21-08-2024, 03:50 PM
Tras haberle atacado de nuevo, las llamas en su cuerpo se avivaron, curándola una vez más de mis ataques. Debía ser terrorífico para sus enemigos ver un ser capaz de tales proezas. Era como atacar a una cascada, que tras retirar tu puño el agua vuelve a rellenar el hueco que habías logrado. Pero la pelea ya no tenía sentido para mí, ella estaba enfadada, colérica incluso, por cosas que no habíamos podido hablar, todavía, y su visión de las cosas parecía ser muy distinta de la mía. Me alejé de ella, mientras se levantaba, y me senté en un árbol recuperando el aliento. Intenté hacerle ver mi punto de vista sobre las afrentas que había dirigido hacia mi persona, hablando condescendientemente sin entenderme para nada. Mientras reposaba bajo los rosados árboles, con la luz incidiendo a través de sus hojas como pequeños hilos luminosos conectando el cielo y la tierra, confesó que había cosas de mí que le sacaban de sus casillas. Estaba muy enfadada conmigo, lo de las semillas de fruta le había molestado mucho, pensando que la tomaba por tonta y que lo hacía para reírme de ella. “Otra vez ese tema…” pensé chasqueando la lengua.
—Karl, era una broma, es lo que se hace con los amigos, bromear. —confesé con un suspiro, no era tan difícil de entender— Lo siento si te ha enfadado, no me estaba riendo de ti. Si te molesta no lo haré más, ¿vale? —le propuse, disculpándome por haberle afectado tanto, aunque no me parecía para tanto ella debía ser de mecha corta.
A continuación, pasó a habla sobre Joe. Junté mis manos y fijé la vista en ellas, escuchando una retahíla de acusaciones, incluso un insulto cuando me llamó “maldita pelirroja”. “Pues para considerarme familia, menudas se gasta…”, pensé tras escuchar esa forma de hablarme. No entendía como podía echarme en cara tantas cosas así de la nada, como si no hubiese hecho nada por ellos y pasase por completo, como si no me importasen un pimiento. Pero bueno, por una vez me callé mientras soltaba todo lo que pensaba de mí, lo cual por supuesto era equivocado, pues no merecía ni un uno porciento de las cosas que me dijo. Aun con esas, agaché la cabeza y escuché lo que tenía que decir, permitiendo que desfogase su furia. Lo que me hizo levantar la cabeza, arrugando la frente, fue cuando me espetó que estaba jugando con Sephiroth, que estaba loquito por mí. ¿Acaso yo había dado alguna señal de querer algo con él? No sabía qué clase de piruetas mentales estaba dando Karl, pero no le había tratado distinto que a ella o Joe en ningún momento. Lo que me hizo sacar una leve sonrisa fue cuando ella confesó que hasta le gustaba a ella. A ver, no vamos a engañarnos, era complicado para mí, con mi hermoso rostro y femenino cuerpo no gustar, independientemente de tratarse de hombres o mujeres. La belleza incalculable que desprendía mi ser no era algo que se pudiese ocultar, estaba a la vista de todos cuantos osasen dirigir una mirada hacia mí. Pero me molestaba que pensase que algo de eso lo hacía a propósito. En definitiva, es duro ser tan guapa. Tras aquel momento, pasó de nuevo a Joe, preguntándome si le respetaba y diciendo que le había faltado al respeto hablándole mal y yéndome por mi cuenta sin hablarlo con nadie.
—… —me quedé en silencio, mirando a Karl recobrando poco a poco la compostura.
Podía negar lo que decía, podía llevarle la contraria de haber querido, pero no creía que hacerlo fuese a llevar a nada positivo ni para ella, ni para mí, ni para la división. Así que simplemente tragué saliva y aguanté hasta que vi que se calmaba. Ya más serena, expresó haberse sorprendido por mis capacidades, lo cual no se esperaba y era normal, no me había visto nunca teniendo que pelear. También dijo haber aprendido mucho en ese entrenamiento, aunque por su parte a mí me daba la impresión de que había sido más bien una pelea. Aceptó ser mi escudo y me propuso ser su daga, pero aclaró que debíamos estar unidos y confiar los unos en los otros. También dijo que no era capaz de controlar la furia que quemaba en su pecho, algo cuanto menos problemático, pero que me hacía entender un poco más sobre ella y la situación a la que habíamos llegado. Me ordenó aceptar mi derrota y que hablásemos tranquilamente sobre ello, tras lo cual se elevó un par de metros. Apoyé la mano izquierda sobre la misma rodilla y con la mano derecha apoyada en el suelo me levanté con tranquilidad, avanzando hasta estar frente a ella pero a ras de suelo.
—Está bien, Karl. Me rindo, tú ganas. —acepté la derrota, si de esta forma podíamos dejar atrás todo aquel sinsentido, extendiendo mi mano hacia ella para apretarle la mano, o el ala, o lo que quisiera, como acto de buena voluntad— Puede que no veamos las cosas de la misma forma, pero eso no significa que no podamos ser amigas y compañeras, ¿sabes? —dije con una sonrisa, mientras deschacia mi moño, sustituyendo la sonrisa al par de segundos por una ligera mueca de enfado y coloqué las manos sobre mis caderas— Pero no me ha gustado nada el tono en el que me has hablado, y aún menos que me hayas insultado. —aclaré resaltando que eso también era una falta de respeto hacia mí y levanté una de las manos que reposaban en mi contorno para extender la palma hacia arriba acompañando a mis palabras— Entiendo que puedas enfadarte, molestarte e incluso enfurecerte, pero eso no es excusa para hablarme de esa forma, y menos cuando me pides que no haga exactamente lo mismo. Así que, espero que tú también te disculpes, pues me ha molestado mucho. —continué, cruzándome de brazos y desviando la mirada hacia el bosque.
Esperé por su disculpa, para que ambas pudiéramos hablar sobre todo lo que había dicho con más tranquilidad. Había mucho que ella no sabía, y desde fuera podía parecer de otra forma, pero con palabras podíamos llegar a entendernos.
—Karl, era una broma, es lo que se hace con los amigos, bromear. —confesé con un suspiro, no era tan difícil de entender— Lo siento si te ha enfadado, no me estaba riendo de ti. Si te molesta no lo haré más, ¿vale? —le propuse, disculpándome por haberle afectado tanto, aunque no me parecía para tanto ella debía ser de mecha corta.
A continuación, pasó a habla sobre Joe. Junté mis manos y fijé la vista en ellas, escuchando una retahíla de acusaciones, incluso un insulto cuando me llamó “maldita pelirroja”. “Pues para considerarme familia, menudas se gasta…”, pensé tras escuchar esa forma de hablarme. No entendía como podía echarme en cara tantas cosas así de la nada, como si no hubiese hecho nada por ellos y pasase por completo, como si no me importasen un pimiento. Pero bueno, por una vez me callé mientras soltaba todo lo que pensaba de mí, lo cual por supuesto era equivocado, pues no merecía ni un uno porciento de las cosas que me dijo. Aun con esas, agaché la cabeza y escuché lo que tenía que decir, permitiendo que desfogase su furia. Lo que me hizo levantar la cabeza, arrugando la frente, fue cuando me espetó que estaba jugando con Sephiroth, que estaba loquito por mí. ¿Acaso yo había dado alguna señal de querer algo con él? No sabía qué clase de piruetas mentales estaba dando Karl, pero no le había tratado distinto que a ella o Joe en ningún momento. Lo que me hizo sacar una leve sonrisa fue cuando ella confesó que hasta le gustaba a ella. A ver, no vamos a engañarnos, era complicado para mí, con mi hermoso rostro y femenino cuerpo no gustar, independientemente de tratarse de hombres o mujeres. La belleza incalculable que desprendía mi ser no era algo que se pudiese ocultar, estaba a la vista de todos cuantos osasen dirigir una mirada hacia mí. Pero me molestaba que pensase que algo de eso lo hacía a propósito. En definitiva, es duro ser tan guapa. Tras aquel momento, pasó de nuevo a Joe, preguntándome si le respetaba y diciendo que le había faltado al respeto hablándole mal y yéndome por mi cuenta sin hablarlo con nadie.
—… —me quedé en silencio, mirando a Karl recobrando poco a poco la compostura.
Podía negar lo que decía, podía llevarle la contraria de haber querido, pero no creía que hacerlo fuese a llevar a nada positivo ni para ella, ni para mí, ni para la división. Así que simplemente tragué saliva y aguanté hasta que vi que se calmaba. Ya más serena, expresó haberse sorprendido por mis capacidades, lo cual no se esperaba y era normal, no me había visto nunca teniendo que pelear. También dijo haber aprendido mucho en ese entrenamiento, aunque por su parte a mí me daba la impresión de que había sido más bien una pelea. Aceptó ser mi escudo y me propuso ser su daga, pero aclaró que debíamos estar unidos y confiar los unos en los otros. También dijo que no era capaz de controlar la furia que quemaba en su pecho, algo cuanto menos problemático, pero que me hacía entender un poco más sobre ella y la situación a la que habíamos llegado. Me ordenó aceptar mi derrota y que hablásemos tranquilamente sobre ello, tras lo cual se elevó un par de metros. Apoyé la mano izquierda sobre la misma rodilla y con la mano derecha apoyada en el suelo me levanté con tranquilidad, avanzando hasta estar frente a ella pero a ras de suelo.
—Está bien, Karl. Me rindo, tú ganas. —acepté la derrota, si de esta forma podíamos dejar atrás todo aquel sinsentido, extendiendo mi mano hacia ella para apretarle la mano, o el ala, o lo que quisiera, como acto de buena voluntad— Puede que no veamos las cosas de la misma forma, pero eso no significa que no podamos ser amigas y compañeras, ¿sabes? —dije con una sonrisa, mientras deschacia mi moño, sustituyendo la sonrisa al par de segundos por una ligera mueca de enfado y coloqué las manos sobre mis caderas— Pero no me ha gustado nada el tono en el que me has hablado, y aún menos que me hayas insultado. —aclaré resaltando que eso también era una falta de respeto hacia mí y levanté una de las manos que reposaban en mi contorno para extender la palma hacia arriba acompañando a mis palabras— Entiendo que puedas enfadarte, molestarte e incluso enfurecerte, pero eso no es excusa para hablarme de esa forma, y menos cuando me pides que no haga exactamente lo mismo. Así que, espero que tú también te disculpes, pues me ha molestado mucho. —continué, cruzándome de brazos y desviando la mirada hacia el bosque.
Esperé por su disculpa, para que ambas pudiéramos hablar sobre todo lo que había dicho con más tranquilidad. Había mucho que ella no sabía, y desde fuera podía parecer de otra forma, pero con palabras podíamos llegar a entendernos.
Resumen
Del bélico anterior
Karmas
