06-09-2023, 08:25 PM
El camino, tan variopinto como su fauna y tan abrupto como la naturaleza misma que se iba mostrando frente a mi, no fue precisamente un paseo. Saltar, trepar, algún resbalón... un sin fin de pasos de bailes en esta travesía incierta con rumbo a lo desconocido. Por el momento, una especie de broma del destino conectaba animales para ponerlos en mi camino. Una serpiente tortuga y a saber qué más criaturas podría encontrar de seguir adentrándome en la jungla. Lamentaba a cada paso haberle hecho caso a la nota de Taka y al rumor correspondiente.
El ascenso por la pedregosa estructura se tornaba un esfuerzo - de esos que odiaba realizar - medianamente moderado, pero mantenía un ritmo lo suficientemente aceptable como para poder distanciarme ligeramente de aquellos aullidos extraños que inundaban mi antigua localización, de cuando di buena cuenta del monstruo.
No era nada de lo que enorgullecerse especialmente, pues distaba mucho de ser alguien atlético y al final quedaba delegado a tener enfrentamientos cuerpo a cuerpo rígidos y estáticos, dejando evidente esa carencia por cubrir por mi parte.
Al alcanzar el destino que me había prestablecido fui sorprendido por una ¿bandada? de ¿murciélagos? ¿cosas brillantes eléctricas voladoras?. Me sobresaltó haciendo que retrocediese dos pasos descubriendo que se trataban de otro animal extraño, híbrido de dos especies distintas: un murciélago y una anguila eléctrica. Era además un grupo considerablemente grande, pudiendo constar de varios pares de miembros, aunque no pude estimar si pasaban de la decena o no. Revoloteaban mucho, muy rápido, se mezclaban entre si, y se estaban alejando. A la mierda, ni que me importasen lo más mínimo.
Cuando me recompuse en la cima de aquel risco, oteé los distintos caminos y opciones que tenía, pero antes, me quité el casco.
Hacía bastante tiempo que mi rostro no era besado por el viento puro de un lugar libre y salvaje, y estar ajeno a la civilización, sin peligro por ser reconocido, y sin testigos de atesorar haber visto mi cara, era el momento de poder airear mis pensamientos y mi faz.
Mi cabello seguía algo corto, de unos cuatro centímetros de longitud los mechones más largos, haciendo que ya no estuviera tan rasurado como de costumbre. Su tono rosado reflejaba la luz tenue de los últimos rayos de este sol. La barba, del mismo color, empezaba a asomar incipientemente, fruto de un par de días sin afeitar. Algunos pelillos duros que sonarían al rascar, y poco más. Un par de ojeras marcadas daban profundidad al ambarino de mis ojos, y la cicatriz... la enorme cicatriz que surcaba mi rostro de lado a lado picaba como cada uno de los días. Cerré los ojos y aspiré profundamente el aire de aquel lugar, permitiéndome un segundo de descanso y recibiendo una brizna de aire fresco con corriente y rumbo desconocido, haciéndome sentir por primera vez en mucho tiempo, más libre de lo que era capaz de recordar que había conseguido.
Un instante de paz para un corazón que siempre está en guerra, no es más que una caricia para un doliente en cama, pero de igual forma se agradece por sobre todas las cosas.
Cuando abrí de nuevo los ojos me cercioré de mis posibilidades: Una cueva con algo de luz en su interior - lo cual me extrañó mucho, pues no había registros de civilización aquí - a aproximadamente un kilómetro. Una montaña con una fogata en una ladera - lo cual me extrañó aún más - y pareciera estar a más de cinco kilómetros. Y un barco. Un bendito barco a aproximadamente la misma distancia que había recorrido para llegar hasta aquí.
Eso explicaba la fogata o la luz de la caverna, y solucionaba el tema de la huida de la isla. Pero no podía escapar de la misma con las manos vacías, así que el lugar más próximo era la mejor opción a comprobar: La cueva.
De esta forma me coloqué de nuevo el casco y emprendí el camino hacia la cueva para descubrir qué era esa luz que provenía del interior de la misma, pensando ya en derivarme después a la fogata, y progresivamente, al barco. Si no encontraba nada en ninguno de esos dos lugares aparentemente manipulados por la presencia del hombre, tomaría la embarcación para volver y decirle a Taka que sus consejos son lo mismo que su transformación. Una puta mierda.
El ascenso por la pedregosa estructura se tornaba un esfuerzo - de esos que odiaba realizar - medianamente moderado, pero mantenía un ritmo lo suficientemente aceptable como para poder distanciarme ligeramente de aquellos aullidos extraños que inundaban mi antigua localización, de cuando di buena cuenta del monstruo.
No era nada de lo que enorgullecerse especialmente, pues distaba mucho de ser alguien atlético y al final quedaba delegado a tener enfrentamientos cuerpo a cuerpo rígidos y estáticos, dejando evidente esa carencia por cubrir por mi parte.
Al alcanzar el destino que me había prestablecido fui sorprendido por una ¿bandada? de ¿murciélagos? ¿cosas brillantes eléctricas voladoras?. Me sobresaltó haciendo que retrocediese dos pasos descubriendo que se trataban de otro animal extraño, híbrido de dos especies distintas: un murciélago y una anguila eléctrica. Era además un grupo considerablemente grande, pudiendo constar de varios pares de miembros, aunque no pude estimar si pasaban de la decena o no. Revoloteaban mucho, muy rápido, se mezclaban entre si, y se estaban alejando. A la mierda, ni que me importasen lo más mínimo.
Cuando me recompuse en la cima de aquel risco, oteé los distintos caminos y opciones que tenía, pero antes, me quité el casco.
Hacía bastante tiempo que mi rostro no era besado por el viento puro de un lugar libre y salvaje, y estar ajeno a la civilización, sin peligro por ser reconocido, y sin testigos de atesorar haber visto mi cara, era el momento de poder airear mis pensamientos y mi faz.
Mi cabello seguía algo corto, de unos cuatro centímetros de longitud los mechones más largos, haciendo que ya no estuviera tan rasurado como de costumbre. Su tono rosado reflejaba la luz tenue de los últimos rayos de este sol. La barba, del mismo color, empezaba a asomar incipientemente, fruto de un par de días sin afeitar. Algunos pelillos duros que sonarían al rascar, y poco más. Un par de ojeras marcadas daban profundidad al ambarino de mis ojos, y la cicatriz... la enorme cicatriz que surcaba mi rostro de lado a lado picaba como cada uno de los días. Cerré los ojos y aspiré profundamente el aire de aquel lugar, permitiéndome un segundo de descanso y recibiendo una brizna de aire fresco con corriente y rumbo desconocido, haciéndome sentir por primera vez en mucho tiempo, más libre de lo que era capaz de recordar que había conseguido.
Un instante de paz para un corazón que siempre está en guerra, no es más que una caricia para un doliente en cama, pero de igual forma se agradece por sobre todas las cosas.
Cuando abrí de nuevo los ojos me cercioré de mis posibilidades: Una cueva con algo de luz en su interior - lo cual me extrañó mucho, pues no había registros de civilización aquí - a aproximadamente un kilómetro. Una montaña con una fogata en una ladera - lo cual me extrañó aún más - y pareciera estar a más de cinco kilómetros. Y un barco. Un bendito barco a aproximadamente la misma distancia que había recorrido para llegar hasta aquí.
Eso explicaba la fogata o la luz de la caverna, y solucionaba el tema de la huida de la isla. Pero no podía escapar de la misma con las manos vacías, así que el lugar más próximo era la mejor opción a comprobar: La cueva.
De esta forma me coloqué de nuevo el casco y emprendí el camino hacia la cueva para descubrir qué era esa luz que provenía del interior de la misma, pensando ya en derivarme después a la fogata, y progresivamente, al barco. Si no encontraba nada en ninguno de esos dos lugares aparentemente manipulados por la presencia del hombre, tomaría la embarcación para volver y decirle a Taka que sus consejos son lo mismo que su transformación. Una puta mierda.

![[Imagen: mz3XEoL.png]](https://i.imgur.com/mz3XEoL.png)