18-10-2024, 10:13 AM
Como no podía ser de otra manera Kevin concordaba con él en que los kebab eran de otro mundo. Antes de irse de la isla debían ir otra vez y saborear la explosión que aquello era. Mientras el skypiean comentaba la idea de pasarse por alguna exposición o evento artístico su amigo estaba pensativo, probablemente haciendo un repaso mental de la ciudad, la memoria de Kevin era algo que a Gideon le parecía fascinante. No es que él tuviera mala memoria, pero desde luego no la tenía tan entrenada como su amigo y no era capaz de recordar con tanto detalle como él sí que lo hacía.
Kevin pareció salir de su concentración y se lanzó encantado a la propuesta que el skypiean le había hecho. Se acercó a por sus cosas, colocándose correctamente los martillos agarrando su maletín, su accesorio por excelencia y que no soltaba nunca. Era una parte más de su cuerpo. Indicó que estaba listo y salió por la puerta, Gideon fue detrás, sintiendo cómo Omi se enroscaba un poco más en su cuello. Llegaron al exterior y, como cada vez que lo hacían, se quedó completamente maravillado. Los colores amarillos y verdes se mezclaban perfectamente y creaban un sensación de relajación en Gideon impresionante, sentía que estaba en un oasis. El calor, como siempre, estaba presente y el cielo estaba completamente despejado. La gente andurreaba por las calles y pequeños pájaros piaban de fondo. Gideon seguía a Kevin, el cual casi siempre llevaba la voz cantante cuando se trataba de explorar, pues sabía perfectamente por donde habían pasado anteriormente. Su amigo, caminando a su lado, le comentó que había tenido una idea. Con una expresión que a Gideon se le presentó muy tierna le propuso que la próxima vez que comieran en el Frosa fuese cuando cumplieran sus sueños. Aquellas palabras llegaron directas al corazón, miró directo a los ojos a Kevin y sintió cómo los suyos se encharcaban, pero sin dejar las lágrimas correr. La sonrisa de su mejor amigo era tan genuina y la propuesta tan bonita que no podía contenerse mucho más que eso. Sin duda había dado con la mejor persona con la que podía haber empezado esta aventura.
— Claro, illo, me parece una idea preciosa y estoy seguro de que podremos cumplir esta promesa, por muchos años que nos lleve, lo haremos —esta vez, siendo algo muy poco habitual, Gideon esbozó una gran sonrisa. Apretaba el mango de Blockbuster con fuerza para no perder la compostura.
Entonces llegaron a una intersección y a la izquierda pudieron escuchar bastante alboroto.
— Vamos a comprobarlo.
Gideon se encendió un cigarrillo y continuó andando, intentando que el humo no le llegara directo a la carita de su hurón. Cuando llevaban un par de minutos andando, notaron que cada vez había más personas a su al rededor y que ya no era un simple ruido, sino que había música. Gideon agarró el brazo de Kevin y lo condujo entre las personas, si le agarraba se sentía más seguro. Estar rodeado de tanta gente no le incomodaba tanto como tener que interactuar con alguno de ellos, pero la presencia de su compañero siempre hacía las cosas más fáciles. Por fin llegaron a una zona donde pudieron ver de primera mano lo que allí estaba ocurriendo. Habían un par de chicas bailando, con trajes que parecían regionales y con una música bellísima de fondo. Era todo un espectáculo. Gideon sacó su DenDen Mushi y comenzó a grabar. Las chicas se movían con delicadeza, parecían dos cintas de tela moviéndose al unísono. Sus trajes llenos de pequeñas monedas que repiqueteaban entre ellas acompañaban el ritmo de la música y hacían que el momento fuese completamente mágico. Gideon siempre había pensado en la danza como una de las artes más expresivas del alma, pues se apoderaba del cuerpo y lo hacía libre. Nunca lo había practicado, pero sin duda disfrutaba mucho viéndolo. Gwen practicaba las danzas típicas de Toroa y Gideon había grabado mil veces las coreografías de su hermana. El pecho se le encogió. Terminó de grabar los primeros minutos de aquel baile y guardó su DenDen, sabía lo que iba a crear, un montaje de lo que era Arabasta. Una muestra de toda su cultura, si encontraban alguna otra expresión artística aquel día la grabaría y al día siguiente saldría a por más imágenes. Sólo había necesitado un empujoncito para volver en sí mismo. Miró a Kevin y sonrió tímidamente.
Kevin pareció salir de su concentración y se lanzó encantado a la propuesta que el skypiean le había hecho. Se acercó a por sus cosas, colocándose correctamente los martillos agarrando su maletín, su accesorio por excelencia y que no soltaba nunca. Era una parte más de su cuerpo. Indicó que estaba listo y salió por la puerta, Gideon fue detrás, sintiendo cómo Omi se enroscaba un poco más en su cuello. Llegaron al exterior y, como cada vez que lo hacían, se quedó completamente maravillado. Los colores amarillos y verdes se mezclaban perfectamente y creaban un sensación de relajación en Gideon impresionante, sentía que estaba en un oasis. El calor, como siempre, estaba presente y el cielo estaba completamente despejado. La gente andurreaba por las calles y pequeños pájaros piaban de fondo. Gideon seguía a Kevin, el cual casi siempre llevaba la voz cantante cuando se trataba de explorar, pues sabía perfectamente por donde habían pasado anteriormente. Su amigo, caminando a su lado, le comentó que había tenido una idea. Con una expresión que a Gideon se le presentó muy tierna le propuso que la próxima vez que comieran en el Frosa fuese cuando cumplieran sus sueños. Aquellas palabras llegaron directas al corazón, miró directo a los ojos a Kevin y sintió cómo los suyos se encharcaban, pero sin dejar las lágrimas correr. La sonrisa de su mejor amigo era tan genuina y la propuesta tan bonita que no podía contenerse mucho más que eso. Sin duda había dado con la mejor persona con la que podía haber empezado esta aventura.
— Claro, illo, me parece una idea preciosa y estoy seguro de que podremos cumplir esta promesa, por muchos años que nos lleve, lo haremos —esta vez, siendo algo muy poco habitual, Gideon esbozó una gran sonrisa. Apretaba el mango de Blockbuster con fuerza para no perder la compostura.
Entonces llegaron a una intersección y a la izquierda pudieron escuchar bastante alboroto.
— Vamos a comprobarlo.
Gideon se encendió un cigarrillo y continuó andando, intentando que el humo no le llegara directo a la carita de su hurón. Cuando llevaban un par de minutos andando, notaron que cada vez había más personas a su al rededor y que ya no era un simple ruido, sino que había música. Gideon agarró el brazo de Kevin y lo condujo entre las personas, si le agarraba se sentía más seguro. Estar rodeado de tanta gente no le incomodaba tanto como tener que interactuar con alguno de ellos, pero la presencia de su compañero siempre hacía las cosas más fáciles. Por fin llegaron a una zona donde pudieron ver de primera mano lo que allí estaba ocurriendo. Habían un par de chicas bailando, con trajes que parecían regionales y con una música bellísima de fondo. Era todo un espectáculo. Gideon sacó su DenDen Mushi y comenzó a grabar. Las chicas se movían con delicadeza, parecían dos cintas de tela moviéndose al unísono. Sus trajes llenos de pequeñas monedas que repiqueteaban entre ellas acompañaban el ritmo de la música y hacían que el momento fuese completamente mágico. Gideon siempre había pensado en la danza como una de las artes más expresivas del alma, pues se apoderaba del cuerpo y lo hacía libre. Nunca lo había practicado, pero sin duda disfrutaba mucho viéndolo. Gwen practicaba las danzas típicas de Toroa y Gideon había grabado mil veces las coreografías de su hermana. El pecho se le encogió. Terminó de grabar los primeros minutos de aquel baile y guardó su DenDen, sabía lo que iba a crear, un montaje de lo que era Arabasta. Una muestra de toda su cultura, si encontraban alguna otra expresión artística aquel día la grabaría y al día siguiente saldría a por más imágenes. Sólo había necesitado un empujoncito para volver en sí mismo. Miró a Kevin y sonrió tímidamente.
KARMAS
INVENTARIO
