07-09-2023, 02:02 PM
Derya aceptó el libro con entusiasmo, tal vez como una oportunidad para leer lo mismo que el panda leía y así entender mejor de qué hablaba, tal vez porque le había interesado de verdad el tema del libro. Don Bambú no era un experto leyendo gente tanto como lo era leyendo libros, así que no era capaz de discernir qué pensaba realmente la gyojin, a pesar de que ésta fuera muy abierta con ello. Prometió cuidarlo y no mojarlo. Eso último sin duda el panda lo agradecería sobremanera. —Sí, porque estos en cuanto los mojas dejan de funcionar —Y soltó una pequeña carcajada. A Derya le sorprendió muchísimo la oferta del café. Tanto le sorprendió como le alegró, porque se puso de pie instantáneamente y aceptó la oferta del panda. Al momento empezó a caminar en dirección al centro de la villa, donde estaban la mayor parte de las cafeterías y empezó a cantar una cancioncilla inventada, como hacían los niños a veces. Don Bambú no era mucho de cantar, así que la siguió caminando a su ritmo en silencio. Las zancadas del panda eran enormes, así que podía ir más despacio que la gyojin porque iba recorriendo casi el doble de distancia con cada paso. No dijo gran cosa por el camino, pero le daba vueltas en su cabeza a cómo era Derya, cómo eran Kovashi y Khruner y qué hacía él con ellos. Escuchaba de fondo la canción de su compañera como quien escucha la corriente de un río de fondo.
Finalmente llegaron a la zona central del pueblo y el panda se dirigió casi automáticamente a uno de los establecimientos del lugar. Era una cafetería pequeña, con cinco mesas en la terraza, cada una con dos sillas, alguna incluso con tres. No estaba muy lleno, tan solo había un par de señores mayores tomando un cacharro mañanero. Nada levanta el cuerpo como un chupito de aguardiente al mediodía. El panda se sentó en una de las mesas de fuera. Supuso que a Derya le gustaría la terraza, siendo como es ella. —Si quieres dentro también podemos ir. —Dijo sin darle mucha importancia. —¿Qué quieres tomar? —La camarera les acababa de ver y ya se acercaba con su bandeja y un trapo en el mantel. —Para mí un café solo, por favor. —Pidió, y la camarera tomó nota. Luego miró a Derya, esperando.
Finalmente llegaron a la zona central del pueblo y el panda se dirigió casi automáticamente a uno de los establecimientos del lugar. Era una cafetería pequeña, con cinco mesas en la terraza, cada una con dos sillas, alguna incluso con tres. No estaba muy lleno, tan solo había un par de señores mayores tomando un cacharro mañanero. Nada levanta el cuerpo como un chupito de aguardiente al mediodía. El panda se sentó en una de las mesas de fuera. Supuso que a Derya le gustaría la terraza, siendo como es ella. —Si quieres dentro también podemos ir. —Dijo sin darle mucha importancia. —¿Qué quieres tomar? —La camarera les acababa de ver y ya se acercaba con su bandeja y un trapo en el mantel. —Para mí un café solo, por favor. —Pidió, y la camarera tomó nota. Luego miró a Derya, esperando.
