07-09-2023, 11:27 PM
Seres pequeños como ratas eran los Tontattas, seguramente vivan en flores o dentro de las setas, coman bayas y usen cubiertos pequeñitos. No dejaban de ser criaturas raras y extraordinarias. Si vivieran en la granja sin duda yo les dejaría mis cosas para que se hicieran una de sus casitas diminutas. Conforme Legan me contaba, era maravilloso escuchar lo diverso que era el mundo. Qué envidia no tener responsabilidades en un sitio concreto. Aunque, si lo pienso, tal vez me gustara escuchar todas esas historias ya que no me hacían sentir tan diferente con dos alas y antenas de bicho en la cabeza. Vivir en el mismo pueblo y rodeada de la misma gente hacía que mi visión del mundo fuera bastante limitada.
Aunque no pudiera marcharme de aquí por el momento, su propuesta me hizo tener más presente la idea de salir a conocer mundo. Me alegré de que se tomara tan bien mi respuesta. Entendió a la perfección que mi vida estaba aquí y que no podía dejarlo todo tan fácilmente. Él sabía muchas cosas y aun así estaba convencido de que lo había visto era muy poco. Entonces yo sí que tenía trabajo por hacer y mundo por recorrer.
Se levantó para darle a la vieja lo que parecía ser dinero. Hace tiempo que no me cobraba nada de lo que me servía. Dios sabe lo que llevarían las bebidas para que me las diera gratis. Pero al menos, sé que a ella el dinero le vendrá bien para poder vestir a sus gatos.
Parecía que la conversación había llegado a su fin y que tendría que irse a su próximo destino. -Si es que vuelves por aquí, pásate por mi granja a saludar – me levanté y empecé a sonreír, pero me entró un ataque de tos y tuve que escupir de nuevo. – Y si no, estoy segura de que nos encontraremos en alguna parte del mundo. Me acerqué a la puerta del viejo granero y con otra sonrisa, esta vez sin tos, me despedí con la mano de Legan con la esperanza de volver a verle. Conocerle me sirvió para darme cuenta de muchas cosas, entre ellas, que la libertad estaba más a mi alcance de lo que yo creía. Lo había pasado muy bien, pero definitivamente era momento de volver al trabajo. Los animales me estarían esperando para comer y, si tenía tiempo, podría jugar un poco a disparar botellas.
