Parece que no estaba muy alejado de la realidad.
Cuando llegué a la cocina con intención de conseguir algo de comer, encontré a Chloe cocinando. Ninguna sorpresa hasta ahora. La siguiente en acudir a la cocina fue Carmilla, que entró diciendo que no sabía ni qué hora era. Para variar debió pasar tiempo en su mundo de pintura y color, y había acudido a nutrirse cuando el hambre era insostenible. Chloe, que se encontraba comenzando y la preparación de la comida, contestó a Carmilla y la invitó a ayudar con la comida. En vista de que todavía la preparación no había sido completada, era más que probable que la peli morada quisiera engañarme con sus malas artes para que la ayudara a cortar patatas o cualquier cosa, como si el hecho de ser un espadachín hiciera que dichas tareas me gustaran. Dado que no tenía ninguna intención de ayudar, al menos hoy, simplemente aproveche la conversación de las dos féminas para girar sobre mí mismo y encarar de nuevo la puerta hacia cubierta. Fue en el umbral de la puerta donde me crucé a Shoto, con el que no que use ninguna palabra y simplemente apoyé mi diestra sobre su hombro y pase de largo hacia cubierta.
No tenía ninguna gana de perder el tiempo en nada que no fuera entrenar o prepararnos para un combate ahora mismo. Y eso me hacía pensar que era raro no ver al jefe haciendo lo mismo, si es que él se preparaba de alguna manera. Curiosamente, al salir en dirección a proa, pude verle sosteniendo una caracola de las usadas en la cultura Skypieana para producir diversos efectos. No entendía bien qué estaba haciendo y fruncí el ceño intentando dilucidar sus intenciones con aquel extraño aparato. — ¿Qué cojones hace? — suspiré justo antes de que el jefe del gremio pronunciara las palabras que desembocaban la destrucción. Ya había peleado mucho tiempo a su lado y conocía perfectamente sus habilidades. Cuando el enmascarado enunció la primera palabra, entendí lo que iba a pasar. — Mier... — pensé mientras me transformaba de manera automática en mi forma híbrida y me recubría de hielo a la vez que golpeaba el suelo con mi mano, extendiendo a través de él parte de este en dirección a mis compañeros que se encontraban totalmente ajenos a lo que iba a ocurrir. La fina capa de hielo, suficientemente poderosa como para detener parte del impacto, recurrió a los tres integrantes restantes del gremio y se evaporó en el acto al contacto con la onda de expansión de calor de Sohem, minimizando así el daño a estos.
Miré en dirección al jefe, no estaba seguro de que estaba haciendo, pero no lo consideraba tan imprudente como para dañar a sus aliados. Desde luego era algún tipo de estrategia o preparación. Algo llamó mi atención desde el fondo, en el horizonte: Tierra. Aunque estaba alegre, quería comprobar el estado de mis compañeros, por lo que deshice mi transformación y volví hacia la cocina corriendo. — ¿Hay alguien herido? — grité mirando de arriba a abajo a los presentes que parecían dañados pero ligeramente indemnes. — Si estáis bien, hay tierra a la vista, ¡preparados para tomar puerto! — anuncié a mis compañeros.
Solo esperaba que a mi jefe no se le hubiera ido totalmente la cabeza dentro de ese casco suyo.
Cuando llegué a la cocina con intención de conseguir algo de comer, encontré a Chloe cocinando. Ninguna sorpresa hasta ahora. La siguiente en acudir a la cocina fue Carmilla, que entró diciendo que no sabía ni qué hora era. Para variar debió pasar tiempo en su mundo de pintura y color, y había acudido a nutrirse cuando el hambre era insostenible. Chloe, que se encontraba comenzando y la preparación de la comida, contestó a Carmilla y la invitó a ayudar con la comida. En vista de que todavía la preparación no había sido completada, era más que probable que la peli morada quisiera engañarme con sus malas artes para que la ayudara a cortar patatas o cualquier cosa, como si el hecho de ser un espadachín hiciera que dichas tareas me gustaran. Dado que no tenía ninguna intención de ayudar, al menos hoy, simplemente aproveche la conversación de las dos féminas para girar sobre mí mismo y encarar de nuevo la puerta hacia cubierta. Fue en el umbral de la puerta donde me crucé a Shoto, con el que no que use ninguna palabra y simplemente apoyé mi diestra sobre su hombro y pase de largo hacia cubierta.
No tenía ninguna gana de perder el tiempo en nada que no fuera entrenar o prepararnos para un combate ahora mismo. Y eso me hacía pensar que era raro no ver al jefe haciendo lo mismo, si es que él se preparaba de alguna manera. Curiosamente, al salir en dirección a proa, pude verle sosteniendo una caracola de las usadas en la cultura Skypieana para producir diversos efectos. No entendía bien qué estaba haciendo y fruncí el ceño intentando dilucidar sus intenciones con aquel extraño aparato. — ¿Qué cojones hace? — suspiré justo antes de que el jefe del gremio pronunciara las palabras que desembocaban la destrucción. Ya había peleado mucho tiempo a su lado y conocía perfectamente sus habilidades. Cuando el enmascarado enunció la primera palabra, entendí lo que iba a pasar. — Mier... — pensé mientras me transformaba de manera automática en mi forma híbrida y me recubría de hielo a la vez que golpeaba el suelo con mi mano, extendiendo a través de él parte de este en dirección a mis compañeros que se encontraban totalmente ajenos a lo que iba a ocurrir. La fina capa de hielo, suficientemente poderosa como para detener parte del impacto, recurrió a los tres integrantes restantes del gremio y se evaporó en el acto al contacto con la onda de expansión de calor de Sohem, minimizando así el daño a estos.
Miré en dirección al jefe, no estaba seguro de que estaba haciendo, pero no lo consideraba tan imprudente como para dañar a sus aliados. Desde luego era algún tipo de estrategia o preparación. Algo llamó mi atención desde el fondo, en el horizonte: Tierra. Aunque estaba alegre, quería comprobar el estado de mis compañeros, por lo que deshice mi transformación y volví hacia la cocina corriendo. — ¿Hay alguien herido? — grité mirando de arriba a abajo a los presentes que parecían dañados pero ligeramente indemnes. — Si estáis bien, hay tierra a la vista, ¡preparados para tomar puerto! — anuncié a mis compañeros.
Solo esperaba que a mi jefe no se le hubiera ido totalmente la cabeza dentro de ese casco suyo.
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