18-08-2024, 09:51 PM
(Última modificación: 18-08-2024, 09:57 PM por Tobias Murray.)
Aquel conejo, sin dejar de mirar a la luna llena, comenzó a hincharse y a aumentar de tamaño, como si fuera a estallar. Nada más lejos de esa idea, su crecimiento se detuvo una vez alcanzó el doble de su altura original, además de adquirir un pelaje mucho más largo y frondoso. Su mirada se había vuelto más inquietante todavía, Tobías estaba boquiabierto y sin dejar de mirarlo desapareció. Sin ser capaz de localizar al orejudo de seis metros, de pronto sintió un fortísimo golpe en su hombro derecho, desplazando de inmediato todo su cuerpo hasta impactar en el suelo. Y ahí estaba Tobías, decúbito prono, atontado y con un fuerte dolor en su hombro derecho, incapaz de entender que acababa de suceder. Tuvieron que pasar tres segundos para que recuperara un poco la entereza y advertir que definitivamente aquel tipo no era uno cualquiera, se estaba desangrando por donde antes estaba su brazo diestro. Detrás de él sonó la voz de su enemigo mofándose de su situación, ofreciendo echarle una mano. Su capitán no dudó un segundo y se acercó para cauterizarle la herida con sus llamas concentradas en una mano.
- ¡UHMMMM¡ - El esfuerzo para no gritar del dolor fue sobrehumano, produciendo un gemido sordo directo desde su garganta, sin llegar a abrir la boca, no quería darle a ese conejo la satisfacción de verlo sufrir. La orden de Yojimbo fue clara y concisa, tenía que alejarse de aquel tipo cuanto antes. El lunarian emprendió el vuelo entonces, situándose sobre los dos que se quedaban en tierra. Al joven barba naranja le tocaba incorporarse como pudiera y alejarse de aquella peluda bestia. No iba a ser fácil, ni cómodo, ni seguro, pero tenía que hacerlo. La voz había sonado a escasos metro de él, pero contaba con la cobertura de su capitán desde los cielos. Tobías giró sobre su lado izquierdo para quedar bocarriba y semi incorporarse como pudo, apoyándose en su único brazo. Ahí estaba la mala bestia, frente a él, a un par de metros, sonriendo como un psicópata. La rabia le incitaba a dispararle, pero en su cabeza resonaron las palabras de Yojimbo, justo antes de escucharlo retando directamente a su peludo rival. Ese era el momento, Tobías se incorporó como pudo por completo, todavía aturdido, y corrió en dirección contraria al epicentro de la batalla hasta que no pudo más y se giró de nuevo hacia la acción. Metió la mano en su zurrón y sacó el botiquín para colocarse un vendaje en la herida, ya cauterizada, torpemente con su zurda.
Ahora tocaba esperar el devenir de los acontecimientos. La ira iba en aumento, pero no podía perder la compostura, sin la mente clara esa pelea estaba perdida. Estaba preparado para lo fuera a pasar, colocó los pies debajo de los hombros semi flexionando las rodillas, a un leve gesto de asir su arma. El dolor era casi insoportable, pero no podía flaquear en una situación como aquella. No acababa de asimilar lo sucedido, ya habría tiempo para eso.
- ¡UHMMMM¡ - El esfuerzo para no gritar del dolor fue sobrehumano, produciendo un gemido sordo directo desde su garganta, sin llegar a abrir la boca, no quería darle a ese conejo la satisfacción de verlo sufrir. La orden de Yojimbo fue clara y concisa, tenía que alejarse de aquel tipo cuanto antes. El lunarian emprendió el vuelo entonces, situándose sobre los dos que se quedaban en tierra. Al joven barba naranja le tocaba incorporarse como pudiera y alejarse de aquella peluda bestia. No iba a ser fácil, ni cómodo, ni seguro, pero tenía que hacerlo. La voz había sonado a escasos metro de él, pero contaba con la cobertura de su capitán desde los cielos. Tobías giró sobre su lado izquierdo para quedar bocarriba y semi incorporarse como pudo, apoyándose en su único brazo. Ahí estaba la mala bestia, frente a él, a un par de metros, sonriendo como un psicópata. La rabia le incitaba a dispararle, pero en su cabeza resonaron las palabras de Yojimbo, justo antes de escucharlo retando directamente a su peludo rival. Ese era el momento, Tobías se incorporó como pudo por completo, todavía aturdido, y corrió en dirección contraria al epicentro de la batalla hasta que no pudo más y se giró de nuevo hacia la acción. Metió la mano en su zurrón y sacó el botiquín para colocarse un vendaje en la herida, ya cauterizada, torpemente con su zurda.
Ahora tocaba esperar el devenir de los acontecimientos. La ira iba en aumento, pero no podía perder la compostura, sin la mente clara esa pelea estaba perdida. Estaba preparado para lo fuera a pasar, colocó los pies debajo de los hombros semi flexionando las rodillas, a un leve gesto de asir su arma. El dolor era casi insoportable, pero no podía flaquear en una situación como aquella. No acababa de asimilar lo sucedido, ya habría tiempo para eso.
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