14-09-2024, 01:53 PM
(Última modificación: 14-09-2024, 01:53 PM por Carmilla Von Nackt.)
Estaba siendo un día maravilloso. Ni si quiera el tener que trabajar (aunque fuese lo mínimo) en vez de tomar el sol había mermado su buen humor. ¿Qué aventuras les depararía su próximo destino? Carmilla no paraba de imaginar diferentes paisajes y enormes ciudades mientras movía y ataba los cabos aquí y allá. Pocas cosas podrían alegrarle aun más la mañana, y trabajar con su compañero peliblanco no solía ser una de ellas, hasta que se detuvo a procesar la respuesta de Viktor. Vaya vaya. Aquel hombre casi siempre andaba a su bola, apenas se dirigía a ellos nada más que para explicarles cosas del gremio y del barco y solía andar con un aire de seriedad que daban pocas ganas de entablar una conversación. Sin embargo, parecía que no era la única que andaba más alegre de lo normal por marchar de una vez por todas de aquella isla.
— Uuuhh ¿quieres problemas? — Respondió Carmilla divertida. Sin embargo, su oportunidad de coqueteo quedó interrumpida con la llegada de Shoto, siempre dispuesto a ayudar. Bueno, al menos había podido vislumbrar una nueva faceta del peliblanco, otro punto positivo para el día. — No te preocupes Shoto, así aprovecho para el tomar el sol jiajiajia — Le dijo al pelinegro.
Viktor recobró su expresión de profesor serio y empezó a enseñarles otro nuevo nudo. No llevaba la cuenta de cuántos se había tenido que aprender hasta el momento, que si nudo de pescador, que si el ocho, el de unión...Habría sido bastante aburrido si no se hubiese imaginado otras formas de usar todos esos nudos, pero por suerte era una chica muy creativa y además se le daba bastante bien. Por muy tedioso que le resultara aprender tantos tecnicismos sobre navegación, tampoco quería que el barco se fuese a la mierda por su culpa, al fin y al cabo (jeje) era su medio de transporte.
Empezó a anudar y asegurar las cuerdas con tranquilidad cuando una estruendosa voz irrumpió sus sucios pensamientos. El jefe había llegado a cubierta. Carmilla frunció el ceño ante el grito que le dirigió, no le veía nada de malo en andar en bikini. Sohem era un tipo bastante peculiar, pero quién era ella para juzgar. Lo había conocido poco después de unirse al gremio, el mismo día que conocieron a Chloe y Viktor, y había tenido que presentarse ante él y contarle qué puñetas hacía en aquel barco. Pese a sus peculiaridades, no había hecho que la peliblanca cambiase de opinión respecto a unirse a Magna y, de hecho, el misterio de su casco le había dado otro motivo de interés para quedarse con ellos. ¿Qué ocultaría debajo de aquella cosa metálica llena de agujeros? Algún día lo averiguaría...
El hombre se dirigió hacia el timón, gritó un par de cosas más y comenzó a llevar el barco hacia la próxima isla. Todos se relajaron, dispuestos a no volver a pisar Báltigo en mucho, mucho tiempo. — Adiós puta roca — Dijo Carmilla por lo bajo, mirando cómo la isla se alejaba poco a poco en el horizonte, apoyada en la barandilla del velero.
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