06-10-2024, 05:07 PM
(Última modificación: 06-10-2024, 06:13 PM por Saint Ethanbaron V. Nusjuro.
Razón: La próxima vez que pongas los karmas así, borraremos el post.
)
A medida que el sándwich iba menguando su tamaño, el sabor picante inundaba mi lengua. De entre todos los sabores, era lo único que realmente encendía la chispa para mis sentidos. Tal era el nivel que todo lo demás que comía me sabía más insípido que unas gachas de arroz aguadas. Esa era la razón por la que siempre llevaba conmigo una botellita de salsa Sriracha, la cual está compuesta por chiles picantes y ajo fermentados. Cualquier cosa mejoraba con tan solo echarle unas gotas, y a pesar de que me encantaba el kimchi, rebusqué en mi bolso para echarle unas gotas de ese néctar divino. Abrí los ojos, sorprendida, al darme cuenta de que me había dejado la botella en nuestra habitación. Bueno, mi habitación ahora. No estaba en mis cabales, claramente. ¿Cómo podía haber olvidado algo tan valioso para mí? “Bueno, cosas que pasan. Sigue siendo kimchi.”, me dije a mí misma lanzando un sonoro suspiro. Mi deleite con aquel manjar hizo que me distrajese, y al alzar la vista de nuevo hacia al mar, a lo lejos podía verse perfectamente un barco de la Marina y un pequeño bote de remos volviendo hacia él. En la orilla, un joven de pelos rubios y aspecto un tanto desaliñado se había quedado mirándome. Si bien no llevaba el uniforme completo, desde lejos se podía ver el logo en su camisa ondeando con el viento. Suspiré y puse los ojos en blanco un momento, no por como llevaba el uniforme sino por llevarlo. Estiré la mano derecha por encima de la cabeza y le hice un gesto para que se acercara, sin levantarme de mi toalla. Mientras tenía mi vista fijada en él, escuché a alguien que se aproximaba también y, al dirigir la mirada en su dirección, vi a otro marine acercándose con el uniforme. Cerré los ojos un momento, llevándome el pulgar y el índice entre los ojos. “Esto sí que me da dolor de cabeza”, pensé suspirando nuevamente. Una vez estuvieron ambos frente a mí, el segundo en llegar, el cual era gyojin, saludó formalmente y se presentó como Fuguwu. Me puse en pie y respondí con una sonrisa que rápidamente se borró de mi cara. Me crucé de brazos, mordiéndome el labio y mirando a ambos de arriba a abajo.
—Fuera ropa. Los dos. Ahora. —ordené llevándome una mano al pelo y sacudiéndolo— Estamos en territorio Revolucionario, ¿no os han avisado? —pregunté a ambos bastante incrédula— Fue lo primero que nos dijeron al enviarnos aquí, así que los uniformes quedan prohibidos durante nuestra estancia, ¿sabéis? —expliqué, esperando que no reprochasen— Podéis considerarme la segunda al mando. —mentí, aunque realmente casi que yo lo veía así— Joe es el líder de la división, me ha mandado a recibiros antes de encontraros con él. Espero que nadie os haya visto con esas ropas… —murmuré mientras me levantaba recogiendo mi bolso— Voy a avisar de que ya estáis aquí.
Introduje mi mano en el bolso para buscar el Den Den Mushi, pero un sonido me alertó de que alguien más se aproximaba por la playa antes de sacarlo. Arrugué la frente y rápidamente giré la cabeza en la dirección de la que procedía el sonido. Acercándose a nosotros había una mujer, de aspecto atlético y con unas piernas kilométricas bien tonificadas. Alcé una mano hacia mis nuevos compañeros mientras me giraba en dirección a ella y activaba el kenbunshoku a una distancia de 50 metros. Esa mujer era peligrosa. Solo con extender mi aura pude comprender que estaba por encima de nosotros individualmente, no era una don nadie. Si bien notaba cierta cautela en sus emociones, también podía notar determinación. Probablemente, se avecinaba una batalla. Joder, era lo último que me apetecía en ese momento, y aunque al sentir el aura de mis compañeros me había sorprendido porque esperaba que fuesen más débiles, el gyojin parecía quedarse un poco atrás. La mujer se plantó frente a mí, a dos metros exactamente y saludó como si no pasara nada. Lanzó una pregunta al aire, sobre como se llama a un pirata que no sabe disparar. Me mostré confundida, quedando ligeramente boquiabierta, pues la pregunta me había pillado por sorpresa. Antes de que pudiera responder, ella misma dijo que se llamaba un futuro recluta de los marines.
—Shshshshsh. —reí ligeramente, pues tenía su gracia, ya que la fama de la puntería de los soldados rasos era ampliamente conocida— Reconozco que ha sido bueno, ¿sabes? —respondí a su extraño chiste.
¿Tal vez no viniese tan de malas como había esperado? Por desgracia, enseguida esa pequeña esperanza desapareció por completo. Su nombre era Marcia y pertenecía al ejército revolucionario. Comentó que no quería hacernos daño, que podíamos ir a hablar con su líder y después marcharnos o pelear y acabar mal. La verdad que parecía sincero, pero sus emociones no me transmitían lo mismo.
—¿Solo hablar? —pregunté amablemente mientras recogía mi pelo en un moño desenfadado— La verdad que no me parece un mal plan. ¿Y de qué quiere hablar alguien como él con unos don nadie como estos? —pregunté con curiosidad para ver que respondía, esperando que no se tomasen a mal mis palabras— Soy Ikirami, capitana de la Marina, y estos dos no son más que unos novatos, ¿sabes? Si permites que se vayan con el rabo entre las piernas, te acompañaré.
Algo me decía que no iba a aceptar, pero lo cierto era que prefería evitar el conflicto y no me hacía ninguna gracia que la bienvenida de los dos acabase en una peligrosa batalla. ¿Podría hablar con su líder de forma pacífica y volver como si nada? Dudaba mucho que algo así pudiese pasar, pero ya me las arreglaría de alguna forma. Lo primero era que mis compañeros estuviesen a salvo.
—Fuera ropa. Los dos. Ahora. —ordené llevándome una mano al pelo y sacudiéndolo— Estamos en territorio Revolucionario, ¿no os han avisado? —pregunté a ambos bastante incrédula— Fue lo primero que nos dijeron al enviarnos aquí, así que los uniformes quedan prohibidos durante nuestra estancia, ¿sabéis? —expliqué, esperando que no reprochasen— Podéis considerarme la segunda al mando. —mentí, aunque realmente casi que yo lo veía así— Joe es el líder de la división, me ha mandado a recibiros antes de encontraros con él. Espero que nadie os haya visto con esas ropas… —murmuré mientras me levantaba recogiendo mi bolso— Voy a avisar de que ya estáis aquí.
Introduje mi mano en el bolso para buscar el Den Den Mushi, pero un sonido me alertó de que alguien más se aproximaba por la playa antes de sacarlo. Arrugué la frente y rápidamente giré la cabeza en la dirección de la que procedía el sonido. Acercándose a nosotros había una mujer, de aspecto atlético y con unas piernas kilométricas bien tonificadas. Alcé una mano hacia mis nuevos compañeros mientras me giraba en dirección a ella y activaba el kenbunshoku a una distancia de 50 metros. Esa mujer era peligrosa. Solo con extender mi aura pude comprender que estaba por encima de nosotros individualmente, no era una don nadie. Si bien notaba cierta cautela en sus emociones, también podía notar determinación. Probablemente, se avecinaba una batalla. Joder, era lo último que me apetecía en ese momento, y aunque al sentir el aura de mis compañeros me había sorprendido porque esperaba que fuesen más débiles, el gyojin parecía quedarse un poco atrás. La mujer se plantó frente a mí, a dos metros exactamente y saludó como si no pasara nada. Lanzó una pregunta al aire, sobre como se llama a un pirata que no sabe disparar. Me mostré confundida, quedando ligeramente boquiabierta, pues la pregunta me había pillado por sorpresa. Antes de que pudiera responder, ella misma dijo que se llamaba un futuro recluta de los marines.
—Shshshshsh. —reí ligeramente, pues tenía su gracia, ya que la fama de la puntería de los soldados rasos era ampliamente conocida— Reconozco que ha sido bueno, ¿sabes? —respondí a su extraño chiste.
¿Tal vez no viniese tan de malas como había esperado? Por desgracia, enseguida esa pequeña esperanza desapareció por completo. Su nombre era Marcia y pertenecía al ejército revolucionario. Comentó que no quería hacernos daño, que podíamos ir a hablar con su líder y después marcharnos o pelear y acabar mal. La verdad que parecía sincero, pero sus emociones no me transmitían lo mismo.
—¿Solo hablar? —pregunté amablemente mientras recogía mi pelo en un moño desenfadado— La verdad que no me parece un mal plan. ¿Y de qué quiere hablar alguien como él con unos don nadie como estos? —pregunté con curiosidad para ver que respondía, esperando que no se tomasen a mal mis palabras— Soy Ikirami, capitana de la Marina, y estos dos no son más que unos novatos, ¿sabes? Si permites que se vayan con el rabo entre las piernas, te acompañaré.
Algo me decía que no iba a aceptar, pero lo cierto era que prefería evitar el conflicto y no me hacía ninguna gracia que la bienvenida de los dos acabase en una peligrosa batalla. ¿Podría hablar con su líder de forma pacífica y volver como si nada? Dudaba mucho que algo así pudiese pasar, pero ya me las arreglaría de alguna forma. Lo primero era que mis compañeros estuviesen a salvo.
Resumen
Karmas
Bélico
Inventario

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