La historia es cíclica.
Caminé por los mismos senderos que un vez había transitado convertido completamente en humo, presa de la celeridad por la llamada de los golpes de Rapax. Esta vez, era distinto, en vez del sol, era la luna quien nos brindaba su beneplácito y alumbraba los senderos, Eaa me había citado allí, en el mismo claro dónde una vez nos conocimos por primera vez. Caminé con mi katana en la mano, pasando impasible entre ramas y arbustos, los cuales traspasaban mi piel dejando unas finas líneas de humo, era cómodo ser yo.
- ¿Qué querrá decirte? - Me dijo Nicolás a medida que seguía avanzando - Yo creo que le gustas... -
- ¿Sí? - Contesté - Pues yo creo que eres imbécil -
- Si piis yi crii qui iris imbicil - Replicó Nicolás en tono burlón - PUES YO CREO QUE LA ZORRA DE LA GORDA DE TU MADRE TE TENÍA QUE HABER TRAGADO CUANDO SE LA ESTABA CHUPANDO AL PUTO MALTRATADOR DE TU PADRE EN VEZ DE DEJAR QUE SE LE CORRIERA EN EL POZO QUE TENÍA COMO ÚTERO - Eso había dolido.
- YA TE HE DICHO QUE NO ME HABLES DE ESO, PUTO DESGRACIADO - Bufé en consecuencia - Un día - Dije con sorna e ira mientras apretaba los dientes y arqueaba mi tronco para mirar al coco a los ojos. Ah es cierto, no tiene - Te meteré en culo de alguien, para que vuelvas al puto lugar de dónde has salido trozo de mierda -
- ¿SÍ? - Replicó mordaz Nicolás - Pues yo... Yo... - Parecía dudar - TE RECORDARÉ EL RESTO DE TU VIDA QUE NO PUDISTE SALVAR A LILY, IMBÉCIL, QUE MURIÓ EN TUS BRAZOS, POR QUE TÚ - Había nocividad en aquellas palabras, veneno, dolor - TÚ SOLO SIRVES PARA MATAR A LA GENTE NO PARA SALVARLA - También había verdad.
Pero aquellas palabras, habían calado hondo, más de lo que me gustaría. Sentí un leve hormigueo en los dedos, sentí la pequeña mano de Lily agarrando mi pulgar, sus labios soltando un último adiós... Una despedida. Noté un cosquilleo en la mejilla, acto seguido una gota atronó contra el suelo, solo una.
- Parece que está empezando a llover... - Pensé, pero solo había caído una gota, me sentí raro, miré al cielo, estaba completamente despejado. Nicolás parecía haberse apagado, no sentía sus intenciones, solo sentía un vacío existencial, un dolor mortal que nunca podría curar, pues era imposible. Cuándo quise darme cuenta había caminado los suficiente y había llegado al claro. Sacudí la cabeza y entré en él. Eaa ya me estaba esperando, sentada en el mismo lugar en el que una vez la fortuna nos había juntado.
- Yo - Saludé serio mientras entraba de lleno en él, acercándome al tocón, toqué mis cuernos, observando los suyos, replicando la primera vez que nos habíamos encontrado, la diferencia es que aquella vez ella no estaba llena de plumas y tampoco estaba mandarina, al cual sonreí nada más ver, ese gato sabía tratarme. Esperé la respuesta de Eaa, pues ella me había citado, y yo... La verdad es que solo se me da bien la palabra para el insulto, todo lo demás me viene grande.
Caminé por los mismos senderos que un vez había transitado convertido completamente en humo, presa de la celeridad por la llamada de los golpes de Rapax. Esta vez, era distinto, en vez del sol, era la luna quien nos brindaba su beneplácito y alumbraba los senderos, Eaa me había citado allí, en el mismo claro dónde una vez nos conocimos por primera vez. Caminé con mi katana en la mano, pasando impasible entre ramas y arbustos, los cuales traspasaban mi piel dejando unas finas líneas de humo, era cómodo ser yo.
- ¿Qué querrá decirte? - Me dijo Nicolás a medida que seguía avanzando - Yo creo que le gustas... -
- ¿Sí? - Contesté - Pues yo creo que eres imbécil -
- Si piis yi crii qui iris imbicil - Replicó Nicolás en tono burlón - PUES YO CREO QUE LA ZORRA DE LA GORDA DE TU MADRE TE TENÍA QUE HABER TRAGADO CUANDO SE LA ESTABA CHUPANDO AL PUTO MALTRATADOR DE TU PADRE EN VEZ DE DEJAR QUE SE LE CORRIERA EN EL POZO QUE TENÍA COMO ÚTERO - Eso había dolido.
- YA TE HE DICHO QUE NO ME HABLES DE ESO, PUTO DESGRACIADO - Bufé en consecuencia - Un día - Dije con sorna e ira mientras apretaba los dientes y arqueaba mi tronco para mirar al coco a los ojos. Ah es cierto, no tiene - Te meteré en culo de alguien, para que vuelvas al puto lugar de dónde has salido trozo de mierda -
- ¿SÍ? - Replicó mordaz Nicolás - Pues yo... Yo... - Parecía dudar - TE RECORDARÉ EL RESTO DE TU VIDA QUE NO PUDISTE SALVAR A LILY, IMBÉCIL, QUE MURIÓ EN TUS BRAZOS, POR QUE TÚ - Había nocividad en aquellas palabras, veneno, dolor - TÚ SOLO SIRVES PARA MATAR A LA GENTE NO PARA SALVARLA - También había verdad.
Pero aquellas palabras, habían calado hondo, más de lo que me gustaría. Sentí un leve hormigueo en los dedos, sentí la pequeña mano de Lily agarrando mi pulgar, sus labios soltando un último adiós... Una despedida. Noté un cosquilleo en la mejilla, acto seguido una gota atronó contra el suelo, solo una.
- Parece que está empezando a llover... - Pensé, pero solo había caído una gota, me sentí raro, miré al cielo, estaba completamente despejado. Nicolás parecía haberse apagado, no sentía sus intenciones, solo sentía un vacío existencial, un dolor mortal que nunca podría curar, pues era imposible. Cuándo quise darme cuenta había caminado los suficiente y había llegado al claro. Sacudí la cabeza y entré en él. Eaa ya me estaba esperando, sentada en el mismo lugar en el que una vez la fortuna nos había juntado.
- Yo - Saludé serio mientras entraba de lleno en él, acercándome al tocón, toqué mis cuernos, observando los suyos, replicando la primera vez que nos habíamos encontrado, la diferencia es que aquella vez ella no estaba llena de plumas y tampoco estaba mandarina, al cual sonreí nada más ver, ese gato sabía tratarme. Esperé la respuesta de Eaa, pues ella me había citado, y yo... La verdad es que solo se me da bien la palabra para el insulto, todo lo demás me viene grande.
datos de interes
ASHURA - INVENTARIO
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