06-09-2023, 12:45 AM
(Última modificación: 06-09-2023, 12:52 AM por Jolyne Jones.)
Yojimbo aceptó mi idea de hacer turismo por la isla. -Bien, punto para mí- pensé. Al parecer, estaba convencido de que aquí podríamos encontrar al navegante y nuestro barco. Se le veía bastante entusiasmado con la idea, tanto que bajó del barco hundiéndose en el suelo y saliendo una vez llegado a tierra firme. Así que no solo podía atravesar paredes, también funcionaba con el suelo. Era diabólico y perturbador… pero me ha llamado amiga.
Sus habilidades parecían propias de un fantasma. Aún no me había atrevido a tocarlo, pero me empezaron a surgir dudas sobre si también sería capaz de atravesarme a mí. Yo ya había vivido varias experiencias extrañas en la granja, como objetos que desaparecen y aparecen en sitios inesperados o animales comportándose de una manera extraña, así que no sería yo quien dijera que los fantasmas no existen.
De repente, su estado de ánimo completamente para dar paso a una actitud pesimista. Dijo que si las cosas no salían bien, podríamos quedarnos atrapados en esta isla. Para mí no resultaba ningún problema, aunque para eso preferiría volver a mi isla. De todos modos, no me desagradaba la idea de empezar una vida desde cero con esta gente: formaríamos todos una granja en común y viviríamos solidariamente. Sonaba hasta idílico.
Triana le advirtió que no espantara a la gente, y me di cuenta de que a su lado había un joven con unas gafas de sol muy llamativas y un abanico de plumas, cosas típicas de gente de ciudad. -No es posible… Aun ocultándose la cara, me pareció reconocer algunos rasgos familiares. No estaba del todo segura, pero quizás aquel muchacho fuera el famoso Aspros que conocí años atrás. Lo tenía fresco en la memoria ya que hasta hace poco el poster de su gira colgaba en la pared de mi cuarto. Me apresuré a llegar junto a Yojimbo y Triana, donde también estaba el joven.
-Que me rompan las costillas de una coz si me equivoco, ¿no eres el famoso Aspros? – imagino que estaría en aquella isla de gira, o tal vez de vacaciones. Hacía tiempo que no escuchaba hablar de él, pero tampoco es que yo estuviera muy puesta en las cosas de fuera. De todas formas, me alegraba saber que estaba bien – Soy yo, Jolyne, ¿te acuerdas de mí? – se mantenía bastante bien. Tanto que empezaba a pensar que los rumores que circulaban por el pueblo sobre sus rituales de belleza con baba de caracol eran ciertos.
-Oye, ¿no sabrás por casualidad dónde hay barcos o navegantes que quieran participar en una competición? Es una urgencia. Si no, nos veremos obligados a quedarnos aquí para siempre – dije masticando mi ramita.
