Parece ser que en esta isla había más que plantas y animales.
La sorpresa de encontrar civilización entre la maleza del bosque se vio extrañamente truncada por la curiosa estampa. Cuando aparecimos en escena, el hombre que más diferente era de los tres en cuanto atavío y poder se enfadó muchísimo. Vociferó que “el trato” se había terminado y que con eso finalizaban las negociaciones. Tras despedirse del que llamó “Panda” se giró y desapareció entre la cruda maleza del bosque para, poco a poco, alejarse de la escena hasta salir del radio de acción de mi Haki de la observación. Solo quedaban los tres individuos que más resaltaban en poder al sentir su aura. El Mink parecía no reaccionar, estando totalmente catatónico y sin emitir sonido alguno. No era capaz de recordar su nombre, si es que lo había escuchado alguna vez, pero cada vez estaba más seguro que habíamos coincidido en la isla del cielo y que su compañía eran piratas. — De hecho… — pensé mientras sacaba el libro, seguro de mí mismo, y comenzaba a ojearlo en busca de los Wanteds que siempre portaba conmigo.
Por otra parte, el individuo más alejado, que parecía haber sido el detonante de la rabieta del que abandonó, no pronunció una sola palabra, pero era perfectamente identificable por el círculo incandescente de lo que parecía ser un cigarro. Fue únicamente el tercero de estos se pronunció contra nosotros, primero cuestionando si éramos amigos del hombre que había marchado y, segundo, queriendo saber de manera instantánea quiénes éramos. Le parecía curioso que apareciéramos “así”. ¿Así cómo? Llevamos toda la tarde dando vueltas por el bosque y hemos llegado andando. Sin embargo, no fue lo estúpido de su razonamiento lo que llamó mi atención, sino su mano sobre lo que parecía ser una katana, detalle que pude advertir mientras alternaba la vista entre las hojas de los Wanteds y el grupo hasta dar con tres caras totalmente reconocibles. Casi parecía un comienzo de un chiste: "Tres miembros de la revolución en mitad del bosque se cruzan con dos cazarrecompensas..."
Estaba claro que eran combatientes y que, por alguna razón, el simple hecho de vernos llegar los había alertado, pese a no conocernos. Eso podía verse en su tono de voz que rozaba la ofensa y la agresividad. No es que me preocupara, Sohem era otro muy parecido, pero a él ya lo conocía. De hecho, parecía conocerlo tan bien que su respuesta no me extrañó en absoluto. No tuvo reparos en enunciar dos palabras que amenazaban desolación: la respiración de la muerte. Una ola de calor sofocante nos sacudió a todos, seguida de otra de energía de haki. Esto debía ser el haki del conquistador. El poder que ya utilizó el emperador Zarutsuki en la isla del cielo, pero que por alguna razón, esta vez no me dejó totalmente inconsciente.
Aquella sacudida de Haki, que si bien no me hizo besar el suelo del bosque, hizo temblar mis huesos. El simple hecho de pensar en ser enemigo de semejante monstruo rivalizaba con la tranquilidad de saber que mientras fuera de utilidad, no sería su presa. Sin embargo, esta ofensiva del enmascarado seguido de su tranquilo paseo hacia el grupo era una clara declaración de intenciones: habrá matanza. Lo que no sabía es que además podría ser rentable. — Premio gordo, jefe. — dije avanzando hacia el grupo justo detrás de él, guardando el libro y dirigiéndome directamente hacia Kisuke, quizá por algún tipo de afinidad por los espadachines — El panda vale doscientos cuarenta y ocho millones, el pelopincho ciento noventa y cinco y el espadachín ciento cincuenta y cinco. — anuncié subiendo la voz, aun sabiendo del buen oído de Sohem, que se había dirigido al Mink. — Hoy vamos a cobrar a lo grande. — dije sonriendo mientras me colocaba justo enfrente del espadachín, cogiendo gentilmente sus espadas con ambas manos y arrebatándoselas. Mientras las sostenía en posición horizontal a la altura de mi nariz, las observaba de lado a lado hasta que finalmente, con una mueca de desaprobación, las dejé caer al suelo sin dejar de mirarle. Tras un segundo de espera totalmente serio, sonreí ampliamente para darle dos ligeras cachetadas en la mejilla izquierda al espadachín. — Eso te pasa por espabilado. — dije con tono burlón para acto seguido pasar la mirada al pelirrojo, que estaba en el mismo estado catatónico que el espadachín, quizá incluso más. — Y tú… ¿Estás bien? — pregunté inclinándome hacia él arqueando una ceja — ¿Necesitas una silla o algo? — dije dando dos pasos hacia atrás en diagonal, dejando en mi margen de visión a la dupla paralizada y al enorme Mink que todavía no había articulado palabra, ahora confrontado por Sohem.
La sorpresa de encontrar civilización entre la maleza del bosque se vio extrañamente truncada por la curiosa estampa. Cuando aparecimos en escena, el hombre que más diferente era de los tres en cuanto atavío y poder se enfadó muchísimo. Vociferó que “el trato” se había terminado y que con eso finalizaban las negociaciones. Tras despedirse del que llamó “Panda” se giró y desapareció entre la cruda maleza del bosque para, poco a poco, alejarse de la escena hasta salir del radio de acción de mi Haki de la observación. Solo quedaban los tres individuos que más resaltaban en poder al sentir su aura. El Mink parecía no reaccionar, estando totalmente catatónico y sin emitir sonido alguno. No era capaz de recordar su nombre, si es que lo había escuchado alguna vez, pero cada vez estaba más seguro que habíamos coincidido en la isla del cielo y que su compañía eran piratas. — De hecho… — pensé mientras sacaba el libro, seguro de mí mismo, y comenzaba a ojearlo en busca de los Wanteds que siempre portaba conmigo.
Por otra parte, el individuo más alejado, que parecía haber sido el detonante de la rabieta del que abandonó, no pronunció una sola palabra, pero era perfectamente identificable por el círculo incandescente de lo que parecía ser un cigarro. Fue únicamente el tercero de estos se pronunció contra nosotros, primero cuestionando si éramos amigos del hombre que había marchado y, segundo, queriendo saber de manera instantánea quiénes éramos. Le parecía curioso que apareciéramos “así”. ¿Así cómo? Llevamos toda la tarde dando vueltas por el bosque y hemos llegado andando. Sin embargo, no fue lo estúpido de su razonamiento lo que llamó mi atención, sino su mano sobre lo que parecía ser una katana, detalle que pude advertir mientras alternaba la vista entre las hojas de los Wanteds y el grupo hasta dar con tres caras totalmente reconocibles. Casi parecía un comienzo de un chiste: "Tres miembros de la revolución en mitad del bosque se cruzan con dos cazarrecompensas..."
Estaba claro que eran combatientes y que, por alguna razón, el simple hecho de vernos llegar los había alertado, pese a no conocernos. Eso podía verse en su tono de voz que rozaba la ofensa y la agresividad. No es que me preocupara, Sohem era otro muy parecido, pero a él ya lo conocía. De hecho, parecía conocerlo tan bien que su respuesta no me extrañó en absoluto. No tuvo reparos en enunciar dos palabras que amenazaban desolación: la respiración de la muerte. Una ola de calor sofocante nos sacudió a todos, seguida de otra de energía de haki. Esto debía ser el haki del conquistador. El poder que ya utilizó el emperador Zarutsuki en la isla del cielo, pero que por alguna razón, esta vez no me dejó totalmente inconsciente.
Aquella sacudida de Haki, que si bien no me hizo besar el suelo del bosque, hizo temblar mis huesos. El simple hecho de pensar en ser enemigo de semejante monstruo rivalizaba con la tranquilidad de saber que mientras fuera de utilidad, no sería su presa. Sin embargo, esta ofensiva del enmascarado seguido de su tranquilo paseo hacia el grupo era una clara declaración de intenciones: habrá matanza. Lo que no sabía es que además podría ser rentable. — Premio gordo, jefe. — dije avanzando hacia el grupo justo detrás de él, guardando el libro y dirigiéndome directamente hacia Kisuke, quizá por algún tipo de afinidad por los espadachines — El panda vale doscientos cuarenta y ocho millones, el pelopincho ciento noventa y cinco y el espadachín ciento cincuenta y cinco. — anuncié subiendo la voz, aun sabiendo del buen oído de Sohem, que se había dirigido al Mink. — Hoy vamos a cobrar a lo grande. — dije sonriendo mientras me colocaba justo enfrente del espadachín, cogiendo gentilmente sus espadas con ambas manos y arrebatándoselas. Mientras las sostenía en posición horizontal a la altura de mi nariz, las observaba de lado a lado hasta que finalmente, con una mueca de desaprobación, las dejé caer al suelo sin dejar de mirarle. Tras un segundo de espera totalmente serio, sonreí ampliamente para darle dos ligeras cachetadas en la mejilla izquierda al espadachín. — Eso te pasa por espabilado. — dije con tono burlón para acto seguido pasar la mirada al pelirrojo, que estaba en el mismo estado catatónico que el espadachín, quizá incluso más. — Y tú… ¿Estás bien? — pregunté inclinándome hacia él arqueando una ceja — ¿Necesitas una silla o algo? — dije dando dos pasos hacia atrás en diagonal, dejando en mi margen de visión a la dupla paralizada y al enorme Mink que todavía no había articulado palabra, ahora confrontado por Sohem.
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