19-10-2024, 03:20 PM
Desconocía cuál era la intención del jefe en el momento en el que sacó él caracol teléfono. Sin embargo pareció pensárselo dos veces pues al final no contacto con nadie y simplemente volvió a guardarlo mientras bajaba con un grácil salto del cuerpo del panda. Contestó que la siguiente orden era saquear los cuerpos de los revolucionarios mientras él mismo lo hacía con él que había derrotado previamente rebuscando sus bolsillos la conciencia. Esta era una faceta del jefe que yo ya conocía. Le encantaba el saqueo y pillaje. Me encogí de hombros y suspiré para automáticamente hacerlo mismo con el último que había derrotado. Busqué en sus diversos bolsillos para, encontrar entre ellos una libreta que parecía tener notas sobre flora y fauna que poco me interesaban. También poseía varios viales de lo que parecía algún tipo de medicación que decidí llevarme conmigo. Finalmente, dinero y un den den mushi. Aunque por alguna extraña razón también poseía un mechón de pelo que dejé justo donde lo encontré. ¿Quién coño iba a querer llevarse esa mierda?
Tras esto pase al espadachín revolucionario mientras el jefe terminaba de saquear al panda. Comencé a rebuscar en sus bolsillos también al mismo tiempo que sogen se acercaba a mí chasqueando la lengua como hacía habitualmente y preguntando sobre mis complicaciones en la pelea. — Aburrido. — dije con desgana. — A nivel estadístico era más probable sufrir daños colaterales por tu Netsu Netsu no mi que por estos dos. Sinceramente me hubiera gustado poder pelear con ambos a la vez. — expliqué al jefe del gremio mientras extraía de los bolsillos del espadachín revolucionario otra bolsa de dinero y le quitaba de su muñeca una herramienta de navegación como la que Sohem acostumbraba a cargar para navegar en el paraíso. Desconocía si esto era útil pero lo guardé igualmente. Tras esto me erguí mirando a la espadachín mientras el jefe ordenaba volver al barco.
Fruncí el ceño mirando al hombre tendido en el suelo para acto seguido agacharme y recoger su espada color negro. Quizá por el tiempo que había pasado forjando armas me había hecho apreciar la factura de algunas de manera un poco más crítica y esta no estaba mal. La envainé y la porté con mi mano izquierda mientras me acercaba al revolucionario mestizo observando al jefe que comenzaba a andar alejándose del lugar. — No llevaban una mierda encima. — dije mientras golpeaba con la bota izquierda sobre su cara tendida en el suelo con fureza. — Al menos cobremos uno de ellos. — sugerí al enmascarado justo cuando me agachaba en cuclillas para agarrar del pie derecho con mi diestra al revolucionario y comencé a arrastrarlo tras de mí. — ¿Llamar a un viejo amigo? — me preguntaba mientras lo seguía de camino al Parabellum. Se me ocurrían pocas personas en común a las que llamar, pero me podía hacer una idea. — Esto se va a poner tenso. — pensé mientras activaba de nuevo mi Kenbunshoku a toda potencia, por si acaso quedaba algún individuo cercano capaz de cercarnos para tomar represalias. No había más que hacer en aquel lugar. Volvemos a casa.
Tras esto pase al espadachín revolucionario mientras el jefe terminaba de saquear al panda. Comencé a rebuscar en sus bolsillos también al mismo tiempo que sogen se acercaba a mí chasqueando la lengua como hacía habitualmente y preguntando sobre mis complicaciones en la pelea. — Aburrido. — dije con desgana. — A nivel estadístico era más probable sufrir daños colaterales por tu Netsu Netsu no mi que por estos dos. Sinceramente me hubiera gustado poder pelear con ambos a la vez. — expliqué al jefe del gremio mientras extraía de los bolsillos del espadachín revolucionario otra bolsa de dinero y le quitaba de su muñeca una herramienta de navegación como la que Sohem acostumbraba a cargar para navegar en el paraíso. Desconocía si esto era útil pero lo guardé igualmente. Tras esto me erguí mirando a la espadachín mientras el jefe ordenaba volver al barco.
Fruncí el ceño mirando al hombre tendido en el suelo para acto seguido agacharme y recoger su espada color negro. Quizá por el tiempo que había pasado forjando armas me había hecho apreciar la factura de algunas de manera un poco más crítica y esta no estaba mal. La envainé y la porté con mi mano izquierda mientras me acercaba al revolucionario mestizo observando al jefe que comenzaba a andar alejándose del lugar. — No llevaban una mierda encima. — dije mientras golpeaba con la bota izquierda sobre su cara tendida en el suelo con fureza. — Al menos cobremos uno de ellos. — sugerí al enmascarado justo cuando me agachaba en cuclillas para agarrar del pie derecho con mi diestra al revolucionario y comencé a arrastrarlo tras de mí. — ¿Llamar a un viejo amigo? — me preguntaba mientras lo seguía de camino al Parabellum. Se me ocurrían pocas personas en común a las que llamar, pero me podía hacer una idea. — Esto se va a poner tenso. — pensé mientras activaba de nuevo mi Kenbunshoku a toda potencia, por si acaso quedaba algún individuo cercano capaz de cercarnos para tomar represalias. No había más que hacer en aquel lugar. Volvemos a casa.
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