01-09-2024, 08:12 PM
Con el ojo bien fijo en el blanco, logré que mi bala le diera de lleno justo donde quería. En ese instante, y como si Triana y yo estuviéramos perfectamente coordinadas bailando una ranchera bajo el cielo estrellado de una noche de verano, ella aprovechó la oportunidad para meterle unos buenos tajos en las piernas con sus katanas, haciéndolo caer al suelo como un saco de patatas. Por fin habíamos conseguido una pequeña ventaja que no podíamos dejar escapar.
Sabíamos bien que aquel desgraciado, además de raro, era tan rápido como un caballo desbocado, y que no se quedaría ahí quieto por mucho tiempo. Por suerte, los cortes de Triana se clavaban en la carne como cardos en unos pantalones viejos, y su ataque debía haberle hecho algún daño. Desde mi posición vi que el tipo hizo el amago de levantarse frente a ella, así que no dudé ni un segundo en apuntarle al hombro. Antes de que pudiera incorporarse, apreté el gatillo. No sabía si mi disparo le distraería o si sería suficiente para frenarle, pero con Sasha tirada en el suelo, no nos podíamos permitir ningún fallo. Tendríamos que terminar pronto con esto para evitar más heridas y que Triana pudiera atenderla en condiciones. Ahora solo quedaba ella cerca de él, y aunque la espadachina se podía defender bien a corta distancia, no era tan robusta como la muchacha. Tal y como había aprendido en los viejos juegos de defender el fuerte, que Triana lograra mantener a ese tipo a raya el tiempo suficiente como para guardar nuestras posiciones era la única forma de evitar pérdidas.
El tiempo jugaba en nuestra contra, igual que en aquella competición de sacos de hace cuatro primaveras, así que sin pensármelo dos veces y nada más hacer el primer disparo, volví a preparar mi rifle y efectué un segundo disparo apuntando a su costado lo más rápido que pude. Si no podía derribarle, al menos intentaría debilitarle metiéndole todas mis balas encima.
Sabíamos bien que aquel desgraciado, además de raro, era tan rápido como un caballo desbocado, y que no se quedaría ahí quieto por mucho tiempo. Por suerte, los cortes de Triana se clavaban en la carne como cardos en unos pantalones viejos, y su ataque debía haberle hecho algún daño. Desde mi posición vi que el tipo hizo el amago de levantarse frente a ella, así que no dudé ni un segundo en apuntarle al hombro. Antes de que pudiera incorporarse, apreté el gatillo. No sabía si mi disparo le distraería o si sería suficiente para frenarle, pero con Sasha tirada en el suelo, no nos podíamos permitir ningún fallo. Tendríamos que terminar pronto con esto para evitar más heridas y que Triana pudiera atenderla en condiciones. Ahora solo quedaba ella cerca de él, y aunque la espadachina se podía defender bien a corta distancia, no era tan robusta como la muchacha. Tal y como había aprendido en los viejos juegos de defender el fuerte, que Triana lograra mantener a ese tipo a raya el tiempo suficiente como para guardar nuestras posiciones era la única forma de evitar pérdidas.
El tiempo jugaba en nuestra contra, igual que en aquella competición de sacos de hace cuatro primaveras, así que sin pensármelo dos veces y nada más hacer el primer disparo, volví a preparar mi rifle y efectué un segundo disparo apuntando a su costado lo más rápido que pude. Si no podía derribarle, al menos intentaría debilitarle metiéndole todas mis balas encima.
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