24-09-2024, 06:22 AM
Ciudad de Legance
Día 70 de Otoño, Año 13
10:00am
Las calles de la ciudad están extrañamente agitadas el día de hoy. Me encuentro viendo una ruta por la que pasan varios vehículos transportando materiales para los distintos comercios de este, el distrito más bajo de los que cubren esta enorme colina y conforman la ciudad de Legance. Mi objetivo de hoy es interceptar al encargado de llevar al cuartel de la marina los nuevos carteles de recompensas. No sé qué fechorías habrán hecho los demás, pero si quiero proteger a Eaa y a mí, debo evitar que los carteles actualizados lleguen a manos del encargado de copiarlos en esta isla. Ahora que lo pienso, seguramente Eaa esté segura. Nadie conoce su aspecto actual, ya que se volvió esa majestuosa ave roja durante nuestra estadía en una isla desierta. La verdad es que fue bastante conveniente.
Veo una carreta pasar con víveres y alimentos, conducida por un muchacho joven y algo flacucho. Debe ser el hijo de algunos cocineros o algo así. Por lo que he visto, muchos de los establecimientos de esta ciudad son negocios familiares. Al menos los de los distritos más humildes. Los negocios de los distritos más adinerados son atendidos por empleados de las empresas que los manejan y están totalmente dedicados a lamerles el culo a ellos y a los condenados marines que, como perros falderos intentan congraciarse con los nobles para recibir una pizca del lujo que nunca podrían siquiera aspirar a tener.
Hacia la entrada de la ciudad viene un grupo de marines precisamente, patrullando en su ronda de todas las mañanas. Son tres soldados esta vez. A medida que van acercándose a la plaza, intento no destacar mucho y los examino de pies a cabeza. No tienen nada con ellos más que sus armas reglamentarias. No están haciendo ningún tipo de envío… O al menos no el envío que espero. Luego de que el grupo de marines inmundos se alejan camino al cuartel, donde espero reciban el peor desayuno posible y se indigesten, continuo con mi vigilancia. Sé que no es una solución permanente ni mucho menos, pero si vamos a ayudar a Ashura a cumplir su objetivo, lo mejor es posponer el festival de fotos nuestras decorando los muros y calles de la ciudad. No sé qué pretende ese condenado oni, pero mientras menos personas reconozcan nuestras caras, tanto mejor para nosotros.
Mientras me pierdo en mis divagaciones y estoy al borde de comenzar a hablar solo como los ancianos por la calle, logro notar algo: Un marine solitario entra a la ciudad por la puerta principal y puedo verle: Es un joven de unos 18 años, se ve que es de los verdes. Le pusieron una carga importante. Seguro es una prueba o algo así. El muchacho lleva un bolso y va pobremente disfrazado con una capa que cubre su torso, pero el muy tonto lleva la gorra de marine en la cabeza, así que al carajo con su tapadera, debe ser su primer encargo. Casi sentiría lástima por lo que le va a pasar, de no ser porque él mismo se enlistó para cazar piratas y someter inocentes bajo la excusa de ser la ley.
No pierdo mi tiempo y comienzo a seguirle. Estamos a unas 6 calles del cuartel, así que debo darme prisa antes de que se acerque a otros soldados. Me acerco a él y mantengo una distancia prudencial, mientras busco un punto débil. el chico va con paso decidido pero muy nervioso, cada tanto voltea o mira hacia los lados, con los que no puedo ir directamente hacia él. Finjo ser uno más, por mucho que me cueste. Caminamos por la primera calle y todo sigue tranquilo. No consigo ubicar un cruce o un callejón que me favorezca. Si sigo detrás de él no podré hacer nada para capturarle. Debo pensar rápido… veo a unos 20 metros un callejón que va por la derecha. A medida que la distancia se reduce veo a un par de hombres salir y entonces aprovecho mi oportunidad de escabullirme tras de ellos. Una vez que me encuentro en el pequeño corredor, busco un modo de subir al techo, y la verdad no tardo mucho en encontrar un contenedor de basura ubicado bajo una escalera de mano. Rápidamente salto y escalo a la escalera, hasta subir a la cornisa del edificio contiguo. Me impulso a la azotea y por fin me encuentro por encima del nivel de la calle. Necesito buscar al chico marine antes de que sea muy tarde.
Busco por los rincones de la calle principal y no logro encontrarle. Hay demasiadas personas transitando por todas partes. Una gorra marine… en algún lugar debe haber… La encuentro: El chico está doblando la esquina hacia la derecha. Corro por la azotea y logro alcanzar la otra cara del edificio, desde la que se observa la vía transversal en la que se encuentra el joven mensajero. Debo adelantarlo e interceptarle. Por suerte a dos edificios a mi derecha, hay un espacio que imagino será otro callejón. Corro hacia el borde de la azotea y me dejo caer al siguiente edificio, que es un par de pisos más bajo que en que me encontraba. No hay nada de interés aquí. Mi objetivo está tras el siguiente techo. El siguiente edificio tiene un piso más de altura que este, así que con un salto consigo llegar al borde y tras un empujón con los pies, consigo subir a la tercera azotea. Rápidamente ubico el otro costado y en efecto, hay un callejón abajo. Estoy a unos 3 pisos de altura. Si me dejo caer al suelo sufriría daños. Debo amortiguar mi caída. No tengo mucho tiempo así que me cuelgo del borde y con mi pies me impulso hacia el extremo opuesto y clavo mi puño en el muro, haciendo un punto de agarre del cual suspenderme nuevamente. Desde aquí sí puedo soltarme y resistir la caída. No es un aterrizaje suave, pero ciertamente es efectivo.
Me incorporo sin problemas y veo a la calle, donde el chico se aproxima. Justo cuando está al frente del callejón, se gira nervioso hacia atrás. Aprovecho el momento y tomo al chico del cuello y lo traigo conmigo al callejón. Su mirada de terror dura solo un instante, mientras le saco el aire de un golpe en la boca del estómago, seguido de un rodillazo a la cara. Un par de dientes salen volando y el chico se desploma. Tomo el bolso de prisa y lo abro. En efecto tiene un paquete de carteles de recompensa. Busco entre la multitud de nombres y consigo el mío, además del de Eaa. Los rompo sin pensar ni un instante y continuo buscando… Nada. No hay Ashura. No hay Ben, ni Kenjo. Tampoco Kazuya… ¿Es que ninguno de ellos tiene recompensa? Bueno, tanto mejor supongo. Entre algunos de los carteles que reviso, de pronto veo una cara conocida: Es el tipo de la masa blanca. Me devuelve la mirada con su cara de demente y su sonrisa de desquiciado. Zarek… No valía mucho, pero ciertamente era un tipo muy peligroso. No dudo que de haber sido otra la historia en Kyodaina, habría sido un enemigo más formidable y con una recompensa altísima. Tomo el cartel y justo cuando estoy a punto de destrozarlo, escucho un grito. Giro y a mis espaldas veo a los 3 marines de la primera patrulla. Me han visto. Mierda. Salgo corriendo callejón adentro, pero del otro extremo me cortan el paso unos 5 tipos más. No puedo usar mi poder ahora mismo, o todo esto habría sido en vano.
Salto contra uno de los tipos, el del medio. Le propino un golpe en toda la cara que le manda al suelo. Los otros 4 son bastante rápidos y me atacan con espadas. Mi cuerpo resiste algunos de los cortes, aunque uno en mi hombro izquierdo me duele un poco. Respondo a ese primero, golpeando el brazo atacante, mientras los otros tres se retiran para atacar de nuevo. De pronto dos disparos de rifle impactan en mi espalda, hiriéndome levemente. Resisto el dolor y continuo mi arremetida. Con dos de los soldados derribados, consigo meterle un codazo en la cara a un tercer marine, uno bastante gordo. El tipo recibe el golpe en el cuello y se queda sin aire, cayendo de rodillas mientras sostiene su cuello con ambas manos. Los otros dos me vuelven a atacar. Consigo bloquear con mi brazo derecho a uno, pero el otro clava su espada nuevamente en mi costado izquierdo. Otro par de disparos resuenan y uno me impacta. No pinta bien. Tomo al soldado que he bloqueado por la cabeza con mi diestra, mientras con la izquierda le propino un puñetazo en la panza al último tipo. Le tomo también por la cabeza y haciendo un esfuerzo me levanto, usando a los dos pobres diablos como escudo humano. Reciben dos disparos de los otros soldados, que ya se encontraban mucho más cerca, junto con el tercero, un tipo como de mi tamaño y con un par de manoplas en sus puños. Arrojo a ambos soldados tiroteados contra aquellos tipos, y les logro retener, derribando a los dos tiradores, mientras el más grande salta hacia mi. Con su fuerza me taclea por el estómago. Maldita sea, no puedo seguir perdiendo mi tiempo. Le clavo un rodillazo en el pecho, pero no me suelta. Comienza a levantarme. Sin pensarlo mucho, entrechoco mis puños y los elevo sobre mi cabeza, entrelazando los dedos y dejando caer ambos en un golpe que consigue hacer que me suelte. El tipo se incorpora de golpe y yo salto hacia atrás. Es hora de salir de aquí. Tomo mi martillo de guerra y con ambas mano abanico mi enorme arma contra el cráneo de aquel enorme marine.
Siento el crujir de sus huesos bajo el enorme martillo y termino clavando su cabeza contra el muro a mi derecha, el cual termina con un enorme agujero producto del potente impacto. Giro en el sitio, pero me encuentro con que dos de los marines que derribé al inicio se han puesto de pie y vienen a por mi. Bloqueo los espadazos con mi martillo. Primero uno y luego el segundo. Con la cabeza del martillo golpeo la boca de uno de los dos soldados, al que le había sacado un par de dientes. Esta vez no solo consigo desprender todos y cada uno de sus dientes, sino que le destrozo la mandíbula, pulverizándola con el impacto junto con su nariz. La cara de aquel hombre se convierte en un mazacote deforme y sanguinolento luego de mi martillazo. El pobre cretino cae ahora sí derribado. Solo queda uno. Giro rápidamente, lanzando un martillazo en horizontal contra las costillas del tipo. Siento cómo estallan y sus órganos internos estallan. Este marine no jode más. Estoy seguro que varios de ellos no van a volver a caminar. Respiro por un momento, recuperando mi aliento y viendo que mi cuerpo ha sufrido heridas pero por suerte estas son bastante leves. Miro a mi alrededor y contemplo el resultado de mi destrucción. Esto se suponía que sería una misión sencilla y sin testigos. Y aquí estoy ahora, rodeado de 9 marines hechos mierda por mis ataques. No es que lo lamente, pero la verdad es que no puedo seguir cagándola así. Mis errores pueden costarme muy caro.
Salgo corriendo de aquel sitio sin perder ni un instante más, mientras vuelvo a poner mi arma ahora ensangrentada a mis espaldas. Mientras corro a toda velocidad, el collar de Goopaw brinca sobre mi pecho, mientras la gente se quita de mi camino asustados y observándome con ojos de confusión, poco a poco, consigo entremezclar mi enorme cuerpo con la multitud y perderme de la vista tanto de los marines como de los curiosos. Espero solamente que no vayan a venir más malditos soldados tras de mí. Ahora tengo que reagruparme con los demás y darles la noticia. La misión fue un éxito aunque hubo algunos contratiempos. Solo espero que esto valga la pena.
Día 70 de Otoño, Año 13
10:00am
Las calles de la ciudad están extrañamente agitadas el día de hoy. Me encuentro viendo una ruta por la que pasan varios vehículos transportando materiales para los distintos comercios de este, el distrito más bajo de los que cubren esta enorme colina y conforman la ciudad de Legance. Mi objetivo de hoy es interceptar al encargado de llevar al cuartel de la marina los nuevos carteles de recompensas. No sé qué fechorías habrán hecho los demás, pero si quiero proteger a Eaa y a mí, debo evitar que los carteles actualizados lleguen a manos del encargado de copiarlos en esta isla. Ahora que lo pienso, seguramente Eaa esté segura. Nadie conoce su aspecto actual, ya que se volvió esa majestuosa ave roja durante nuestra estadía en una isla desierta. La verdad es que fue bastante conveniente.
Veo una carreta pasar con víveres y alimentos, conducida por un muchacho joven y algo flacucho. Debe ser el hijo de algunos cocineros o algo así. Por lo que he visto, muchos de los establecimientos de esta ciudad son negocios familiares. Al menos los de los distritos más humildes. Los negocios de los distritos más adinerados son atendidos por empleados de las empresas que los manejan y están totalmente dedicados a lamerles el culo a ellos y a los condenados marines que, como perros falderos intentan congraciarse con los nobles para recibir una pizca del lujo que nunca podrían siquiera aspirar a tener.
Hacia la entrada de la ciudad viene un grupo de marines precisamente, patrullando en su ronda de todas las mañanas. Son tres soldados esta vez. A medida que van acercándose a la plaza, intento no destacar mucho y los examino de pies a cabeza. No tienen nada con ellos más que sus armas reglamentarias. No están haciendo ningún tipo de envío… O al menos no el envío que espero. Luego de que el grupo de marines inmundos se alejan camino al cuartel, donde espero reciban el peor desayuno posible y se indigesten, continuo con mi vigilancia. Sé que no es una solución permanente ni mucho menos, pero si vamos a ayudar a Ashura a cumplir su objetivo, lo mejor es posponer el festival de fotos nuestras decorando los muros y calles de la ciudad. No sé qué pretende ese condenado oni, pero mientras menos personas reconozcan nuestras caras, tanto mejor para nosotros.
Mientras me pierdo en mis divagaciones y estoy al borde de comenzar a hablar solo como los ancianos por la calle, logro notar algo: Un marine solitario entra a la ciudad por la puerta principal y puedo verle: Es un joven de unos 18 años, se ve que es de los verdes. Le pusieron una carga importante. Seguro es una prueba o algo así. El muchacho lleva un bolso y va pobremente disfrazado con una capa que cubre su torso, pero el muy tonto lleva la gorra de marine en la cabeza, así que al carajo con su tapadera, debe ser su primer encargo. Casi sentiría lástima por lo que le va a pasar, de no ser porque él mismo se enlistó para cazar piratas y someter inocentes bajo la excusa de ser la ley.
No pierdo mi tiempo y comienzo a seguirle. Estamos a unas 6 calles del cuartel, así que debo darme prisa antes de que se acerque a otros soldados. Me acerco a él y mantengo una distancia prudencial, mientras busco un punto débil. el chico va con paso decidido pero muy nervioso, cada tanto voltea o mira hacia los lados, con los que no puedo ir directamente hacia él. Finjo ser uno más, por mucho que me cueste. Caminamos por la primera calle y todo sigue tranquilo. No consigo ubicar un cruce o un callejón que me favorezca. Si sigo detrás de él no podré hacer nada para capturarle. Debo pensar rápido… veo a unos 20 metros un callejón que va por la derecha. A medida que la distancia se reduce veo a un par de hombres salir y entonces aprovecho mi oportunidad de escabullirme tras de ellos. Una vez que me encuentro en el pequeño corredor, busco un modo de subir al techo, y la verdad no tardo mucho en encontrar un contenedor de basura ubicado bajo una escalera de mano. Rápidamente salto y escalo a la escalera, hasta subir a la cornisa del edificio contiguo. Me impulso a la azotea y por fin me encuentro por encima del nivel de la calle. Necesito buscar al chico marine antes de que sea muy tarde.
Busco por los rincones de la calle principal y no logro encontrarle. Hay demasiadas personas transitando por todas partes. Una gorra marine… en algún lugar debe haber… La encuentro: El chico está doblando la esquina hacia la derecha. Corro por la azotea y logro alcanzar la otra cara del edificio, desde la que se observa la vía transversal en la que se encuentra el joven mensajero. Debo adelantarlo e interceptarle. Por suerte a dos edificios a mi derecha, hay un espacio que imagino será otro callejón. Corro hacia el borde de la azotea y me dejo caer al siguiente edificio, que es un par de pisos más bajo que en que me encontraba. No hay nada de interés aquí. Mi objetivo está tras el siguiente techo. El siguiente edificio tiene un piso más de altura que este, así que con un salto consigo llegar al borde y tras un empujón con los pies, consigo subir a la tercera azotea. Rápidamente ubico el otro costado y en efecto, hay un callejón abajo. Estoy a unos 3 pisos de altura. Si me dejo caer al suelo sufriría daños. Debo amortiguar mi caída. No tengo mucho tiempo así que me cuelgo del borde y con mi pies me impulso hacia el extremo opuesto y clavo mi puño en el muro, haciendo un punto de agarre del cual suspenderme nuevamente. Desde aquí sí puedo soltarme y resistir la caída. No es un aterrizaje suave, pero ciertamente es efectivo.
Me incorporo sin problemas y veo a la calle, donde el chico se aproxima. Justo cuando está al frente del callejón, se gira nervioso hacia atrás. Aprovecho el momento y tomo al chico del cuello y lo traigo conmigo al callejón. Su mirada de terror dura solo un instante, mientras le saco el aire de un golpe en la boca del estómago, seguido de un rodillazo a la cara. Un par de dientes salen volando y el chico se desploma. Tomo el bolso de prisa y lo abro. En efecto tiene un paquete de carteles de recompensa. Busco entre la multitud de nombres y consigo el mío, además del de Eaa. Los rompo sin pensar ni un instante y continuo buscando… Nada. No hay Ashura. No hay Ben, ni Kenjo. Tampoco Kazuya… ¿Es que ninguno de ellos tiene recompensa? Bueno, tanto mejor supongo. Entre algunos de los carteles que reviso, de pronto veo una cara conocida: Es el tipo de la masa blanca. Me devuelve la mirada con su cara de demente y su sonrisa de desquiciado. Zarek… No valía mucho, pero ciertamente era un tipo muy peligroso. No dudo que de haber sido otra la historia en Kyodaina, habría sido un enemigo más formidable y con una recompensa altísima. Tomo el cartel y justo cuando estoy a punto de destrozarlo, escucho un grito. Giro y a mis espaldas veo a los 3 marines de la primera patrulla. Me han visto. Mierda. Salgo corriendo callejón adentro, pero del otro extremo me cortan el paso unos 5 tipos más. No puedo usar mi poder ahora mismo, o todo esto habría sido en vano.
Salto contra uno de los tipos, el del medio. Le propino un golpe en toda la cara que le manda al suelo. Los otros 4 son bastante rápidos y me atacan con espadas. Mi cuerpo resiste algunos de los cortes, aunque uno en mi hombro izquierdo me duele un poco. Respondo a ese primero, golpeando el brazo atacante, mientras los otros tres se retiran para atacar de nuevo. De pronto dos disparos de rifle impactan en mi espalda, hiriéndome levemente. Resisto el dolor y continuo mi arremetida. Con dos de los soldados derribados, consigo meterle un codazo en la cara a un tercer marine, uno bastante gordo. El tipo recibe el golpe en el cuello y se queda sin aire, cayendo de rodillas mientras sostiene su cuello con ambas manos. Los otros dos me vuelven a atacar. Consigo bloquear con mi brazo derecho a uno, pero el otro clava su espada nuevamente en mi costado izquierdo. Otro par de disparos resuenan y uno me impacta. No pinta bien. Tomo al soldado que he bloqueado por la cabeza con mi diestra, mientras con la izquierda le propino un puñetazo en la panza al último tipo. Le tomo también por la cabeza y haciendo un esfuerzo me levanto, usando a los dos pobres diablos como escudo humano. Reciben dos disparos de los otros soldados, que ya se encontraban mucho más cerca, junto con el tercero, un tipo como de mi tamaño y con un par de manoplas en sus puños. Arrojo a ambos soldados tiroteados contra aquellos tipos, y les logro retener, derribando a los dos tiradores, mientras el más grande salta hacia mi. Con su fuerza me taclea por el estómago. Maldita sea, no puedo seguir perdiendo mi tiempo. Le clavo un rodillazo en el pecho, pero no me suelta. Comienza a levantarme. Sin pensarlo mucho, entrechoco mis puños y los elevo sobre mi cabeza, entrelazando los dedos y dejando caer ambos en un golpe que consigue hacer que me suelte. El tipo se incorpora de golpe y yo salto hacia atrás. Es hora de salir de aquí. Tomo mi martillo de guerra y con ambas mano abanico mi enorme arma contra el cráneo de aquel enorme marine.
Siento el crujir de sus huesos bajo el enorme martillo y termino clavando su cabeza contra el muro a mi derecha, el cual termina con un enorme agujero producto del potente impacto. Giro en el sitio, pero me encuentro con que dos de los marines que derribé al inicio se han puesto de pie y vienen a por mi. Bloqueo los espadazos con mi martillo. Primero uno y luego el segundo. Con la cabeza del martillo golpeo la boca de uno de los dos soldados, al que le había sacado un par de dientes. Esta vez no solo consigo desprender todos y cada uno de sus dientes, sino que le destrozo la mandíbula, pulverizándola con el impacto junto con su nariz. La cara de aquel hombre se convierte en un mazacote deforme y sanguinolento luego de mi martillazo. El pobre cretino cae ahora sí derribado. Solo queda uno. Giro rápidamente, lanzando un martillazo en horizontal contra las costillas del tipo. Siento cómo estallan y sus órganos internos estallan. Este marine no jode más. Estoy seguro que varios de ellos no van a volver a caminar. Respiro por un momento, recuperando mi aliento y viendo que mi cuerpo ha sufrido heridas pero por suerte estas son bastante leves. Miro a mi alrededor y contemplo el resultado de mi destrucción. Esto se suponía que sería una misión sencilla y sin testigos. Y aquí estoy ahora, rodeado de 9 marines hechos mierda por mis ataques. No es que lo lamente, pero la verdad es que no puedo seguir cagándola así. Mis errores pueden costarme muy caro.
Salgo corriendo de aquel sitio sin perder ni un instante más, mientras vuelvo a poner mi arma ahora ensangrentada a mis espaldas. Mientras corro a toda velocidad, el collar de Goopaw brinca sobre mi pecho, mientras la gente se quita de mi camino asustados y observándome con ojos de confusión, poco a poco, consigo entremezclar mi enorme cuerpo con la multitud y perderme de la vista tanto de los marines como de los curiosos. Espero solamente que no vayan a venir más malditos soldados tras de mí. Ahora tengo que reagruparme con los demás y darles la noticia. La misión fue un éxito aunque hubo algunos contratiempos. Solo espero que esto valga la pena.
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