nuestras vidas? Pero ese tío me conocía de algo, había venido expresamente a por mí… por qué.
Mis ojos buscaron a Tobias con la esperanza de que estuviera ileso, pero lo encontré tendido en el suelo, inmóvil, sobre un enorme charco de sangre. La escena me dejó sin aliento. Y antes de poder asimilar el horror, vi a la criatura sosteniendo el brazo de Orenjihige como si fuera un simple juguete de trapo. Un grito de rabia se ahogó en mi garganta mientras la desesperación se apoderaba de mí.
Actuando por puro instinto, di una rápida zancada hacia adelante, agachándome sobre mis rodillas junto al capitán herido. Canalicé mi energía, haciendo arder mis extremidades con un calor abrasador, y con la mano derecha presioné el muñón del fiero capitán. Sabía que le provocaría un dolor insoportable, pero también sabía que era la única manera de sellar la herida y evitar que se desangrara.
-Retírate y no te mueras, es una orden -le dije con firmeza, mi voz estaba cargada de una autoridad que no admitía réplicas. En un aleteo ágil, me elevé en el aire, manteniendo mi mirada fija en la bestia mientras me mantenía suspendido en el cielo, entre la luna y él, estudiando cada uno de sus posibles movimientos e intentando ayudarme con el Haki de Observación, poniendo mis brazos en cruz delante de mi pecho.
Aquel bicho era increíblemente rápido y peligroso, un adversario que superaba con creces a cualquier enemigo que hubiera enfrentado antes. Como capitán, era mi deber y mi responsabilidad eliminarlo, proteger a mi tripulación y asegurarme de que nadie más cayera en combate. Conocía bien las habilidades de Tobias, sabía lo valioso que podía ser en esta lucha, pero el riesgo era demasiado alto. No podía permitir que otra muerte pesara sobre mi conciencia. Tobias debía retirarse, al menos por el momento. El capitán protege. Y yo estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para cumplir con ese deber.
-Eh tú, métete con alguien de tu tamaño. -le reté
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![[Imagen: fqQSUZC.png]](https://i.imgur.com/fqQSUZC.png)
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