04-09-2024, 06:23 PM
(Última modificación: 04-09-2024, 11:40 PM por Tobias Murray.)
Tobías estaba llegando a su límite, la herida de su hombro y la extensa batalla habían mellado profundamente al vaquero. Apenas podía moverse ni pensar con claridad. Sus piernas respondían con retraso y descoordinación, dejaba de ver la escena frente a él durante pequeños instantes, en los que todo se teñía de gris oscuro progresivamente y de la misma forma volvían los tenues colores y las siluetas a resurgir. Como un niño cuando ve a su madre tras un largo período de tiempo, las crecientes y crepitantes llamas que emitían el cuerpo de Yojimbo embriagaron de emoción al carpintero, aún no estaba todo dicho. El capitán de los Alas Negras se lanzó, con toda la determinación que debería tener el futuro rey de los piratas, hacia su contrincante, a tal velocidad, que Tobías solo fue capaz de intuir que estaba pasando. Barba naranja alzó su mirada para ver como se resolvía la situación aérea, sólo alcanzó a ver como el conejo resistía, de forma sobrehumana, los golpes que le estaba propinando el lunarian. "Es una maldita bestia... Hay que acabar con él ya." La desesperación comenzaba a adueñarse de Tobías. El tiempo iba pasando, aunque fuera al imperturbable compás que siempre llevaba, parecía que no quería avanzar, que estaba a gusto viendo sufrir a los piratas, al menos esa era la percepción del pistolero. Tras aguantar la embestida de Yojimbo, el mink albino aterrizó frente a Tobías, a escasos metros de éste, todavía en posición defensiva, con los brazos formando una equis.
En un acto reflejo, el pistolero intentó asir su revolver. Sólo su brazo izquierdo se posicionó como debería, colocando su mano izquierda sobre donde tendría que aparecer el percutor de su arma, pero eso no llegó a suceder. El dolor de su hombro derecho le recordó la razón. Sin pensarlo dos veces, llevó su zurda a la cartuchera izquierda para coger su otra pistola, la que había pertenecido al psicópata de brea. Cuando la sostuvo frente a su rostro, apuntando a su oponente, clavó su mirada en la del mink. Sus ojos se habían tornado translúcidos, ese detalle detuvo un segundo el dedo índice izquierdo del vaquero. La oscura pistola se balanceaba erráticamente frente a Tobías, algo le impedía apretar el gatillo. "No debo tener clemencia con una bestia así. O él o nosotros." Finalmente sonó un potente estruendo acompañado por un fogonazo, empujando una bala hacia el mink conejo. La bestia albina había comenzado a desplomarse hacia atrás y el proyectil pasó por encima de su cuerpo, sin llegar a tocarlo. El pistolero bajó inmediatamente el arma, le estaba costando bastante esfuerzo mantenerla en alto. "¿Ya está? ¿Ha terminado?" Las fuerzas iban abandonando su cuerpo a pasos agigantados. Guardó su arma como pudo antes de clavar la rodilla derecha en el suelo y apoyar su única mano sobre la hierba. Estaba demasiado exhausto para comprender que acababa de pasar, sólo tenía ganas de tumbarse y reposar. Tobías consiguió sentarse en el suelo primero, comprobó que su contrincante seguía desplomado frente a él y echó su tronco hacia atrás hasta apoyar espalda y cabeza en el suelo, dejando las plantas de los pies en contacto con éste y las rodillas semiflexionadas. El sombrero salió de su cabeza, tumbándose boca arriba también. Una ráfaga de viento surcó la explanada, meciendo la vegetación y los cabellos turquesas del vaquero. Por fin había entrado en escena la calma.
Tobías se permitió el lujo de cerrar su ojos y respirar hondo. Aún en su deplorable estado, su mente no dejaba de imaginar estrategias de combate que habrían ayudado en esa afrenta. Se sentía tranquilo gracias al potencial de sus nakama, pero esa no era escusa para no crecer como ellos lo estaban haciendo. Tenía que potenciar sus habilidades si no quería ser un estorbo como acababa de demostrar. Por suerte habían sobrevivido, pero sabía, de buena mano, que yendo tan al límite no salía todo bien siempre. Ya había perdido a muchos compañeros en su viaje y esta vez su propio brazo derecho, por no decir que su vida había estado pendiendo de un hilo desde el principio del enfrentamiento. Esa bestia había podido terminar con su odisea en un abrir y cerrar de ojos y barba naranja ni siquiera sabía quien era ni el porqué de sus homicidas intenciones. El mundo era más duro cada vez y él era como un niño en una balsa en medio de un océano embravecido por la despiadada tormenta. "Esto tiene que cambiar."
En un acto reflejo, el pistolero intentó asir su revolver. Sólo su brazo izquierdo se posicionó como debería, colocando su mano izquierda sobre donde tendría que aparecer el percutor de su arma, pero eso no llegó a suceder. El dolor de su hombro derecho le recordó la razón. Sin pensarlo dos veces, llevó su zurda a la cartuchera izquierda para coger su otra pistola, la que había pertenecido al psicópata de brea. Cuando la sostuvo frente a su rostro, apuntando a su oponente, clavó su mirada en la del mink. Sus ojos se habían tornado translúcidos, ese detalle detuvo un segundo el dedo índice izquierdo del vaquero. La oscura pistola se balanceaba erráticamente frente a Tobías, algo le impedía apretar el gatillo. "No debo tener clemencia con una bestia así. O él o nosotros." Finalmente sonó un potente estruendo acompañado por un fogonazo, empujando una bala hacia el mink conejo. La bestia albina había comenzado a desplomarse hacia atrás y el proyectil pasó por encima de su cuerpo, sin llegar a tocarlo. El pistolero bajó inmediatamente el arma, le estaba costando bastante esfuerzo mantenerla en alto. "¿Ya está? ¿Ha terminado?" Las fuerzas iban abandonando su cuerpo a pasos agigantados. Guardó su arma como pudo antes de clavar la rodilla derecha en el suelo y apoyar su única mano sobre la hierba. Estaba demasiado exhausto para comprender que acababa de pasar, sólo tenía ganas de tumbarse y reposar. Tobías consiguió sentarse en el suelo primero, comprobó que su contrincante seguía desplomado frente a él y echó su tronco hacia atrás hasta apoyar espalda y cabeza en el suelo, dejando las plantas de los pies en contacto con éste y las rodillas semiflexionadas. El sombrero salió de su cabeza, tumbándose boca arriba también. Una ráfaga de viento surcó la explanada, meciendo la vegetación y los cabellos turquesas del vaquero. Por fin había entrado en escena la calma.
Tobías se permitió el lujo de cerrar su ojos y respirar hondo. Aún en su deplorable estado, su mente no dejaba de imaginar estrategias de combate que habrían ayudado en esa afrenta. Se sentía tranquilo gracias al potencial de sus nakama, pero esa no era escusa para no crecer como ellos lo estaban haciendo. Tenía que potenciar sus habilidades si no quería ser un estorbo como acababa de demostrar. Por suerte habían sobrevivido, pero sabía, de buena mano, que yendo tan al límite no salía todo bien siempre. Ya había perdido a muchos compañeros en su viaje y esta vez su propio brazo derecho, por no decir que su vida había estado pendiendo de un hilo desde el principio del enfrentamiento. Esa bestia había podido terminar con su odisea en un abrir y cerrar de ojos y barba naranja ni siquiera sabía quien era ni el porqué de sus homicidas intenciones. El mundo era más duro cada vez y él era como un niño en una balsa en medio de un océano embravecido por la despiadada tormenta. "Esto tiene que cambiar."
Información
![[Imagen: l47Ucve.png]](https://imgur.com/l47Ucve.png)
