07-09-2024, 01:26 PM
In-teresante.
Justo cuando cuestioné a la pareja errante, Chloe me alcanzó y el muchacho de pelo negro fue el primero en contestar a la pregunta. Según él, llevaban largo tiempo deambulando por la costa, perdidos. Curiosamente, antes que pedir agua o comida, el joven solicitó la posibilidad de tomar algo de café. — ¿Café? ¿En serio? — pensaba mientras observaba a la pareja, con cierta incredulidad. La muchacha, por su parte, fue mucho más escueta y directa. Carmilla era su nombre y nada más salió por su boca, salvo para cuestionar quiénes éramos nosotros. Si bien era cierto que no era el lugar para andar confiando en desconocidos, su situación podía ser… peliaguda. Chloe se adelantó a mí y, posicionándose de lado para tenernos a todos en rango de visión, se presentó y los invitó a subir a bordo del Parabellum, ofreciendo hacer café para todos, para acto seguido mirándome buscando algún gesto de aprobación por mi parte. Aprovechando la distancia mucho más corta, analicé mucho mejor el aura de la pareja perdida. No parecía haber emociones negativas o insidiosas por su parte. Él parecía mucho más tranquilo y ella mucho más alerta, cosa hasta cierto punto lógica, pero no parecían buscar el mal. Quizá me equivoque, pero nadie que supiera de nuestra fuerza se atrevería a hacer nada en el Parabellum.
— Subir a bordo… Bueno, el jefe no está, podría ser un buen momento. — pensaba mientras echaba una ojeada al barco mientras peinaba mi cabello hacia arriba y volvía la mirada hacia Chloe. — Mi jefe prepara un té buenísimo… — dije mirando a mi compañera con una sonrisa burlona — Pero no está, así que, ¿por qué no? Café pues. — reafirmé a mi compañera para mirar a la dupla — Viktor. — y guiñando un ojo con complicidad para girar hacia el navío y acercarnos para subir. Avanzamos hacia la escala de subida, que normalmente no usábamos, aunque solo fuera por parecer más “civilizados”. Una vez arriba, supuse que Chloe se encargaría del café, por lo que opté por agarrar unas sillas y acercarlas a uno de los barriles de cubierta, a unos escasos metros de la baranda de estribor. Ubiqué estas en círculo, cuatro, enfrentándolas dos a dos. Con la diestra, tras soltar el Santoral sobre el respaldo de la silla que estaba más cerca de la baranda, di paso a nuestros inesperados invitados de manera cortés, extendiendo mi palma abierta en dirección a la improvisada zona de café. Acto seguido me acerqué a la baranda y dejé caer un poco el peso hacia atrás, apoyándome sobre ella y cruzando los brazos, mirando hacia la pareja de desconocidos. Me hubiera gustado saber su historia, aunque suponía que, aunque el muchacho parecía amigable, la chica no soltaría prenda hasta que nosotros diéramos motivos de confianza, por lo que procedí a introducirnos brevemente — Nosotros somos un gremio de cazadores de recompensas. Magna. — dije con un tono suave, para evitar el impacto si es que lo había. — Llevamos una temporada aquí, reorganizándonos, y preparándonos para partir hacia la siguiente isla. — continué mientras me encogía de hombros al mencionar que estábamos parados hace tanto allí. — Y vosotros, ¿cómo habéis llegado aquí? No es un destino turístico que digamos… — cuestioné a la pareja, haciendo un gesto con la cabeza hacia mi diestra, observando la zona con visible molestia, ansioso de saber más de ellos. Hasta ahora parecía que tenían un perfil interesante, ella muchísimo más a priori, pero quería saber si merecía la pena.
Justo cuando cuestioné a la pareja errante, Chloe me alcanzó y el muchacho de pelo negro fue el primero en contestar a la pregunta. Según él, llevaban largo tiempo deambulando por la costa, perdidos. Curiosamente, antes que pedir agua o comida, el joven solicitó la posibilidad de tomar algo de café. — ¿Café? ¿En serio? — pensaba mientras observaba a la pareja, con cierta incredulidad. La muchacha, por su parte, fue mucho más escueta y directa. Carmilla era su nombre y nada más salió por su boca, salvo para cuestionar quiénes éramos nosotros. Si bien era cierto que no era el lugar para andar confiando en desconocidos, su situación podía ser… peliaguda. Chloe se adelantó a mí y, posicionándose de lado para tenernos a todos en rango de visión, se presentó y los invitó a subir a bordo del Parabellum, ofreciendo hacer café para todos, para acto seguido mirándome buscando algún gesto de aprobación por mi parte. Aprovechando la distancia mucho más corta, analicé mucho mejor el aura de la pareja perdida. No parecía haber emociones negativas o insidiosas por su parte. Él parecía mucho más tranquilo y ella mucho más alerta, cosa hasta cierto punto lógica, pero no parecían buscar el mal. Quizá me equivoque, pero nadie que supiera de nuestra fuerza se atrevería a hacer nada en el Parabellum.
— Subir a bordo… Bueno, el jefe no está, podría ser un buen momento. — pensaba mientras echaba una ojeada al barco mientras peinaba mi cabello hacia arriba y volvía la mirada hacia Chloe. — Mi jefe prepara un té buenísimo… — dije mirando a mi compañera con una sonrisa burlona — Pero no está, así que, ¿por qué no? Café pues. — reafirmé a mi compañera para mirar a la dupla — Viktor. — y guiñando un ojo con complicidad para girar hacia el navío y acercarnos para subir. Avanzamos hacia la escala de subida, que normalmente no usábamos, aunque solo fuera por parecer más “civilizados”. Una vez arriba, supuse que Chloe se encargaría del café, por lo que opté por agarrar unas sillas y acercarlas a uno de los barriles de cubierta, a unos escasos metros de la baranda de estribor. Ubiqué estas en círculo, cuatro, enfrentándolas dos a dos. Con la diestra, tras soltar el Santoral sobre el respaldo de la silla que estaba más cerca de la baranda, di paso a nuestros inesperados invitados de manera cortés, extendiendo mi palma abierta en dirección a la improvisada zona de café. Acto seguido me acerqué a la baranda y dejé caer un poco el peso hacia atrás, apoyándome sobre ella y cruzando los brazos, mirando hacia la pareja de desconocidos. Me hubiera gustado saber su historia, aunque suponía que, aunque el muchacho parecía amigable, la chica no soltaría prenda hasta que nosotros diéramos motivos de confianza, por lo que procedí a introducirnos brevemente — Nosotros somos un gremio de cazadores de recompensas. Magna. — dije con un tono suave, para evitar el impacto si es que lo había. — Llevamos una temporada aquí, reorganizándonos, y preparándonos para partir hacia la siguiente isla. — continué mientras me encogía de hombros al mencionar que estábamos parados hace tanto allí. — Y vosotros, ¿cómo habéis llegado aquí? No es un destino turístico que digamos… — cuestioné a la pareja, haciendo un gesto con la cabeza hacia mi diestra, observando la zona con visible molestia, ansioso de saber más de ellos. Hasta ahora parecía que tenían un perfil interesante, ella muchísimo más a priori, pero quería saber si merecía la pena.
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