Mi cuerpo, traicionero y entumecido, se movía con una torpeza que no podía permitirme. Lo que debería haber sido un golpe decisivo se desvaneció en la nada, un eco de lo que pudo ser. Mi mente iba a una velocidad vertiginosa, pero mis músculos, mis alas, respondían con una lentitud desesperante. El aleteo de mis alas era un susurro cuando debería haber sido un trueno, y las piernas que debieron impulsarme hacia la victoria me abandonaron en el momento crucial. Esos malditos golpes eléctricos habían minado mi fuerza, y la frustración me consumió al ver cómo mi brazo, cargado de rabia y poder, no encontraba su objetivo, cortando el aire en lugar de aplastar su maldita cara. La miseria se apoderó de mí, cada falla era una daga en mi orgullo, y mientras el combate proseguía, no hacía más que recibir castigo tras castigo.
De repente, mis pensamientos se hicieron añicos cuando aquella bestia se desvaneció ante mis ojos, con su presencia evaporándose como un espejismo. Un dolor agudo me atravesó el torso, como si un cuchillo invisible hubiera encontrado su camino hasta mi carne. Abrí los ojos con incredulidad, ¿cómo demonios había hecho eso? No parecía portar arma alguna, pero allí estaba, un reguero de sangre goteando de su tembloroso dedo. Entonces, lo vi retroceder a su forma original, su pelaje volviendo a su tamaño habitual, y su musculatura reduciéndose drásticamente. Los temblores que sacudían su cuerpo eran una clara señal: no podía mantener ese ritmo infernal por mucho más tiempo. Esta era mi oportunidad.
El poder que antes brotaba de mí como un torrente ahora apenas se sentía, y sabía que mis fuerzas menguaban rápidamente. Pero las llamas en mi espalda aún ardían con una ferocidad que desafiaba mi agotamiento. Mientras él soltaba sus palabras vacías, yo ya estaba en movimiento. Me lancé hacia él como un cometa, aprovechando la corta distancia que nos separaba ahora. Volaba apenas a dos metros del suelo, y cuando lo tuve a mi alcance, estiré mi brazo derecho y golpeé su hombro izquierdo con la palma de mi mano. Sin dar tiempo a reaccionar, flexioné el brazo y lancé mi codo hacia su nariz con una precisión brutal. No perdí ni un segundo; batí mis alas con fuerza, retrocediendo diez metros en un parpadeo, y flexioné las rodillas, cruzando mis brazos frente a mí como un escudo viviente.
De repente, mis pensamientos se hicieron añicos cuando aquella bestia se desvaneció ante mis ojos, con su presencia evaporándose como un espejismo. Un dolor agudo me atravesó el torso, como si un cuchillo invisible hubiera encontrado su camino hasta mi carne. Abrí los ojos con incredulidad, ¿cómo demonios había hecho eso? No parecía portar arma alguna, pero allí estaba, un reguero de sangre goteando de su tembloroso dedo. Entonces, lo vi retroceder a su forma original, su pelaje volviendo a su tamaño habitual, y su musculatura reduciéndose drásticamente. Los temblores que sacudían su cuerpo eran una clara señal: no podía mantener ese ritmo infernal por mucho más tiempo. Esta era mi oportunidad.
El poder que antes brotaba de mí como un torrente ahora apenas se sentía, y sabía que mis fuerzas menguaban rápidamente. Pero las llamas en mi espalda aún ardían con una ferocidad que desafiaba mi agotamiento. Mientras él soltaba sus palabras vacías, yo ya estaba en movimiento. Me lancé hacia él como un cometa, aprovechando la corta distancia que nos separaba ahora. Volaba apenas a dos metros del suelo, y cuando lo tuve a mi alcance, estiré mi brazo derecho y golpeé su hombro izquierdo con la palma de mi mano. Sin dar tiempo a reaccionar, flexioné el brazo y lancé mi codo hacia su nariz con una precisión brutal. No perdí ni un segundo; batí mis alas con fuerza, retrocediendo diez metros en un parpadeo, y flexioné las rodillas, cruzando mis brazos frente a mí como un escudo viviente.
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![[Imagen: fqQSUZC.png]](https://i.imgur.com/fqQSUZC.png)
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