08-09-2023, 12:55 AM
El descenso y el consiguiente desplazamiento a través de la maleza y las inclemencias de la vegetación no pretendieron lo más mínimo ponerme las cosas fáciles en mi travesía. Pequeños desprendimientos de rocas, zarzas, ramas, raíces gordas y desniveles del terreno parecían poner de su parte para tratar de obligarme a ensayar una coreografía variopinta sin buenos resultados. La caída del astro rey sólo me precipitaba hacia el inclemente tic-tac del destino y el otrora reinado de la penumbra pareciera asomar por la fina línea del horizonte, conforme absorbía y devoraba aquella inmensa bola de fuego celestial.
Mis pasos me llevaron hasta la entrada de la cueva, frente a un escenario que gritaba con muchísima fuerza que había peligro. Paré en seco en las inmediaciones limítrofes del habitáculo pedregoso. Dos antorchas en el suelo, aun luciendo, aun enteras pese a estar sobre lo que parecía ser un líquido. Me agaché para acuclillarme y pude apreciar mejor el lecho bajo mis pies: un mar de sangre. La luz de las antorchas tintineaba frente al tapiz carmesí bajo mis pies y este se extendía mucho más allá de lo que mi mano extendida pudiera alcanzar. De hecho, al fondo en la cueva aun bañados por dicha sangre, dos cuerpos más desmembrados junto a ¿un cofre?. Entorné los ojos y me sumí en el absoluto silencio que inundaba el entorno.
Si ese cofre era lo que estos tipos habían venido a buscar, seguramente fuera lo mismo que la nota de Taka revalorizaba. Lo cual daría sentido a la fogata de la jungla, o al barco de la costa: El soplo había llegado a más personas y querían lo que fuera que estuviese aquí. Tanto es así que estaban dispuestos a perder la vida por ello... algo que yo no estaba tan seguro de querer. Lo que era obvio es que esos cuerpos habían encontrado su fatal destino dentro de la cueva, pues no había signos de haber sido arrastrados desde fuera, ni sangre, ni tierra removida. Así que esto debía de ser el cubil de algo que había sido capaz de despiezar a... suponía que dos hombres adultos, pero a saber.
Me incorporé y chasqueé la lengua, en parte por costumbre y en parte molesto por la situación. No podía dejar pasar ese cofre, pero tampoco podía acabar como esos dos, de modo que me concentré al máximo posible para que mi capacidad auditiva - que ya era mejor que la media - me permitiera discernir algo entre el silencio que imperaba. Un crujido, un siseo, una pista... mas sabía que un depredador no se mueve hasta que sabe que puede atacar. Era algo que había aprendido bien.
Así pues, me agaché y agarré una de las antorchas, lanzándola con fuerza hacia el interior de la cueva, avanzando el pedazo de madera describiendo un círculo de fuego que se precipitaba hacia el suelo, impactando contra el mismo y lo que quiera que hubiera en él, fuese todo sangre o no. Tras eso, esperé. Simplemente, ahí parado en la puerta, observé, escuché y esperé.
Mis pasos me llevaron hasta la entrada de la cueva, frente a un escenario que gritaba con muchísima fuerza que había peligro. Paré en seco en las inmediaciones limítrofes del habitáculo pedregoso. Dos antorchas en el suelo, aun luciendo, aun enteras pese a estar sobre lo que parecía ser un líquido. Me agaché para acuclillarme y pude apreciar mejor el lecho bajo mis pies: un mar de sangre. La luz de las antorchas tintineaba frente al tapiz carmesí bajo mis pies y este se extendía mucho más allá de lo que mi mano extendida pudiera alcanzar. De hecho, al fondo en la cueva aun bañados por dicha sangre, dos cuerpos más desmembrados junto a ¿un cofre?. Entorné los ojos y me sumí en el absoluto silencio que inundaba el entorno.
Si ese cofre era lo que estos tipos habían venido a buscar, seguramente fuera lo mismo que la nota de Taka revalorizaba. Lo cual daría sentido a la fogata de la jungla, o al barco de la costa: El soplo había llegado a más personas y querían lo que fuera que estuviese aquí. Tanto es así que estaban dispuestos a perder la vida por ello... algo que yo no estaba tan seguro de querer. Lo que era obvio es que esos cuerpos habían encontrado su fatal destino dentro de la cueva, pues no había signos de haber sido arrastrados desde fuera, ni sangre, ni tierra removida. Así que esto debía de ser el cubil de algo que había sido capaz de despiezar a... suponía que dos hombres adultos, pero a saber.
Me incorporé y chasqueé la lengua, en parte por costumbre y en parte molesto por la situación. No podía dejar pasar ese cofre, pero tampoco podía acabar como esos dos, de modo que me concentré al máximo posible para que mi capacidad auditiva - que ya era mejor que la media - me permitiera discernir algo entre el silencio que imperaba. Un crujido, un siseo, una pista... mas sabía que un depredador no se mueve hasta que sabe que puede atacar. Era algo que había aprendido bien.
Así pues, me agaché y agarré una de las antorchas, lanzándola con fuerza hacia el interior de la cueva, avanzando el pedazo de madera describiendo un círculo de fuego que se precipitaba hacia el suelo, impactando contra el mismo y lo que quiera que hubiera en él, fuese todo sangre o no. Tras eso, esperé. Simplemente, ahí parado en la puerta, observé, escuché y esperé.

![[Imagen: mz3XEoL.png]](https://i.imgur.com/mz3XEoL.png)