15-10-2024, 11:11 AM
Tras darle el boli y el papel a su amigo Kevin, este se dirigió al pequeño escritorio que había en la habitación. Se había ofrecido a escribir él la carta y dejar a Gideon comiendo, pues no quería hacerle esperar. El skypiean agradecía siempre su generosidad, pues en muchas ocasiones se había dado el caso de que él había comido antes de Kevin porque aunque por su aspecto no lo pareciera, Gideon tenía un apetito inmenso y a veces no podía controlar el hambre.
— Gracias illo, es que si no comía ya me daba algo y si me despistaba Omi se comía todas las patatas —siempre dramatizaba su hambre.
Se sentó en la cama con las piernas cruzadas y siguió comiendo el manjar que le había traído su fiel compañero. Omi a su lado iba comiendo patatas, lo hacía con rapidez, como para que Gideon no se diera cuenta, cuando a él no le importaba que lo hiciera, de hecho tenía que comer. Así que el skypiean le tendió una patata como signo de que podía comer con tranquilidad, se dio cuenta de lo mucho que se parecían su animalillo y él. En cuanto a la comida eran como dos fierecillas famélicas y si hablábamos del carácter… Omi podía ser más arisco que Gideon, pero casi siempre sentían rechazo por las mismas cosas y personas. Era verdad eso de que una mascota se parece a su dueño.
Miró entonces hacia Kevin y le vio concentrado en la carta, con una sonrisa, sintió la necesidad de inmortalizar aquel momento. Su amigo sentado bajo la tenue luz que recibía de la bombilla de la habitación. Era una imagen muy costumbrista con tonos anaranjados por los materiales que se habían utilizado para crear cada pedazo de aquella destartalada habitación. Sin embargo, Kevin brillaba con una luz distinta en sus ojos, era felicidad genuina.
— Es increíble… —susurró Gideon para sí mismo.
Le quedaba un pedazo de kebab y se lo dejó a Omi, no pasaría nada si comía algo diferente, además aquel plato parecía inofensivo. Entonces llegó a la mejor parte de la comida, el cigarrillo de después. El proceso de encenderlo y tomar las primeras caladas, el humo entrando poco a poco a sus pulmones, era algo con lo que se deleitaba. Sabía que Kevin no era un gran fan, pero entendía perfectamente su vicio y ya había aceptado que apestara a tabaco toda la habitación.
Entonces se levantó Kevin, disculpándose por la tardanza para entregarle la carta y que la revisara antes de mandarla, en caso de que quisiera agregar algo era el momento.
— No te preocupes, ve comiendo Kevin, que se te enfría la comida, illo.
El skypiean leyó atentamente la carta, sosteniendo su cigarrillo entre los labios casi todo el tiempo, no quería quemarla por un descuido. Sin embargo, de vez en cuando lo cogía con la mano que le quedaba libre. En ella Kevin le expresaba lo contentos que estaban y había conseguido sintetizar perfectamente lo que Gideon también había querido preguntarle, además de expresarle que él podría ayudarle si tenía alguna duda. Sabía que no era un experto, pero si que estaba orgulloso de la libertad que se brindaba a si mismo incluso cuando había días muy difíciles en los que su mente recorría senderos oscuros. Por otro lado, le comentaba su situación, la cual sinceramente le tenía preocupado, pero no quería que Kevin se diese cuenta, así que mantuvo la compostura al leer esa parte y cuando terminó de leer la carta, miró a su amigo con una sonrisa.
— No sé cómo lo haces, pero siempre consigues decir lo correcto, está genial Kevin, no cambiaría ni una sola palabra —se la entregó delicadamente y le dio una calada a su cigarrillo—. Ahora, come, no pienso dejarte ir con el estómago vacío a llevar la carta, iremos juntos —casi podía leerle la mente a su amigo.
— Gracias illo, es que si no comía ya me daba algo y si me despistaba Omi se comía todas las patatas —siempre dramatizaba su hambre.
Se sentó en la cama con las piernas cruzadas y siguió comiendo el manjar que le había traído su fiel compañero. Omi a su lado iba comiendo patatas, lo hacía con rapidez, como para que Gideon no se diera cuenta, cuando a él no le importaba que lo hiciera, de hecho tenía que comer. Así que el skypiean le tendió una patata como signo de que podía comer con tranquilidad, se dio cuenta de lo mucho que se parecían su animalillo y él. En cuanto a la comida eran como dos fierecillas famélicas y si hablábamos del carácter… Omi podía ser más arisco que Gideon, pero casi siempre sentían rechazo por las mismas cosas y personas. Era verdad eso de que una mascota se parece a su dueño.
Miró entonces hacia Kevin y le vio concentrado en la carta, con una sonrisa, sintió la necesidad de inmortalizar aquel momento. Su amigo sentado bajo la tenue luz que recibía de la bombilla de la habitación. Era una imagen muy costumbrista con tonos anaranjados por los materiales que se habían utilizado para crear cada pedazo de aquella destartalada habitación. Sin embargo, Kevin brillaba con una luz distinta en sus ojos, era felicidad genuina.
— Es increíble… —susurró Gideon para sí mismo.
Le quedaba un pedazo de kebab y se lo dejó a Omi, no pasaría nada si comía algo diferente, además aquel plato parecía inofensivo. Entonces llegó a la mejor parte de la comida, el cigarrillo de después. El proceso de encenderlo y tomar las primeras caladas, el humo entrando poco a poco a sus pulmones, era algo con lo que se deleitaba. Sabía que Kevin no era un gran fan, pero entendía perfectamente su vicio y ya había aceptado que apestara a tabaco toda la habitación.
Entonces se levantó Kevin, disculpándose por la tardanza para entregarle la carta y que la revisara antes de mandarla, en caso de que quisiera agregar algo era el momento.
— No te preocupes, ve comiendo Kevin, que se te enfría la comida, illo.
El skypiean leyó atentamente la carta, sosteniendo su cigarrillo entre los labios casi todo el tiempo, no quería quemarla por un descuido. Sin embargo, de vez en cuando lo cogía con la mano que le quedaba libre. En ella Kevin le expresaba lo contentos que estaban y había conseguido sintetizar perfectamente lo que Gideon también había querido preguntarle, además de expresarle que él podría ayudarle si tenía alguna duda. Sabía que no era un experto, pero si que estaba orgulloso de la libertad que se brindaba a si mismo incluso cuando había días muy difíciles en los que su mente recorría senderos oscuros. Por otro lado, le comentaba su situación, la cual sinceramente le tenía preocupado, pero no quería que Kevin se diese cuenta, así que mantuvo la compostura al leer esa parte y cuando terminó de leer la carta, miró a su amigo con una sonrisa.
— No sé cómo lo haces, pero siempre consigues decir lo correcto, está genial Kevin, no cambiaría ni una sola palabra —se la entregó delicadamente y le dio una calada a su cigarrillo—. Ahora, come, no pienso dejarte ir con el estómago vacío a llevar la carta, iremos juntos —casi podía leerle la mente a su amigo.
KARMAS
