11-10-2024, 10:40 AM
Leyenda
Invierno, Año 13
Ciudad de Lègance, Isla Neur
Día 32, 08:45 AM
- Sí, sí. Ahora voy, Mandarina - hablé al felino, quien maullaba subido en la pequeña mesita de la habitación - Me curo esto, termino de vestirme y estoy lista - expliqué, recibiendo otro maullido como respuesta. Me limpié suavemente la zona del tatuaje, con un poco de jabón y sin frotar. Había perdido algo de color, lo cual la chica me dijo que era normal. De hecho, tenía una cita con ella en un par de días, para repasarme el tatuaje. Me dijo que no iba a cobrarme porque le había caído bien. No me pareció justo, por lo que pasé este tiempo ayudándole (principalmente librándome de pesados que no tenían nada mejor que hacer que ir a su local a molestar).
- Vale, parece que ya está - cubrí el tatuaje, antes de agacharme. Separé los mechones carmesíes de mi pelo, desenredando un par de nudos, antes de levantarme bruscamente. Terminé de vestirme. Llevaba ya un tiempo con este aspecto de pollo y seguía sin gustarme. Esta forma era realmente útil. Me permitía moverme mucho más rápido y también era más fuerte, pero tenía bastantes inconvenientes.
Estuve investigando en la biblioteca de la ciudad acerca de los poderes de mi fruta. Tras muchas horas en la biblioteca y leer una descomunal cantidad de libros, descubrí que había una forma de volver a tener mi anterior aspecto. Parecía que lo que desencadenaba aquella extraña transformación no era otra cosa que mi muerte, por lo que si quería volver a ser la misma semioni albina de siempre tenía que morirme. Y no una si no dos veces. A decir verdad no era algo complicado, no me hacía falta más que encontrar un lugar lo suficientemente alto del que saltar, o encontrar a alguien que me vendiera un veneno lo suficientemente fuerte y tomarme un zumito de uva letal. Pero no podía hacer eso. No por que tuviera miedo a morir, pues sabía que iba a volver a vivir), si no que no estaba preparada para ir a ver a Maeve otra vez. La próxima vez que fuera con ella tendría que contarle todas las aventuras que había tenido en ese tiempo, y la verdad es que decirle "Mira pues, hemos salido de esa selva del demonio, hemos perdido la Rémora, he ido donde una chica muy maja a hacerme un tatuaje para no olvidar el día que me dejaste, y ahora soy un pollo, pero como no me gusta (aunque al pequeño Mandarina le guste tumbarse en mi pecho porque está mullidito) estoy aquí de vuelta contigo para recuperar mi forma humana, bueno, de semioni. Ah, y poco después de que me vaya voy a volver otra ve." no era para nada algo que quisiera decir. Cuando fuera con ella tenía que contarle cosas realmente interesantes, así que me tocaría vivirlas antes.
Tras vestirme me acerqué a la pequeña mesita de la habitación. Aparté a Mandarina, sentándole en mi hombro derecho, y comencé a recoger mis cosas. Las fui guardando con cuidado en mi bolsa, antes de comprobar que estaba todo. Tras eso, salí de la habitación y me dirigí a la recepción.
- Hola - saludé a la recepcionista, la cual era una mujer de mediana edad, bastante guapa. Tenía el pelo moreno y rizado y unas facciones suaves - Hola ¿Ya te vas? - preguntó. Asentí - Es una pena. Me gustaba tenerte por aquí, le das bastante vida a este sitio - sonreí, agradada por sus palabras. Tras charlar un rato acerca de los planes que teníamos me despedí de ella y salí
- Vale, ahora tengo que encontrar a Ashura - me dije a mi misma. Llevaba unos días buscándole sin éxito. No había escuchado nada de él desde que nos separamos, lo cual se me hacía muy raro. Parecía una persona que estaría constantemente peleándose con gente o armando escándalo.
- Vale, Mandarina. Si fueras un semioni gigante con ganas de matar a todo lo que te cruzas, ¿dónde estarías? - pregunté al felino mientras caminaba
Akuma
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