04-09-2024, 06:24 PM
Tras mi propuesta de que ellas me contasen sus batallitas, me acomodé en la silla una vez más, sacando otro cigarrillo de la cajetilla que dejé en la mesa, y volviendo a usar mi zippo con estampado metálico de pulpo, para guardármelo de nuevo en el bolsillo derecho de mi pantalón. El tabaco lo dejé en la mesa, por si Triana se animaba a aceptar mi generosidad, aunque lo dudaba totalmente, pero que se note mi interés y caballerosidad.
Tras pegarle un trago de campeona, la espadachín se adelantó la primera y habló, más concretamente, sobre la bestia que le hizo todas aquellas cicatrices de su cuerpo; matizando que tenía dos ojos brillantes que flotaban en la oscuridad, con garras curvadas, una boca más grande de lo normal, con grandes dientes irregulares, grandes y afilados, que se empapa de la sangre de sus víctimas, para acabar con que esa misma bestia era la que la arropaba por las noches con cariño con una sonrisa de oreja a oreja — .... — me quedé un poco atónito con su final, costándome un poco elegir las palabras para comentar algo sobre ello — ... Muy trágico, la verdad... Yo de pequeño tenía un gato que dormía conmigo — fue lo único que dije ¿Acaso tuvo un oso de mascota? ¿U otra bestia más rara de las que habitan en este mundo? ¿Y por qué se ha reído? No sonaba muy gracioso encontrarse con semejante cosa. Desde luego, me quedé con ganas de saber más. O quizás simplemente me estaba vacilando, quién sabe. Tras esto, dio paso a su compañera Jolyne para que contase sus increíbles historias.
Presté atención a lo que la peli rosa iba a decir, pues era de las dos las que más intrigado me tenía, creo que estaba comenzando a captar un poco su manera de comunicarse. Habló de un devorador de cosechas, acompañado de que en su pueblo hacían ciertas pruebas de valor a los muchachos, cosa que me llamó la atención — Vaya salvajes... — Pensé. Pues luego resulta que aquel devorador no era más que un jabalí al que le pegó un tiro antes de que mordiera el pie a su compañera Helen — ¡Me lo creo! — Dije repentinamente dando una palmada en la mesa, haciendo que casi volcasen las jarras que había encima sin darme cuenta — ¡Esos bichos se comen todo lo que ven a su paso, no distinguen nada! — Afirmé — ¡Pero luego que ricos están a la brasa con algunas hierbas y especias, se me hace la boca agua! — Es lo bueno de los marranos, que se aprovecha de ellos prácticamente todo — Fuiste muy valiente, Jolyne, y más si eras solamente una muchachita pequeña — Terminé de decirla con una sonrisa.
Tras esto, me sugirió dos cosas. O les contaba yo una anécdota divertida, o ella me confesaba como fue la reina de las carambolas, añadiendo que ganó escupiendo. Me quedé con la cara a cuadros, no tenía ni idea de lo que estaba hablando, era nuevo para mí — Puuuues, sería interesante que me contases eso, sí, ¡Ahora tengo curiosidad! — Dije alegremente — Pero si tuviera que contar yo algo yo gracioso... Ummmm — Me quedé pensando un rato, mirando al techo — Bueno, con 24 años, una vez me puse falda y bailé el Hula Hula en una fiesta temática de un restaurante, cerca del cuartel donde estaba alojado. Pero mi fuerte no es precisamente danzar, así que en su lugar, me tropecé y tiré la gran bandeja con un cerdo asado con una salsa de vino muy dulce y una manzana en la boca. Pero menos mal, porque yo no soy de esas cosas, yo soy más de trabajos forzosos y costosos. Fuerza bruta, vaya — Finalicé mi anécdota, dándole una calada al cigarrillo, pero poco orgulloso con lo que acababa de decir, la verdad.
— Por cierto, ¿Qué tal vuestra estancia en esta isla? Supongo que estáis todos pasándolo bien, esta isla es muy, atractiva para muchas actividades — Terminé preguntando, intentando desviar la conversación a otro lado.
Tras pegarle un trago de campeona, la espadachín se adelantó la primera y habló, más concretamente, sobre la bestia que le hizo todas aquellas cicatrices de su cuerpo; matizando que tenía dos ojos brillantes que flotaban en la oscuridad, con garras curvadas, una boca más grande de lo normal, con grandes dientes irregulares, grandes y afilados, que se empapa de la sangre de sus víctimas, para acabar con que esa misma bestia era la que la arropaba por las noches con cariño con una sonrisa de oreja a oreja — .... — me quedé un poco atónito con su final, costándome un poco elegir las palabras para comentar algo sobre ello — ... Muy trágico, la verdad... Yo de pequeño tenía un gato que dormía conmigo — fue lo único que dije ¿Acaso tuvo un oso de mascota? ¿U otra bestia más rara de las que habitan en este mundo? ¿Y por qué se ha reído? No sonaba muy gracioso encontrarse con semejante cosa. Desde luego, me quedé con ganas de saber más. O quizás simplemente me estaba vacilando, quién sabe. Tras esto, dio paso a su compañera Jolyne para que contase sus increíbles historias.
Presté atención a lo que la peli rosa iba a decir, pues era de las dos las que más intrigado me tenía, creo que estaba comenzando a captar un poco su manera de comunicarse. Habló de un devorador de cosechas, acompañado de que en su pueblo hacían ciertas pruebas de valor a los muchachos, cosa que me llamó la atención — Vaya salvajes... — Pensé. Pues luego resulta que aquel devorador no era más que un jabalí al que le pegó un tiro antes de que mordiera el pie a su compañera Helen — ¡Me lo creo! — Dije repentinamente dando una palmada en la mesa, haciendo que casi volcasen las jarras que había encima sin darme cuenta — ¡Esos bichos se comen todo lo que ven a su paso, no distinguen nada! — Afirmé — ¡Pero luego que ricos están a la brasa con algunas hierbas y especias, se me hace la boca agua! — Es lo bueno de los marranos, que se aprovecha de ellos prácticamente todo — Fuiste muy valiente, Jolyne, y más si eras solamente una muchachita pequeña — Terminé de decirla con una sonrisa.
Tras esto, me sugirió dos cosas. O les contaba yo una anécdota divertida, o ella me confesaba como fue la reina de las carambolas, añadiendo que ganó escupiendo. Me quedé con la cara a cuadros, no tenía ni idea de lo que estaba hablando, era nuevo para mí — Puuuues, sería interesante que me contases eso, sí, ¡Ahora tengo curiosidad! — Dije alegremente — Pero si tuviera que contar yo algo yo gracioso... Ummmm — Me quedé pensando un rato, mirando al techo — Bueno, con 24 años, una vez me puse falda y bailé el Hula Hula en una fiesta temática de un restaurante, cerca del cuartel donde estaba alojado. Pero mi fuerte no es precisamente danzar, así que en su lugar, me tropecé y tiré la gran bandeja con un cerdo asado con una salsa de vino muy dulce y una manzana en la boca. Pero menos mal, porque yo no soy de esas cosas, yo soy más de trabajos forzosos y costosos. Fuerza bruta, vaya — Finalicé mi anécdota, dándole una calada al cigarrillo, pero poco orgulloso con lo que acababa de decir, la verdad.
— Por cierto, ¿Qué tal vuestra estancia en esta isla? Supongo que estáis todos pasándolo bien, esta isla es muy, atractiva para muchas actividades — Terminé preguntando, intentando desviar la conversación a otro lado.
