26-09-2024, 11:12 AM
Día 77 de otoño. Año 13.
Costa de Isla Chisi, sobre el Parabellum — 17:00 h.
Ya hacía unos días que habíamos llegado a la isla nueva, y para mi desgracia era, una vez más, una isla sin civilización aparente, otra isla desierta en la que lo más civilizado éramos nosotros, que ya es decir. Sohem y Viktor iban y venían del espeso bosque que cubría la totalidad de la isla en la que estábamos, explorando y buscando algo que pudiera ser de utilidad para el gremio, el barco o el viaje que nos quedaba por delante. Uno de esos días, antes de marcharse, Viktor me sugirió -por decirlo suavemente- que ya que iba a quedarme sola con los dos novatos al menos podía aprovechar el tiempo para enseñarles algo de utilidad, apreciaba el mensaje entre líneas de Viktor de que tenía algo que enseñar a los nuevos, pero no lo veía así, las cosas que hacer en el barco estaban claras por los tres, y ninguno parecía querer un arma de fuego, Carmilla tenía su látigo y Shoto… No parecía querer ningún arma, en realidad, no que yo hubiera visto, al menos.
Costa de Isla Chisi, sobre el Parabellum — 17:00 h.
Ya hacía unos días que habíamos llegado a la isla nueva, y para mi desgracia era, una vez más, una isla sin civilización aparente, otra isla desierta en la que lo más civilizado éramos nosotros, que ya es decir. Sohem y Viktor iban y venían del espeso bosque que cubría la totalidad de la isla en la que estábamos, explorando y buscando algo que pudiera ser de utilidad para el gremio, el barco o el viaje que nos quedaba por delante. Uno de esos días, antes de marcharse, Viktor me sugirió -por decirlo suavemente- que ya que iba a quedarme sola con los dos novatos al menos podía aprovechar el tiempo para enseñarles algo de utilidad, apreciaba el mensaje entre líneas de Viktor de que tenía algo que enseñar a los nuevos, pero no lo veía así, las cosas que hacer en el barco estaban claras por los tres, y ninguno parecía querer un arma de fuego, Carmilla tenía su látigo y Shoto… No parecía querer ningún arma, en realidad, no que yo hubiera visto, al menos.
Mientras despedía a mis compañeros desde la cubierta le daba más y más vueltas a qué tenía que ofrecerles a los grumetes del Parabellum, un recuerdo, fugaz y vago, de mi entrenamiento con Viktor en la costa de Báltigo atravesó mi línea de pensamiento, dándome una idea que creía bastante buena. Ese día con Viktor no entrené mi cuerpo, si no que fue mi mente la que evolucionó, y me hizo darme cuenta de que era, no, de que soy más fuerte de lo que pensaba, tal vez yo pudiera hacer por ellos lo mismo que Viktor en su momento hizo conmigo, solo tenía que encontrar un modo de convencer a Carmilla de que entrenar conmigo sería buena idea, y también necesitaba una buena idea para poder defenderme sin darle un tiro, quería hacerla darse cuenta de que podía mejorar si se esforzaba, no matarla. Estuve varios minutos sentada en la cocina, pensando qué hacer y cómo hacerlo, hasta que finalmente llegué a la conclusión de que solo se podía hacer de dos maneras, o usaba el rifle como arma tipo mazo, igual que hacía Sohem con su kanabo, o ambas íbamos a mano desnuda y estábamos en desigualdad de condiciones, en lugar de estar ambas lo mejor preparadas posible para un combate estaríamos completamente fuera de nuestras zonas de confort.
Me puse en pie, decidida, fui a mi camarote a por el rifle, por si llegaba a necesitarlo, aunque no cogí las balas, sabía que no iba a dispararlo, lo agarré del cañón con ambas manos e hice un movimiento de bateo al aire, imitaba a Sohem cuando golpeaba con su arma, intentando ver cómo sería dar una pelea con ello, era raro, pero no se me hacía tan incómodo como pensaba. — Que sea lo que tenga que ser… — suspiré y salí a cubierta, ojeé por encima buscando a Carmilla, estaba pintando cerca de la proa, algo habitual, pero vestida, algo poco habitual. Me acerqué a ella con un paso firme, mentalizándome de lo que iba a pasar. De nuevo agarré mi arma por el cañón y golpeé suavemente el hombro de la peliblanca por detrás con la culata del rifle, — Carmilla. — tomé aire, estaba más nerviosa de lo que quería aparentar. — Como sabrás este gremio se dedica a cazar piratas… O bueno, cualquier cosa con recompensa. El caso es que es obligatorio saber defenderse y poder aportar algo en combate. — también me lo decía a mí misma, necesitaba tener claro que tarde o temprano llegaría mi momento de participar activamente en un combate real, y para ese momento debía haberme deshecho de todas mis dudas. — Así que coge tu látigo, tú y yo vamos a entrenar para ver si tienes lo que hay que tener. — otra frase que también iba para mi, desde que me uní a Magna había ido encadenando decepciones, necesitaba plantar el precedente de que podía hacer algo bien, y Carmilla iba a ser ese algo… O eso esperaba. — Si no quieres usar armas podemos hacer un combate a puños, pero no son mi especialidad, y supongo que tampoco la tuya. — Aún así quería dejar esa puerta abierta por si decidía tomar la decisión de fortalecer su cuerpo a cuerpo en lugar de perfeccionar su técnica con el látigo, cualquiera servía para mi, no estaba acostumbrada ni a pegar con los puños ni a usar el arma como pensaba usarla.
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