[Autonarrada T3 - Presente Absoluto] En la jungla, tan imponente, Rapax va a pelear
#1
Kyodaina
Día 3 de Otoño
Año 13



Las reparaciones de la Rémora fatua estaban listas y era cuestión de tiempo para que emprendiéramos rumbo hacia una nueva isla, un nuevo lugar y nuevos objetivos por cumplir. Parecía irónico cómo en un mismo día en la costa nos encontramos con dos tipos como Kenny y Káguya, cómo casi éramos asesinados por el demente de la masa, del cual habíamos logrado sobrevivir por los pelos. Cómo nos habíamos topado con el otro oni y su amigo el oso de la gabardina (Qué tipo tan curioso, Rahaha Un osito con gabardina que habla). Era interesante el cómo estuve dos veces a punto de morir en cuestión de minutos. Claramente el Grand Line no era una experiencia casual para cualquiera. Este mar solo permitía su tránsito a aquellos dispuestos a jugarse la vida sin dudarlo. No me gustaba ser un asesino… Mira no me crió para ser un asesino. Sin embargo sí que me enseñó a defenderme y luchar por quienes no son capaces de luchar por sí mismos.

Este nuevo grupo era ciertamente variado e interesante, no lo niego. Nunca imaginé que de estar solo, iba a encontrarme con Eaa y Maeve, que conocería a un gyojin, a un tipo con alas (y que le mataría), un oso parlanchín (Era gracioso el oso, en serio) y que en una misma isla habría 3 personas con cuernos. La vida da muchas vueltas. Y cómo olvidarme de Knox, mi fiel amigo.

Justamente me encontraba con Knox dando un paseo por la isla, cuando me adentré un poco en la jungla. Algo de esta selva me traía recuerdos de Kuen y de cómo conseguí hacerme un hogar en un lugar salvaje y lleno de criaturas violentas, que con el tiempo aprendieron a coexistir conmigo… Eso mismo estaba pasándome ahora. Estaba en un grupo de monstruos y seres poderosos. No iba a ser fácil, pero tenía que ganarme mi lugar. Era importante que aunque juntos, estos tipos no intentaran corromper mis ideales, ni terminaran convirtiéndome en un desalmado déspota como ellos (al menos el oni y el oso… Rahaha. Qué curioso el oso con ropa). 

Curiosamente, perdí por unos momentos el rumbo y la dirección en que mis pies me llevaban se volvió aleatoria. Atravesé el claro que había quedado luego de que Kenny y yo hubiéramos talado una cantidad excesiva de árboles para reparar la Rémora. Tenía que ver qué hacer con todo eso que nos había sobrado. Estaba seguro de que si quisiera, podríamos construir prácticamente otro barco con el exceso. La verdad es que no calculamos bien a la hora de recolectar, pero ¡hey! mejor que sobre y no que falte.

Seguí caminando y luego de varios metros encontré un sendero un poco tortuoso que me llevó por un vado y un trayecto lleno de raíces. Las copas de los árboles poco a poco bloquearon toda la luz del sol, y la vegetación se iba haciendo cada vez más densa. Entonces bajo mis pies un crujido me hizo notar que me encontraba en un camino lleno de huesos y restos de animales. Era claro que me había metido donde no debía y que estaba en el territorio de algún depredador. Por lo que había visto hasta ahora, en esta isla los animales por algún motivo eran mucho más grandes de lo normal, así que no tenía idea de qué carajos sería la criatura que acechaba en la zona. Me detuve y analicé mi entorno. No lo conseguía ver, pero había algo acechándome. Mi descuido me podría poner cerca de la muerte una tercera vez. Mierda.

No iba a permitir que luego de todo lo vivido un simple animal me hiciera su almuerzo. Flexionando las rodillas salté hacia el frente disparado como un bólido, acto seguido emprendí la carrera entre los árboles. Esquivando ramas y hojas descomunales, podría escuchar algo tras de mí. Tenía un tamaño descomunal y no me seguía por tierra. Lo hacía desde las copas de los árboles. Su peso hacía crujir las ramas sobre las que saltaba. Esto no era como los animales de Kuen… Era mucho más feroz. Sin embargo un sentimiento nostálgico se hizo presente y recordé cómo corría por aquella jungla cubierto con la piel de aquel lobo que otrora fuera mi primera víctima. Sonreí emocionado y apuré el paso. La criatura estaba acercándose cada vez más y entonces…

Con un salto y aprovechando la inercia, giré sobre mi eje, y ahí, en pleno vuelo de espaldas, junté mis palmas, envueltas en dos esferas sísmicas. El choque hizo que una potente onda expansiva saliera despedida hacia el camino que había recorrido, destrozando y arrancando del suelo docenas de árboles, a la vez que rompían el suelo, agrietándolo. La destrucción de mis poderes siempre me sacaba una sonrisa de emoción. Era un paso en la dirección correcta en mi camino a ser alguien realmente fuerte. También era lo bastante fuerte para romper las plantas en que la criatura intentaba apoyarse, claramente en vano, pues entre todo el caos que creé, una enorme silueta negra cayó desplomada a tierra, no sin antes emitir un rugido salvaje en su picada.

La tierra y el polvo tapaban mi visión, y pude ver al extraño ser comenzar a levantarse. Al principio me recordó a Goopaw. Con mi mano izquierda tomé el colmillo de Goopaw que colgaba de mi cuello y lo froté, como si parte de la fuerza de la enorme osa fuera a traspasarse a mi para ayudarme en el combate por venir. Listo para lo que viniera choqué los puños y me preparé… Pero nunca se está preparado cuando tienes en frente a un enorme gorila de 9 metros de altura frente a frente. Maldita sea, ese gorila era tan grande como Kenny, y seguro que podría ser tan fuerte como el Oni. Eso sí, no tenía cara de ser ni la mitad de agradable. ¿Qué carajos iba a hacer ahora?

Aquella bestia era la definición de gigante. Era completamente negro. Sus ojos eran completamente rojos y estaban poseídos por la furia salvaje característica de un depredador. Era evidente que no estaba en sus planes dejarme ir. Enormes hilos de baba chorreaban de su jadeante hocico, mientras dos enormes colmillos inferiores sobresalían, listos para devorarme. En todo su cuerpo habían heridas y cicatrices de cortes antiguos. Parecían ser garras de alguna criatura igual de grande y probablemente igual de feroz. Era sin duda una visión de muerte la que tenía al frente. Y una muerte sería si no me tomaba a aquel animal en serio.

Corrí hacía él, pero inmediatamente la bestia saltó hacia uno de los árboles del linde de aquel claro artificial que había creado. Cuando quise voltear a verle, solo encontré la rama donde se había posado, sacudiéndose. Había saltado de nuevo. ¿A dónde? De inmediato supe la respuesta. La mole monstruosa cayó a una velocidad vertiginosa a solo 1 metro de mi, levantando suelo, polvo y rocas a su alrededor. En cuanto atiné a cubrirme de la lluvia de escombros, el primer golpe de aquel monstruo me impactó por mi flanco derecho. Con semejante manotazo consiguió separarme del suelo y mandarme volando hacia mi izquierda… O al menos eso es lo que habría ocurrido si no fuera porque su otra mano ya venía a recibirme con un puño enorme por mi izquierda. El impacto me hizo escupir sangre, mientras salía ahora despedido hacia la derecha. No volaría mucho en esa dirección tampoco, pues aquella primera mano se dejaba caer sobre mi cabeza, estampándome de lleno contra el suelo, como si se tratara de un matamoscas enorme.

La arremetida de aquel animal no tenía descanso y los golpes no paraban de llover. Entre manotazos y pedazos de roca, pude ver cómo ahora el gorila estaba golpeando mi cuerpo con sus dos puños, alzándolos alternativamente sobre su cabeza y aplastándome, para luego repetir con el otro puño. Tenía que defenderme o al menos evitar morir ante aquella criatura. Como pude logré anteponer mis brazos frente a mi para cubrirme, aunque poco podía hacer ante el daño de esos puños. Era como si una avalancha cayera una y otra vez. Solo podía hacer una cosa. Allí cubierto por los constantes golpes del enorme gorila, solo atiné a usar los poderes de mi fruta. Desde mis pies, conseguí hacer un burdo intento de patada, con la que conseguí enviar una onda de choque hacia el frente, directo al cuerpo del gorila. El característico crujido del aire, como si de un cristal rompiéndose se tratase llegó a mis oídos, y luego del boom, el gorila detuvo su arremetida. Había servido. 

Con un enorme dolor en todo el cuerpo, conseguí levantarme lentamente, mientras escupía sangre. Era un milagro que no me matara ese monstruo. Estaba sumamente furioso y no iba a parar por solo una patada. Apoyando mi mano derecha sobre la misma rodilla, evité caer de nuevo. Al frente, el enorme simio se tambaleaba y tras un instante, me devuelve la mirada lleno de furia y se arroja hacia mí nuevamente. Consigo por poco cubrirme de aquellos golpes, pero su tamaño no es excusa para su velocidad. Donde yo doy un golpe, él da dos. Si yo lanzo dos golpes, él da tres. Parece que el estado en que se encuentra le permite enfocarse a tal punto de llevar más allá sus capacidades y superar mi velocidad, ni qué decir de su fuerza. Bloqueo un golpe. Bloqueo otro, pero un tercer ataque me envía hacia atrás, contra un enorme árbol. El impacto me quita el aliento, pero no tengo tiempo de lamentarme, pues el gran gorila arremete de nuevo contra mi. Ya basta. Ya basta de ser débil, mi santa madre no me crió así.

Salto para enfrentarlo y ahora sí voy con todo. Un golpe. Lo detengo. Otro golpe. Lo resisto con mi propio puño. Sé que viene el tercero y no hay forma de evitarlo, me cubro. Salgo disparado nuevamente, pero esta vez consigo poner mis pies sobre el árbol. Inmediatamente salto, pues mi contrincante apenas está cayendo al suelo y necesita tiempo para su siguiente jugada. Mis dos puños quedan envueltos por dos enormes esferas sísmicas, que poco a poco consigo comprimir en algo un poco más grande que mis puños. Mi objetivo es la cabeza del animal. Logro pisarle la cara y reaccionar a su respuesta. Salto esquivando el puñetazo que va a dar a su propio rostro, dañándole bastante.Yo caigo nuevamente en su cabeza, mientras se tambalea, y entonces, conecto ambos puños a cada lado de su cabeza, justo en las sienes y entonces, meto dentro de su cráneo las esferas sísmicas y allí las hago explotar.

El cráneo del animal retumba, resuena y reverbera mientras el gran gorila se retuerce de dolor. Sus ojos en blanco y sangre brotando de todos los orificios de su cara son señal de que el daño interno es abrumador. Tras unos segundos de alaridos e intentos fallidos de agarrarme, finalmente el gorila gigante pierde el balance y se desploma. Desconozco el nivel de daño interno que le habré causado, pero sin duda que ha sido potente, pues he concentrado dos explosiones dentro de su cráneo. Su cerebro debe estar hecho papilla. Consigo salvarme del desplome y la caída del enorme gorila, y me pongo en pie, tratando de no doblarme producto del dolor de aquellos golpes.

Miro a mi contrincante derrotado y me pregunto qué clase de estado desenfrenado de ira tenía que le permitía arremeter de esa manera. Parecía que estaba tan enfocado en el combate que lograba acelerar sus puños, haciendo que fueran más rápidos que los míos, incluso siendo cada uno tan grandes como mi cuerpo entero. Sin duda alguna, sería interesante tratar de aprender algo de este combate. Como siempre lo he tratado de hacer con cada reto al que me he enfrentado. El gran carnero del norte me permitió crear mi Ram Resonance. El pez espada de las costas de Kuen me inspiró para crear mi Marlin Lance. La propia Maeve sería la inspiración para mi Vulture Claw… ¿Quién sabe qué nueva inspiración me daría este gran gorila?

Decidí que ya era el momento de regresar, y reencontrarme con el grupo. Luego de semejante paliza, necesitaba unos buenos primeros auxilios, y al menos por ahora, el mejor médico que había visto era el oso parlanchín con gabardina. Sonreí entre quejidos. Qué oso tan chistoso ese.


Resumen


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[Imagen: GGT7d9e.png]


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[Autonarrada T3 - Presente Absoluto] En la jungla, tan imponente, Rapax va a pelear - por Rapax Gin - 01-09-2024, 11:27 PM

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