16-10-2024, 10:12 PM
Leyenda
- No puede ser que no le hayan visto en ninguno de esos cuatro antros - hablé, indignada, a Mandarina, a la vez que me peinaba levemente con mi ala izquierda - Bueno, aunque eso último no creo que se pudiera considerar un antro - en verdad, era más bien una especie de sótano al que tres babosos me habían convencido para ir diciendo que ahí se encontraba Ashura - No se enteran - murmuré, pues no era la primera vez que me pasaba - ¿Tanto les cuesta hablar entre ellos para saber que eso no va a funcionar conmigo? - me pregunté - Si te los cargas a todos, evidentemente no le van a decir a nadie - tenía razón, posiblemente haberme cargado a aquellos degenerados no había sido la mejor idea, pero se me hacía imposible no partirles la cara a esa clase de desgracias humanas.
Continué caminando, enormemente enfadada, por las estrechas calles de la ciudad. No tenía ninguna pista de dónde se encontraba el oni, así que iba como pollo sin cabeza, evitando las calles más concurridas, así como a las diferentes patrullas de la marina, pues seguía siendo una persona buscada, aunque no me pareciera a la imagen de mi cartel de Se Busca. Juraría que había estado subiendo todo el rato, pero en vez de llegar a la zona del castillo terminé cerca del puerto. Me percaté de ello por el sonido de las gaviotas, cada vez más intenso, y del olor de la sal en el ambiente - Vamos, Mandarina - dije, disponiéndome a volver por donde había venido, pues no quería estar en aquel lugar. Escuché entonces un sonido bastante familiar. Unos pesados pasos, como si una enorme bestia caminara por el puerto. Al son de los pasos otro sonido, que pasaba desapercibido, a no ser que ya lo hubieras escuchado antes. Clac, clac, clac,... sonaba casi como los lentos pasos de un caballo. Era imposible que aquello que sonaba no fuera el coco Nicolás.
Levanté la mirada y comencé a correr en la dirección en la que escuchaba aquel sonido. Entonces lo vi, de espaldas a mí, a alrededor de 50 metros. A esa distancia debería ser bastante difícil de ver, pero una cualidad que tenía aquel hombre y que envidiaba era la facilidad que tenía para que la gente se apartara de él. Seguramente fuera por su mirada asesina, o tal vez por su penetrante olor. La cosa era que a pesar de estar en un puerto abarrotado, caminaba completamente solo. Salté, acercándome todo lo que pude a aquel oni desde detrás - ¿Cómo se llama a un grupo de Pandas? - pregunté, susurrando en su oído, mientras agarraba con mi ala fuertemente su katana. Había visto aquel arma en acción, y la verdad es que no tenía muchas ganas de que aquel hombre la utilizara contra mí, ya fuera movido por la ira o por puro reflejo - Una Pandilla - finalicé. Me contuve todo lo que pude, pero eso evitó que me echara a reír. Me reí tanto que inconscientemente solté la katana.
Aclaraciones
Bélico
Akuma
Karmas relevantes
