18-10-2024, 09:05 AM
La idea de ir a comer todos los días a ese restaurante de kebab, ciertamente, no era tan mala como lo pintaba Gideon... No, para que iba a engañarse, ya no sólo debían ahorrar el máximo dinero posible, sino que también debían cuidar su físico pues, su trabajo, requería estar en buena forma, al menos si lo que querían era cazar temibles malhechores.- Es-están demasiado buenos para este mundo sí...- Coincidía con el comentario de su amigo. Sin lugar a dudas, no podía morirse sin volver a probar otro bocado de esos deliciosos kebabs.
Al dirigirse hacia la puerta para salir a entregar la carta, el skypiean mencionó el hecho de que, quizás, deberían preguntar dónde podrían entregar la carta.- J-justo estaba pensando en eso sí...- Dijo Kevin, parándose justo en el marco de la puerta, llevándose su mano derecha a su barbilla y quedándose pensativo.- Hmm, ¿d-dónde habrán sitios para entregar cartas en esta ciudad?- Siguió pensando, intentando recordar si, en alguno de sus paseos, había visto algo parecido a un repartidor, buzón o lo que fuere. Justo en ese momento, la propuesta de Gideon le sacó de su trance mental, la cual consistía en aprovechar para ver si, en la ciudad, se estaba dando alguna clase de evento artístico. Este sólo comentario hizo que el oficinista esbozara una sonrisa a la par que, de sus ojos, emanaba un brillo de emoción. Hasta no hace mucho - sobre todo en los últimos días de estancia en Drum-, Kevin había podido presenciar de primera mano como Gideon había estado más apagado, hasta el punto, de que había dejado de lado su faceta más artística y, por tanto, su sueño. Tampoco podía culparle pues el propio Kevin, tras lo sucedido con Siri, fue el primero que dejó de lado su meta con tal de embarcarse en una misión sinsentido. Escuchar que tenía interés por ver el tipo de arte que daba en esta ciudad, llenó de alegría el corazón del pluriempleado.- ¡C-claro que sí, Gideon! ¡E-es una idea fantástica! Veamos si por aquí cerca hay al-algún evento y aprovechamos para preguntar he he... - Exclamó contento, extendiendo sus manos hacia los lados.
Antes de salir, y viendo que Gideon había hecho lo propio, Kevin fue a coger algunas de sus pertenencias, fuera a ser que se vieran envueltos en alguna clase de altercado. Puso sus dos martillos a cada lado de su cadera, enganchados a su cinturón, agarró su maletín - dónde metió la carta - y ya estaba listo para salir. De ropa, en esta ocasión, decidió volver a su clásico traje azul marino con corbata roja.- Y-yo también estoy, Gideon, ¡e-en marcha pues! - Dio la señal de salida el oficinista, saliendo primero de la habitación para, minutos después, llegar al exterior. Su posada daba a una pequeña calle de cuatro metros de ancho, cuyo suelo estaba recubierto de arena endurecida, y decorada con palmeras que se ubicaban a los lados de cada edificio, a un metro frente a estos. A pesar de que ya era casi la hora de comer, sorprendentemente había bastante ambiente y tránsito en ella.- Hmmm... V-vamos por la derecha, a ver que tal. - Señaló en esa dirección con su índice derecho, para encaminarse hacia allí acto seguido.
En ese momento, mientras caminaba, pensó en una cosa que sentía que debía compartir con Gideon.- ¿S-sabes, Gideon? A-acabo de tener una idea... - Dijo, entrecerrando los ojos y apretando sus labios con moderada fuerza.- S-soy el primero que quiere v-volver a probar los manjares del Frosa...- Giró, entonces, su cabeza hacia Gideon, quién estaba a su derecha.- P-pero, ¿qué te parece que la próxima vez que comamos a-algo allí... Sea cu-cuando hayamos cumplido nues-nuestros sueños? - Preguntó, con cierto nerviosismo, rascándose su mejilla derecha con el índice de su diestra.- C-con una promesa así, s-seguro que no fallamos llegar a nuestras metas, ¿n-no crees? - Esbozó una tímida sonrisa, esperando a que el skypiean le diera una respuesta a su propuesta.
De repente, después de que Gideon le respondiera, llegando a una intersección en la calle, Kevin empezó a escuchar algo de barullo, proveniente de la izquierda a dicha intersección.- Hmmm... ¿H-habrá algo de ambiente por a-allí? - Preguntó al pelimorado. Quién sabía que podrían encontrarse allí.
Al dirigirse hacia la puerta para salir a entregar la carta, el skypiean mencionó el hecho de que, quizás, deberían preguntar dónde podrían entregar la carta.- J-justo estaba pensando en eso sí...- Dijo Kevin, parándose justo en el marco de la puerta, llevándose su mano derecha a su barbilla y quedándose pensativo.- Hmm, ¿d-dónde habrán sitios para entregar cartas en esta ciudad?- Siguió pensando, intentando recordar si, en alguno de sus paseos, había visto algo parecido a un repartidor, buzón o lo que fuere. Justo en ese momento, la propuesta de Gideon le sacó de su trance mental, la cual consistía en aprovechar para ver si, en la ciudad, se estaba dando alguna clase de evento artístico. Este sólo comentario hizo que el oficinista esbozara una sonrisa a la par que, de sus ojos, emanaba un brillo de emoción. Hasta no hace mucho - sobre todo en los últimos días de estancia en Drum-, Kevin había podido presenciar de primera mano como Gideon había estado más apagado, hasta el punto, de que había dejado de lado su faceta más artística y, por tanto, su sueño. Tampoco podía culparle pues el propio Kevin, tras lo sucedido con Siri, fue el primero que dejó de lado su meta con tal de embarcarse en una misión sinsentido. Escuchar que tenía interés por ver el tipo de arte que daba en esta ciudad, llenó de alegría el corazón del pluriempleado.- ¡C-claro que sí, Gideon! ¡E-es una idea fantástica! Veamos si por aquí cerca hay al-algún evento y aprovechamos para preguntar he he... - Exclamó contento, extendiendo sus manos hacia los lados.
Antes de salir, y viendo que Gideon había hecho lo propio, Kevin fue a coger algunas de sus pertenencias, fuera a ser que se vieran envueltos en alguna clase de altercado. Puso sus dos martillos a cada lado de su cadera, enganchados a su cinturón, agarró su maletín - dónde metió la carta - y ya estaba listo para salir. De ropa, en esta ocasión, decidió volver a su clásico traje azul marino con corbata roja.- Y-yo también estoy, Gideon, ¡e-en marcha pues! - Dio la señal de salida el oficinista, saliendo primero de la habitación para, minutos después, llegar al exterior. Su posada daba a una pequeña calle de cuatro metros de ancho, cuyo suelo estaba recubierto de arena endurecida, y decorada con palmeras que se ubicaban a los lados de cada edificio, a un metro frente a estos. A pesar de que ya era casi la hora de comer, sorprendentemente había bastante ambiente y tránsito en ella.- Hmmm... V-vamos por la derecha, a ver que tal. - Señaló en esa dirección con su índice derecho, para encaminarse hacia allí acto seguido.
En ese momento, mientras caminaba, pensó en una cosa que sentía que debía compartir con Gideon.- ¿S-sabes, Gideon? A-acabo de tener una idea... - Dijo, entrecerrando los ojos y apretando sus labios con moderada fuerza.- S-soy el primero que quiere v-volver a probar los manjares del Frosa...- Giró, entonces, su cabeza hacia Gideon, quién estaba a su derecha.- P-pero, ¿qué te parece que la próxima vez que comamos a-algo allí... Sea cu-cuando hayamos cumplido nues-nuestros sueños? - Preguntó, con cierto nerviosismo, rascándose su mejilla derecha con el índice de su diestra.- C-con una promesa así, s-seguro que no fallamos llegar a nuestras metas, ¿n-no crees? - Esbozó una tímida sonrisa, esperando a que el skypiean le diera una respuesta a su propuesta.
De repente, después de que Gideon le respondiera, llegando a una intersección en la calle, Kevin empezó a escuchar algo de barullo, proveniente de la izquierda a dicha intersección.- Hmmm... ¿H-habrá algo de ambiente por a-allí? - Preguntó al pelimorado. Quién sabía que podrían encontrarse allí.
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