22-08-2024, 08:13 PM
(Última modificación: 22-08-2024, 08:15 PM por Kisuke Kageyama.)
Realmente fue un varapalo que Hécate no apareciese nunca en Ohara, aunque al menos no tuvo que continuar con su viaje solo. Allí incrementó sus conocimientos y desarrolló el nitoryuu que usaba ahora como estilo de combate y además, fue cuando Zorak se unió definitivamente a él para formar parte de la Revolución.
"¿Quién iba a pensar que el pirómano de East Ballywood iba a ser mi compa? Kuhahaha
Ciertamente Zorak era un buen tipo y había hecho lo que había hecho por lo que había tenido que vivir, que, por lo que intuía Kisuke, él apenas conocía la punta del iceberg, y más aún, viendo lo que había pasado al final de la escaramuza de Akarui. No tenía idea de que era lo que había podido desencadenar aquella reacción, pero si tenía claro que era algo con lo que su amigo tendría que lidiar y aprender a manejar.
"Pero eso es otra historia, ahora yo necesito poner en orden mi mente."
Estaba divagando mucho y aunque su pasado le estaba ayudando a calmar esos pensamientos intrusivos que le acechaban desde que terminó el incidente, aún le quedaba un largo camino por recorrer antes de recuperar la paz mental y espiritual. Pese a su aspecto rudo y despistado, de que todo le importaba una mierda, Kisuke era un hombre bastante sensible y empático. Por eso una lección que leyó en uno de sus libros sobre grandes espadachines, se le grabó a fuego, y quizá en ella se encontraba otra de las piedras sobre la que cimentar su estabilidad mental.
"Aquellos que no temen a su espada, no tienen derecho a blandir una espada."
Esa frase estaba bastante grabada a fuego en su mente, pero hacía mucho que no se paraba a pensar en ella. Era verdad, sentía que ese era el camino; no hay que encontrar el regocijo y la felicidad en blandir la espada, solo hay que blandirla para proteger a los débiles y para forjar un futuro mejor para los desfavorecidos. En realidad eso le suponía a Kisuke un conflicto interno, porque amaba combatir y le encantaba probar su poder y su fuerza, pero no le gustaba hacer daño a los demás, no de manera seria claro. Y por eso se encontraba en el estado mental que estaba en aquel momento.
"Supongo que eso es lo importante, pelear por una causa, una causa justa, noble y que mejore el mundo, solo así se puede hacer más liviana la carga de tener que arrebatar la vida a algunas personas."
Pero parecía evidente que la responsabilidad y el cargo de conciencia, aunque se aligerasen con esa línea de pensamiento, iban a seguir ahí, no podría deshacerse de ellos. Tal vez no lo estaba enfocando bien, tal vez lo que debía de hacer era asumir sus actos y aprender a convivir con ellos.
"¿Quién iba a pensar que el pirómano de East Ballywood iba a ser mi compa? Kuhahaha
Ciertamente Zorak era un buen tipo y había hecho lo que había hecho por lo que había tenido que vivir, que, por lo que intuía Kisuke, él apenas conocía la punta del iceberg, y más aún, viendo lo que había pasado al final de la escaramuza de Akarui. No tenía idea de que era lo que había podido desencadenar aquella reacción, pero si tenía claro que era algo con lo que su amigo tendría que lidiar y aprender a manejar.
"Pero eso es otra historia, ahora yo necesito poner en orden mi mente."
Estaba divagando mucho y aunque su pasado le estaba ayudando a calmar esos pensamientos intrusivos que le acechaban desde que terminó el incidente, aún le quedaba un largo camino por recorrer antes de recuperar la paz mental y espiritual. Pese a su aspecto rudo y despistado, de que todo le importaba una mierda, Kisuke era un hombre bastante sensible y empático. Por eso una lección que leyó en uno de sus libros sobre grandes espadachines, se le grabó a fuego, y quizá en ella se encontraba otra de las piedras sobre la que cimentar su estabilidad mental.
"Aquellos que no temen a su espada, no tienen derecho a blandir una espada."
Esa frase estaba bastante grabada a fuego en su mente, pero hacía mucho que no se paraba a pensar en ella. Era verdad, sentía que ese era el camino; no hay que encontrar el regocijo y la felicidad en blandir la espada, solo hay que blandirla para proteger a los débiles y para forjar un futuro mejor para los desfavorecidos. En realidad eso le suponía a Kisuke un conflicto interno, porque amaba combatir y le encantaba probar su poder y su fuerza, pero no le gustaba hacer daño a los demás, no de manera seria claro. Y por eso se encontraba en el estado mental que estaba en aquel momento.
"Supongo que eso es lo importante, pelear por una causa, una causa justa, noble y que mejore el mundo, solo así se puede hacer más liviana la carga de tener que arrebatar la vida a algunas personas."
Pero parecía evidente que la responsabilidad y el cargo de conciencia, aunque se aligerasen con esa línea de pensamiento, iban a seguir ahí, no podría deshacerse de ellos. Tal vez no lo estaba enfocando bien, tal vez lo que debía de hacer era asumir sus actos y aprender a convivir con ellos.
