09-10-2024, 03:07 PM
El olor a madera quemada y brasas se apoderó del ambiente. La doble explosión de calor había incinerado las vegetación más secas de las proximidades del bosque, tanto las briznas de hierba como las hojas de las copas de los árboles y mi propio infierno se había desatado en aquel vergel o lo que fuera que fuese esta isla. Había pasado de un páramo de rocas a un páramo de plantas, y empezaba a estar hasta los cojones. Necesitábamos civilización neutral y corriente para poder comerciar y nutrirnos de útiles y víveres. Aunque si bien era cierto que encontrarse seiscientos millones al alcance de la mano hacían que cualquier páramo mereciese la pena. Y tanto que iba a merecer la pena.
En ese momento y tras retroceder levemente, el mink miró al cielo y con sendos espasmos musculares su masa y tamaño se vieron implementados de forma sobremanera. Dobló su tamaño, alcanzando los ocho metros de altura y aumentó por mas del doble su masa muscular, sobre todo en el tren superior, perdiendo las motas negras de su pelaje y adquiriendo un manto tan níveo como el de la propia transformación de Viktor. Abrí los ojos de par en par, emocionado. Se estaba convirtiendo en una auténtica bestia y era casi tan grande como Sasha en su forma de lagarto cornudo, o aquel gigante calvo y barbudo de la isla Toko, del que nunca supe el nombre. Era realmente una montaña de músculos y pelo, que estaba rodeada por una tormenta eléctrica que abogaba por una destrucción inminente. Apreté los puños y los solté dos veces, al mismo tiempo que chasqueaba la lengua y doblaba un poco las rodillas. Poco me importaban Viktor y los dos paletos que tenía que reducir - y haría sin dudas ni esfuerzo - que tenía con él. Nunca me había peleado con un mink, y menos aun con uno que pudiera mutar y convertirse en aquella bestia eléctrica... ¿sería acaso el poder de una akuma no mi?
La respuesta del oso a mis palabras llegó a mis oídos y me hizo sentir como cuando era un niño y anunciaban que había un nuevo lote de esclavos. ¡Decía que me iba a matar! — ¡¡ WRYYY HA HA HA HA !! — reí a carcajadas viendo como acumulaba electricidad en su - lo que sería brazo - zarpa derecha, formando una esfera blanquecina y preparando un golpe — ¡¡Vamos a hac...!! — dije, siendo interrumpido por un potente golpe al costado izquierdo que enmudeció mis palabras y me hizo doblarme a favor del mismo, escuchando crujir mis huesos y sintiendo una descarga por toda la zona de impacto, desplazándome un paso en el sentido contrario del golpe, tosiendo una bocanada de sangre tras el contacto. Con ese movimiento, el gran oso retrocedió un poco más y yo llevé la diestra al costado afectado - el contrario - sintiendo el tremendo golpe y notando el cuerpo agarrotado por el mismo, como sufriendo un espasmo muscular. Alcé la vista para verlo algunos metros frente a mi y tosí sangre de nuevo, volviendo a erguirme frotándome con la mano derecha el costado herido — ¡¡ WRYYY HA HA HA HA HA HA !! — reí de nuevo, ahora con más ganas aun — ¡Bien! — llevando la mano izquierda hacia el mango de Ein Hauch — ¿Puedes hacer algo más fuerte...? — le pregunté con sorna, sonriendo como un crío bajo mi máscara, que tenía pequeñas cascadas de hilos de sangre por sus agujeros — ¿... o ya me toca a mi? — concluí tratando de mover un pie y sintiendo como mis músculos del tren inferior no respondían bien - o mejor dicho, respondían muy lento - fruto del calambre y el impacto de su golpe, sin perder contacto visual con él. No sabía cómo podría aguantarle el ritmo a algo tan rápido y menos estando yo impedido de aquella forma, y ni que decir tiene que no contaba con que fuera a darme tiempo de cargar mi calor para aumentar mi velocidad, así que tendría que confiar en mi resistencia. Era un buen ejercicio.
En ese momento y tras retroceder levemente, el mink miró al cielo y con sendos espasmos musculares su masa y tamaño se vieron implementados de forma sobremanera. Dobló su tamaño, alcanzando los ocho metros de altura y aumentó por mas del doble su masa muscular, sobre todo en el tren superior, perdiendo las motas negras de su pelaje y adquiriendo un manto tan níveo como el de la propia transformación de Viktor. Abrí los ojos de par en par, emocionado. Se estaba convirtiendo en una auténtica bestia y era casi tan grande como Sasha en su forma de lagarto cornudo, o aquel gigante calvo y barbudo de la isla Toko, del que nunca supe el nombre. Era realmente una montaña de músculos y pelo, que estaba rodeada por una tormenta eléctrica que abogaba por una destrucción inminente. Apreté los puños y los solté dos veces, al mismo tiempo que chasqueaba la lengua y doblaba un poco las rodillas. Poco me importaban Viktor y los dos paletos que tenía que reducir - y haría sin dudas ni esfuerzo - que tenía con él. Nunca me había peleado con un mink, y menos aun con uno que pudiera mutar y convertirse en aquella bestia eléctrica... ¿sería acaso el poder de una akuma no mi?
La respuesta del oso a mis palabras llegó a mis oídos y me hizo sentir como cuando era un niño y anunciaban que había un nuevo lote de esclavos. ¡Decía que me iba a matar! — ¡¡ WRYYY HA HA HA HA !! — reí a carcajadas viendo como acumulaba electricidad en su - lo que sería brazo - zarpa derecha, formando una esfera blanquecina y preparando un golpe — ¡¡Vamos a hac...!! — dije, siendo interrumpido por un potente golpe al costado izquierdo que enmudeció mis palabras y me hizo doblarme a favor del mismo, escuchando crujir mis huesos y sintiendo una descarga por toda la zona de impacto, desplazándome un paso en el sentido contrario del golpe, tosiendo una bocanada de sangre tras el contacto. Con ese movimiento, el gran oso retrocedió un poco más y yo llevé la diestra al costado afectado - el contrario - sintiendo el tremendo golpe y notando el cuerpo agarrotado por el mismo, como sufriendo un espasmo muscular. Alcé la vista para verlo algunos metros frente a mi y tosí sangre de nuevo, volviendo a erguirme frotándome con la mano derecha el costado herido — ¡¡ WRYYY HA HA HA HA HA HA !! — reí de nuevo, ahora con más ganas aun — ¡Bien! — llevando la mano izquierda hacia el mango de Ein Hauch — ¿Puedes hacer algo más fuerte...? — le pregunté con sorna, sonriendo como un crío bajo mi máscara, que tenía pequeñas cascadas de hilos de sangre por sus agujeros — ¿... o ya me toca a mi? — concluí tratando de mover un pie y sintiendo como mis músculos del tren inferior no respondían bien - o mejor dicho, respondían muy lento - fruto del calambre y el impacto de su golpe, sin perder contacto visual con él. No sabía cómo podría aguantarle el ritmo a algo tan rápido y menos estando yo impedido de aquella forma, y ni que decir tiene que no contaba con que fuera a darme tiempo de cargar mi calor para aumentar mi velocidad, así que tendría que confiar en mi resistencia. Era un buen ejercicio.
Bélico
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