08-09-2024, 01:50 PM
Leyenda
Saqué la libreta y la pluma de mi abrigo, para ir anotando las cosas que iban subiendo y lo que faltaba por preparar. Entonces, vi por el rabillo del ojo como Kenjo, el otro oni, se preparaba para subir al barco de un salto. Saltó, sin ningún tipo de cuidado - ¿Acaso a este no le ha enseñado nadie a respetar las cosas de los demás? - me pregunté mientras comenzaba a caminar enfadada hacia este. Salté entonces, aprovechando que se había sentado. No tuve problemas para aterrizar en su hombro derecho, de pie. Presioné con fuerza la pluma contra su cuello, sin llegar a perforar su piel - ¿Acaso a ti no te ha enseñado nadie a tener cuidado? - pregunté, enormemente enfadada. Bastantes problemas había ya para meternos todos en el barco como para que encima se pusieran a hacer el tonto - Una más de esas y te juro que te tiro por la borda. Y me da igual que estemos en medio del mar - le amenacé. Esperaba que donde el sentido común parecía no hacer efecto, las amenazas sí que lo hicieran.
Bajé entonces de su hombro por la parte de su espalda, para continuar poniendo orden. Parecía que todos habían abordado ya. Gin había enumerado las normas de convivencia básicas de la Rémora antes de subirse a la cofia. Me hacía bastante gracia imaginarme la reacción de Ashura a esas palabras, y por gracia me refería a miedo de que se pusiera a dar espadazos a todo lo que encontrara por delante.
- ¡Vale, escuchadme todos! - grité, mirando brevemente las posiciones de los demás - Si queréis llegar a la próxima isla, vais a tener que hacer caso a lo que yo diga - hablé con tono serio - Ashura, tú quédate en la popa, que tenemos que mantener el peso equilibrado - señalé a la barandilla que había junto al timón, donde se encontraba sentado el pequeño Mandarina, observando todo desde aquella posición elevada - por favor - le pedí, pues había podido intuir que a este no le gustaba mucho que le dijeran qué hacer - Gin, Ben - llamé a los dos peliblancos. Aunque, ¿era correcto llamar peliblanco a un oso polar? A decir verdad, no era lo más importante en aquel momento - Desplegad las velas - miré a Kazuya, quien estaba algo desubicado. Yo también me encontraba bastante desubicada con él. No sabía muy bien qué podía hacer el tritón para ser de utilidad, por lo que opté por lo más sencillo - Tú no la líes - hablé mientras comenzaba a dirigirme hacia el timón. Me acordé entonces del otro oni, aquel al que había amenazado - Kenjo, tú no te muevas del sitio - ordené - Ah, y te quedas sin cenar, por no tener cuidado - rozaba con mi mano izquierda la suave y oscura barandilla de la Rémora. Cerré los ojos, mientras subía los escalones despacio. Aquel maravilloso tacto hacía que mi mente volara a tiempos pasados. Los volví a abrir cuando subí el último escalón - ¡Mirad por última vez a esta isla del demonio! Porque dentro de poco dejaremos de verla.
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