28-08-2024, 06:29 PM
Tras un buen rato luchando contra tormenta y marea, parecía que todo se controlaba y que podrían fiarse del agarre del mástil y de que este no se consumiera por las llamas. Todo bajo control, o eso parecía de momento. Gideon seguía sentado junto al nudo marinero que sostenía el mástil y aprovechó para encenderse un cigarrillo. Kevin parecía totalmente consumido por la situación y el skypiean estuvo a punto de ofrecer una calada, pero sabía que al trajeado no le iban esos vicios. Aún así, con alivio, anunció que lo habían conseguido, además estaba tan agradecido ante ambos que les pidió poder recompensarles con un regalo. ¿Cómo podía tener un corazón tan puro? Mientras tanto Suna saltaba de alegría y celebraba su pequeña victoria. La rubia se tomó muy en serio la invitación del oficinista y empezó a enumerar la lista de cosas que le pediría
— Illo, para el carro Suna, estás pidiéndole mucho al pobre Kevin, chososososo —a Gideon le subía siempre el ánimo ver las interacciones de sus amigos, eran tan distintos.
Entonces se dio cuenta de que el sol abrasador empezaba a calentar de más sus cuerpos y el pobre Kevin se lamentaba por no poder usar sus trajes. Sin embargo, Suna estaba la mar de contenta, se quitó el abrigo y pidió quedarse a vivir en la siguiente isla. A Gideon no le molestaban ni el frío ni el calor, siempre había sido una persona que se acostumbraba bien a los cambios climáticos, pero ni de broma se quedarían a vivir bajo aquel sol. El skypiean se levantó y expulsando el humo por la nariz, miró hacia el horizonte. No sabían con qué se encontrarían, pero estaba seguro que el cambio de aires le iba a venir bien a su mente y a su cuerpo. De pronto, notó algo subir por su chaqueta, Omi había salido de la bodega y se había enroscado en su cuello.
— Viviremos grandes aventuras aquí también, estoy seguro —declaró acariciando a Omi y viendo a sus amigos mirar hacia el horizonte con esperanza.
— Illo, para el carro Suna, estás pidiéndole mucho al pobre Kevin, chososososo —a Gideon le subía siempre el ánimo ver las interacciones de sus amigos, eran tan distintos.
Entonces se dio cuenta de que el sol abrasador empezaba a calentar de más sus cuerpos y el pobre Kevin se lamentaba por no poder usar sus trajes. Sin embargo, Suna estaba la mar de contenta, se quitó el abrigo y pidió quedarse a vivir en la siguiente isla. A Gideon no le molestaban ni el frío ni el calor, siempre había sido una persona que se acostumbraba bien a los cambios climáticos, pero ni de broma se quedarían a vivir bajo aquel sol. El skypiean se levantó y expulsando el humo por la nariz, miró hacia el horizonte. No sabían con qué se encontrarían, pero estaba seguro que el cambio de aires le iba a venir bien a su mente y a su cuerpo. De pronto, notó algo subir por su chaqueta, Omi había salido de la bodega y se había enroscado en su cuello.
— Viviremos grandes aventuras aquí también, estoy seguro —declaró acariciando a Omi y viendo a sus amigos mirar hacia el horizonte con esperanza.
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