11:38 Día 174 del año 9, Verano.
Bosque Jura, Isla Ramirals (East Blue)
La isla Ramirals era una isla que tenía ganas de visitar. Según me había contado Cromp, esta isla estaba habitada por bestias que no existían en ningún otro lugar del mundo. Le insistí en varias ocasiones para que me explicase más acerca de ella, pero nunca quiso hacerlo.
- Lo verás con tus propios ojos, ¡Pequeño! – Me decía siempre entre risas.
Curiosamente él era la única persona, junto a mi fallecida madre, que me había llamado pequeño. Al fin y al cabo muy pocos pueden decir que sean más grandes que yo, y sin lugar a dudas ese era el caso de Cromp, quien además también era mucho más mayor que yo en edad. Era un viejo huraño en ocasiones, pero en el fondo era muy risueño y bonachón. Estoy deseando poder volver a verle dentro de un tiempo, convertido en un gran hombre del que se sienta orgulloso nada más verme.
- ¿Pero porqué narices el viejo nunca quiso explicarme nada sobre estos animales? – Dije en voz alta a medida que me adentraba en el bosque.
Escuché un revoloteo encima de mí y miré curioso por encontrar el primer animal. Lo que pude ver desde luego me llamó la atención. Se trataba de un pequeño pájaro, o eso creía al principio, ya que podía decir también que se trataba de un caballo. Resultó ser una mezcla muy extraña entre el cuerpo de un pájaro y la cabeza de un caballo que era proporcional al cuerpo, afortunadamente.
Tardé unos segundos largos en reaccionar, asimilar la criatura que acababa de ver. Había vivido en contacto con la naturaleza muchos años, incluso estudiado los rastros que dejaban diferentes criaturas, cazado, pero nunca deslumbré ni soñé poder ver algo así.
Sin poder salir de mi asombro todavía pude percatarme de otro ser igual o más extraño. Un cerdo rosado y diminuto que en su rostro se dibujaban las líneas morfológicas del rostro de una rana.
- ¿Pero se puede saber qué diablos pasa en esta isla? – Exclamé en un tono alto de sorpresa. A lo cual el cerdorana respondió croando. Todo un detalle de su parte.
Comencé a mirar todo a mí alrededor sin ninguna expectativa y a la vez con todas las expectativas, preguntándome qué clase de criatura vería a continuación.
Decidí respirar hondo para calmar mis emociones y pensar bien todo lo que estaba sucediendo, especialmente para analizar mi situación en la isla. Estaba en una isla que era un territorio completamente desconocido para mí, y aunque tuviese conocimientos de rastreo, no era capaz de identificar ningún animal ni su morfología casi, esto escapaba de mis habilidades.
A esto se le debe sumar que no existía población humana o de algún ser con habilidades comunicativas, o al menos eso creía, que era una isla deshabitada. Si esto era cierto, quería decir que los animales, o bestias, eran los dueños y reyes del bosque. Lo que deriva a su vez en una nueva conclusión, y es que aquí tendría que existir al menos un depredador en la cima de la pirámide alimenticia. La pregunta ahora es ¿Estoy yo por encima o por debajo del depredador principal? Dependiendo de la respuesta a esta pregunta podría estar en un aprieto o en un buen lugar para entrenar.
- Bueno… - comencé a decir en voz baja mientras giraba a mi alrededor con la guardia alta - ¿Hemos venido a acobardarnos o a ser el rey del bosque? – Concluí esta vez con un tono más alto y desafiante.
- ¡Hola! ¿Hay alguien ahí? Si es así más vale que des la cara, ¡Cobarde! – Grité para provocar a cualquier posible persona que me escuchase.
- ¡Cobarde! ¡Cobarde! – Escuché tras de mí en un extraño tono burlón.
Giré sobre mí mismo en posición defensiva, para mi sorpresa contemplé un nuevo y extraño ser. Un bello corcel blanco con cabeza de loro, también blanco, y proporcional al cuerpo de caballo.
- ¡Cobarde! – Gritaba de nuevo el cabaloro.
- Esto es de locos – Dije entre risas al ver que se trataba de un nuevo ser híbrido que jamás había imaginado siquiera.
Este nuevo ser era muy dócil, de haber sido más grande podría haberlo cabalgado, sin embargo la diferencia de tamaños habría dejado al pobre animal lastimado de por vida. Continué mi camino viendo la vegetación. Esta no era especialmente llamativa para mí, y las frutas que alcancé a observar no las había visto antes, pero desconocía si se trataban también de piezas únicas o simplemente desconocidas para mí. Estuve comiendo algunas de estas por el camino. Eran pequeñas y rojas, bastante más ácidas de lo que imaginaba, aunque sabrosas igualmente.
Llegaba a un claro en medio del bosque cuando pude ver un pequeño manantial. Este parecía ser de agua dulce, por lo que, tras comprobarlo, me abalancé a beber de él. No es que llevase mucho tiempo sin beber, pero no sabía cuándo podría volver a tomar líquidos en aquella isla.
Cogí en ese momento una fruta amarilla que había recogido antes y me tumbé al lado del manantial. Era lógico que si había animales, estos vendrían aquí tarde o temprano. Pero mientras venía el que hasta ahora era el rey del bosque, podía descansar y comer. La fruta era más resistente de lo que imaginaba, con una corteza dura que debía arrancar para acceder al interior y lo que supuse que era la parte comestible. No obstante, en ese mismo momento escuché un ruido que provenía del bosque.
Cambié de postura a una defensiva, manteniéndome en guardia con una sonrisa de lado a lado. Al fin podría ver qué desafíos me tenía preparado mi destino en esta isla.
