Tras el impacto y el sonoro replicar del metal imitando a una campana y produciendo un espaciado eco por el bosque, el estruendo del cuerpo del mink cayendo al suelo fue la nota final de la serenata que estábamos componiendo. Cayó a plomo, con los brazos extendidos y las rodillas semiflexionadas hacia un lado, mientras se encogía de tamaño y perdía tanto la blancura en el pelaje como el manto eléctrico. Un solo golpe. Cuadré de nuevo mi postura erguida y mire a Ein Hauch sostenido con mi siniestra, mientras las llamas crepitaban brotando de él dada la ingente temperatura a la que lo sometía. Un sólo golpe y había tumbado a aquel enorme monstruo. Di una patada leve con la punta del pie hacia la zarpa trasera derecha del mink, viendo como esta cedía ante la presión y se estiraba sin tono ni respuesta. Estaba completamente inconsciente. Chasqueé la lengua ladeando ligeramente la cabeza y apreté el puño con fuerza unos segundos antes de aflojar el agarre, y con él, desaparecer progresivamente las llamas del mismo y el color incandescente del metal. Había ganado.
Sí que era verdad que el poder de mi akuma no mi lo había ido debilitando con las oleadas de calor - que por el momento habían sido tres - y eso sin duda era un daño a tener en cuenta, pero tenía que aprender a controlarme si quería que las batallas me durasen mas. Así no iba a encontrar rivales como Triana Tempesta, pero si me confiaba tanto como con ella, podrían volver a llevarme a ese extremo, o quizá hacerme cruzar el río con el barquero... Esa dicotomía era difícil de solucionar: ¿Disfrutar más de los combates y correr el riesgo de perder, o morir, o acabar con mis enemigos rápido y con un poder aplastante? No podía decirme en este momento, y el sentimiento de satisfacción de volver a vencer, se mezclaba con la amargura del placer que dura poco, y la impotencia de la perdida del autocontrol.
Suspiré y guardé mi arma de nuevo en su soporte en mi espalda, mientras daba un par de pasos hacia el úrsido abatido y acuclillarme mientras agarraba su muñeca para comprobar su pulso. Sonreí tímidamente a los pocos segundos: aun tenía pulso. Y echándole un ojo por encima, no parecía tener ninguna herida grave. Los huesos parecían en su sitio, su pecho aun se movía con sus respiraciones y yo no producía cortes, aunque sí que estaba lleno de quemaduras. Nada que el agua del río cercano y unas cuantas semanas de ungüentos no solucionasen. Me erguí de nuevo escuchando las palabras y uno de los presentes, haciendo que girase mi cabeza para mirar por encima del hombro, sin voltear mi postura. Era el pelirrojo, que aun seguía consciente pero estaba tirado en el suelo calcinado y húmedo, embarrado - posiblemente por los poderes de Viktor derretidos por mi calor, humedeciendo y ablandando la tierra - decía que sus dos compañeros eran el futuro de la Revolución. Miré al otro tipo en el suelo, un único tajo en el pecho, muerto. Pero unos segundos de observación me permitieron ver su pecho moverse también, como el panda, así que no estaba muerto y también estaba inconsciente. Negué con la cabeza nuevamente y dejé de mirar en esa dirección, girando el rostro para mirar hacia el panda y con un par de movimientos subirme sobre su panza y quedar sentado en ella, con las piernas colgando.
— El futuro de la revolución... — pensé mientras me acomodaba y alzaba la vista para observar a Viktor entre los dos cuerpos en el suelo. Suspiré de nuevo y la presión espiritual que ejercía desapareció, junto con la agonía respiratoria de Breath Death... Ya no tenía sentido seguir humillando a esta gente. El panda había sido interesante, desde luego, esa habilidad para transformarse en algo enorme y centelleante, y lo que parecía que iba a hacer de convertir el suelo en la inestabilidad del mar parecían habilidades que me habría gustado ver más en acción. Y aunque por algún motivo detestaba a este hijo de la gran puta, no quería matarlo. Quería ver si en otras condiciones, sin tener que preocuparnos por nadie mas, podría darme una pelea más extensa y más limitante. Quería ver hasta donde podía llegar este "futuro de la revolución". Pero el resto era otro cantar. No me habían parecido lo suficientemente interesantes como para siquiera enfrentarlos, y mucho menos como para dejarles vivir para poder enfrentarlos el día de mañana... Además, Viktor no parecía haber recibido ningún ataque por su parte y no parecía estar herido en lo absoluto, así que suponía que contra mi habrían tenido peores resultados que los obtenidos por su amigo el mink.
— ¿Esto es el futuro de la revolución? — pregunté retóricamente — ¿Y se supone que vosotros vais a acabar con el régimen establecido? — añadí, con sorna — Con suerte el oso sería un buen esclavo-montura — dije dando pequeños respingos sentado sobre el panda, y llevé la mano izquierda hacia su rostro, agarrando su morro como si de un perrito se tratase, mientras miraba fijamente al pelirrojo — Pero aquí no hay futuro — en adición a esto, solté la cara del mink y di dos bofetones de forma sonora y despectiva con el reverso de la mano — Sólo un sillón — sentencié, y llevé la mano al interior de mi chaqueta buscando el Den Den Mushi que usaba para comunicarme normalmente. Si Viktor tenía sus wanteds, en ellos estaban sus nombres, y si estaban sus nombres es que estaban fichados por la Marina, así que era momento de ver qué tal le iba a cierto amigo barbudo y de averiguar cómo de importantes eran este trío de libertadores de medio pelo.
Alcé la mirada hacia Viktor, quien permanecía frente al cuerpo del que aun estaba consciente — Deja al panda vivo, quiero cazarlo más adelante. Con el resto haz lo que quieras — ordené, y terminé de sacar el caracol del bolsillo, quedándome mirándolo fijamente el animal dormido mientras pensaba en uno de los conflictos más complicados a los que me había enfrentado en los últimos meses. Una situación que vulneraba los límites de mis capacidades y mi poder y que me llevaba a extremos en los que las decisiones se tornaban más complejas que la respuesta a la vida misma. Un muro que, aun con todo mi poder, no podía escalar: ¿Cual era el número de Joe?
Sí que era verdad que el poder de mi akuma no mi lo había ido debilitando con las oleadas de calor - que por el momento habían sido tres - y eso sin duda era un daño a tener en cuenta, pero tenía que aprender a controlarme si quería que las batallas me durasen mas. Así no iba a encontrar rivales como Triana Tempesta, pero si me confiaba tanto como con ella, podrían volver a llevarme a ese extremo, o quizá hacerme cruzar el río con el barquero... Esa dicotomía era difícil de solucionar: ¿Disfrutar más de los combates y correr el riesgo de perder, o morir, o acabar con mis enemigos rápido y con un poder aplastante? No podía decirme en este momento, y el sentimiento de satisfacción de volver a vencer, se mezclaba con la amargura del placer que dura poco, y la impotencia de la perdida del autocontrol.
Suspiré y guardé mi arma de nuevo en su soporte en mi espalda, mientras daba un par de pasos hacia el úrsido abatido y acuclillarme mientras agarraba su muñeca para comprobar su pulso. Sonreí tímidamente a los pocos segundos: aun tenía pulso. Y echándole un ojo por encima, no parecía tener ninguna herida grave. Los huesos parecían en su sitio, su pecho aun se movía con sus respiraciones y yo no producía cortes, aunque sí que estaba lleno de quemaduras. Nada que el agua del río cercano y unas cuantas semanas de ungüentos no solucionasen. Me erguí de nuevo escuchando las palabras y uno de los presentes, haciendo que girase mi cabeza para mirar por encima del hombro, sin voltear mi postura. Era el pelirrojo, que aun seguía consciente pero estaba tirado en el suelo calcinado y húmedo, embarrado - posiblemente por los poderes de Viktor derretidos por mi calor, humedeciendo y ablandando la tierra - decía que sus dos compañeros eran el futuro de la Revolución. Miré al otro tipo en el suelo, un único tajo en el pecho, muerto. Pero unos segundos de observación me permitieron ver su pecho moverse también, como el panda, así que no estaba muerto y también estaba inconsciente. Negué con la cabeza nuevamente y dejé de mirar en esa dirección, girando el rostro para mirar hacia el panda y con un par de movimientos subirme sobre su panza y quedar sentado en ella, con las piernas colgando.
— El futuro de la revolución... — pensé mientras me acomodaba y alzaba la vista para observar a Viktor entre los dos cuerpos en el suelo. Suspiré de nuevo y la presión espiritual que ejercía desapareció, junto con la agonía respiratoria de Breath Death... Ya no tenía sentido seguir humillando a esta gente. El panda había sido interesante, desde luego, esa habilidad para transformarse en algo enorme y centelleante, y lo que parecía que iba a hacer de convertir el suelo en la inestabilidad del mar parecían habilidades que me habría gustado ver más en acción. Y aunque por algún motivo detestaba a este hijo de la gran puta, no quería matarlo. Quería ver si en otras condiciones, sin tener que preocuparnos por nadie mas, podría darme una pelea más extensa y más limitante. Quería ver hasta donde podía llegar este "futuro de la revolución". Pero el resto era otro cantar. No me habían parecido lo suficientemente interesantes como para siquiera enfrentarlos, y mucho menos como para dejarles vivir para poder enfrentarlos el día de mañana... Además, Viktor no parecía haber recibido ningún ataque por su parte y no parecía estar herido en lo absoluto, así que suponía que contra mi habrían tenido peores resultados que los obtenidos por su amigo el mink.
— ¿Esto es el futuro de la revolución? — pregunté retóricamente — ¿Y se supone que vosotros vais a acabar con el régimen establecido? — añadí, con sorna — Con suerte el oso sería un buen esclavo-montura — dije dando pequeños respingos sentado sobre el panda, y llevé la mano izquierda hacia su rostro, agarrando su morro como si de un perrito se tratase, mientras miraba fijamente al pelirrojo — Pero aquí no hay futuro — en adición a esto, solté la cara del mink y di dos bofetones de forma sonora y despectiva con el reverso de la mano — Sólo un sillón — sentencié, y llevé la mano al interior de mi chaqueta buscando el Den Den Mushi que usaba para comunicarme normalmente. Si Viktor tenía sus wanteds, en ellos estaban sus nombres, y si estaban sus nombres es que estaban fichados por la Marina, así que era momento de ver qué tal le iba a cierto amigo barbudo y de averiguar cómo de importantes eran este trío de libertadores de medio pelo.
Alcé la mirada hacia Viktor, quien permanecía frente al cuerpo del que aun estaba consciente — Deja al panda vivo, quiero cazarlo más adelante. Con el resto haz lo que quieras — ordené, y terminé de sacar el caracol del bolsillo, quedándome mirándolo fijamente el animal dormido mientras pensaba en uno de los conflictos más complicados a los que me había enfrentado en los últimos meses. Una situación que vulneraba los límites de mis capacidades y mi poder y que me llevaba a extremos en los que las decisiones se tornaban más complejas que la respuesta a la vida misma. Un muro que, aun con todo mi poder, no podía escalar: ¿Cual era el número de Joe?
Resumen
Akuma no mi
Gastos
Daños
Inventario

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