17-09-2024, 04:20 PM
(Última modificación: 17-09-2024, 04:21 PM por Chloe Dendro.)
Siempre era igual, después de la primera semana de viaje marítimo los días empezaban a alargarse, y alargarse, cosa irónica pues cuanto más nos adentramos en el otoño más cortas se volvían los días, al tener menos horas de Sol en el cielo. Era agradable contar con la compañía de una mujer en el barco, para variar, una compañera con la que tomar el sol en la mañana y que, además, resultó ser más divertida de lo que parecía. El día que hacíamos 16 jornadas de viaje empezó como cualquier otro para mi, me desperté, desayuné, oteé el horizonte con la esperanza de ver el más mínimo indicio de civilización y al no ver nada bajé a cubierta, triste, derrotada por lo monótono que se empezaba a hacer el viaje, me alegraba dejar la isla de Báltigo, pero era mejor que nada.
Según el mediodía iba acercándose fui a mi camarote a cambiarme, me quité el bikini morado con el que había estado tomando el sol y me atavié con el mono verde que una vez mi uniforme del gremio, era lo que usaba para cocinar por varios motivos; primero, si me saltaba aceite o comida caliente no me caería en el cuerpo, porque el mono lo cubría todo, a excepción de la cabeza, manos y pies, segundo, me daba igual que se manchase, y tercero, si Lustig se acercaba a mendigar comida sus babas no tocarían mi piel, me daban escalofríos solo de pensar en la posibilidad de que el perro feo de Sohem me chupase o babease una pierna.
Como los días de frío eran cada vez más frecuentes por la época del año decidí hacer un plato que, personalmente, disfrutaba mucho de comer en esas circunstancias. Consistía en un plato de carne con verduras sobre una base de puré de patatas, estas últimas estaban en un cazo con agua hirviendo, preparándose para convertirse en puré. Por otro lado tenía una olla con varias verduras que ya había cortado, cebolla, pimiento y zanahoria, concretamente, igualmente en agua pero sin calor, y la estrella del plato, la carne, la estaba dorando en una sartén que tenía un poco de aceite y vino para darle tanto más sabor como color a la protagonista de la comida, además de un tímido trago que dí antes de que nadie me viera. Cuando la carne ya estaba dorada por los dos lados la retiré de la sartén, y esta de la cocina, añadiendo la carne a las verduras a remojo y encendiendo la cocina a máxima potencia mientras tapaba la olla para que se hiciera la magia. Justo cuando tapé la olla llegó Viktor, al que había estado ojeando antes mientras bailaba con la espada en cubierta, preguntó por los nuevos, pero, con honestidad — No tengo ni idea. — sabía que Carmilla no había salido de su camarote, porque la habría visto tomando el sol, pero no sabía si Shoto o Sohem lo habían hecho y simplemente no habían coincidido. Poco tiempo después, como si fuera una invocación apareció la otra peliblanca del barco, deseando los buenos días, seguramente sin saber que estaban más cerca de la tarde que del día, tomó asiento y como una niña pequeña me preguntó si estaba haciendo la comida. — Si, una de las comidas que más me gusta cuando llega el frío, ¿Quieres ayudarme? — hacer el puré sobre el que iría la carne no era díficil, pero si laborioso, y, honestamente, me daba pereza, si podía conseguir que lo hiciera Carmilla sería un poco más feliz.
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