10-08-2023, 03:04 AM
Si algo podía desaparecer en algún sitio de entre todos los Blues era en el Terminal Grey, aquel enorme reino de basura, chatarra y secretos dentro del propio reino de Goa en la isla de Dawn. Montañas de hierro, óxido y sorpresas de todo tipo ocultas en cada rincón de este enorme reino del debacle, tanto era así que era un secreto a voces por lo largo y ancho del mar que aquí se tiraban cadáveres de quien no querían que fuera encontrado... y quien no debe ser encontrado, seguramente guarda secretos. No era el trabajo más gratificante pero siempre se obtenía algo de información de los muertos, y era una buena forma de matar el rato entre un soplo y el siguiente.
No era fácil cazar una presa en los tiempos que corrían actualmente. La gran mayoría de cabezas con un valor estaban completamente fuera de mi alcance o eran tan débiles que caían rápido ante uno o dos pelotones de la Marina. Y se estaba convirtiendo en un ciclo bastante molesto. Los Blues se estaban suavizando cada vez más en un hervidero de gorras azules y tipos con corbatas que no dejaban proliferar la delincuencia ni la criminalidad, y así era imposible tener algo a lo que echarle el guante, partirle una botella en la nuca, rajarle el cuello con uno de los cristales cuando cayese al suelo, y cobrar una recompensa por su cabeza de un puñado de berries en algún cuartelillo. El violador, el ladrón o el alborotador caían en uno o dos días ante las patrullas de cada puta isla y sus recompensas salían de la circulación, y sin esas recompensas era imposible ahorrar lo suficiente como para poderse permitir un pasaje fuera de este redil de ovejas mansas, y tratar de buscar fortuna en el Grand Line. Y ni que decir tiene que lo que tiene de fría la nieve, lo tiene de caliente el fuego, y la calma y el control que reinaba en este insulso lugar sin duda se revertiría en lo que los viajeros llamaban "El Paraíso". Si se llamaba así es porque podían hacer lo que les diera la gana.
Pateé un trozo de madera ligeramente con la punta de la bota para dejar entrever un pequeño hueco en un montículo, agachándome flexionando las rodillas para mirar dentro de él, ladeando la cabeza, con las manos en los bolsillos. La esperanza era prácticamente inexistente, pero ¿qué esperaba encontrar? ¿un tipo con un cartel de "Se Busca" al lado en el que saliese su cara y una recompensa de diez millones?. Bufé, irónico el destino. Lo que daría ahora por poder tocar una cantidad como esa de dinero, y lo que cambiarían las tornas si lo pudiera usar con la experiencia que la vida me había regalado.
Me incorporé de nuevo y giré de derredor. El sol estaba álgido, cálido, y alguna corriente de viento hacía danzar un hedor particular. Los chillidos de las ratas y otras alimañas se confundían entre el chirriar y crepitar del óxido perdiendo la batalla contra el paso del tiempo para cualquiera que no tuviera un oído particularmente preparado para distinguirlo. Pero no servía de mucho si no era para rendirse a la podredumbre y la indecencia, usándolo para cenar. Negué con la cabeza y seguí caminando con las manos dentro de los bolsillos, y "Ein Hauch", mi arma, amarrado en la espalda, mientras me adentraba aun más por el cementerio de basura.
— Puta mierda de sitio — musité entre dientes, apretando los labios bajo mi casco, notando un par de gotas de sudor por la nuca.
No era fácil cazar una presa en los tiempos que corrían actualmente. La gran mayoría de cabezas con un valor estaban completamente fuera de mi alcance o eran tan débiles que caían rápido ante uno o dos pelotones de la Marina. Y se estaba convirtiendo en un ciclo bastante molesto. Los Blues se estaban suavizando cada vez más en un hervidero de gorras azules y tipos con corbatas que no dejaban proliferar la delincuencia ni la criminalidad, y así era imposible tener algo a lo que echarle el guante, partirle una botella en la nuca, rajarle el cuello con uno de los cristales cuando cayese al suelo, y cobrar una recompensa por su cabeza de un puñado de berries en algún cuartelillo. El violador, el ladrón o el alborotador caían en uno o dos días ante las patrullas de cada puta isla y sus recompensas salían de la circulación, y sin esas recompensas era imposible ahorrar lo suficiente como para poderse permitir un pasaje fuera de este redil de ovejas mansas, y tratar de buscar fortuna en el Grand Line. Y ni que decir tiene que lo que tiene de fría la nieve, lo tiene de caliente el fuego, y la calma y el control que reinaba en este insulso lugar sin duda se revertiría en lo que los viajeros llamaban "El Paraíso". Si se llamaba así es porque podían hacer lo que les diera la gana.
Pateé un trozo de madera ligeramente con la punta de la bota para dejar entrever un pequeño hueco en un montículo, agachándome flexionando las rodillas para mirar dentro de él, ladeando la cabeza, con las manos en los bolsillos. La esperanza era prácticamente inexistente, pero ¿qué esperaba encontrar? ¿un tipo con un cartel de "Se Busca" al lado en el que saliese su cara y una recompensa de diez millones?. Bufé, irónico el destino. Lo que daría ahora por poder tocar una cantidad como esa de dinero, y lo que cambiarían las tornas si lo pudiera usar con la experiencia que la vida me había regalado.
Me incorporé de nuevo y giré de derredor. El sol estaba álgido, cálido, y alguna corriente de viento hacía danzar un hedor particular. Los chillidos de las ratas y otras alimañas se confundían entre el chirriar y crepitar del óxido perdiendo la batalla contra el paso del tiempo para cualquiera que no tuviera un oído particularmente preparado para distinguirlo. Pero no servía de mucho si no era para rendirse a la podredumbre y la indecencia, usándolo para cenar. Negué con la cabeza y seguí caminando con las manos dentro de los bolsillos, y "Ein Hauch", mi arma, amarrado en la espalda, mientras me adentraba aun más por el cementerio de basura.
— Puta mierda de sitio — musité entre dientes, apretando los labios bajo mi casco, notando un par de gotas de sudor por la nuca.

![[Imagen: mz3XEoL.png]](https://i.imgur.com/mz3XEoL.png)