19-10-2024, 05:23 PM
Las dudas iban a proseguir visto lo visto.
Incluso siendo el protagonista de la historia ni el mismísimo Comodoro Joe era capaz de dar información referente sobre el incidente de la isla del cielo. Parece ser que la incógnita sobre el año que hemos perdido o que ha pasado de manera tan abrupta en un lapso de tiempo tan corto y va a quedar en el olvido o simplemente sin respuesta. Algo así para una mente como la mía era casi un castigo. Una aguja clavándose poco a poco más y más adentro en mí tallo cerebral. Poco más se podía hacer. Resoplé resignado apoyando las manos sobre la baranda de la cofia del vigía y miraba al horizonte como escudriñando un futuro que no podía comprender.
Tras esto mi viejo amigo preguntó por nuestra estancia en la isla del cielo. Él mismo aseveraba riéndose que se imaginaba al jefe bajando el barco para bajar al mar de nuevo y poniéndose una nueva medalla por nuestra supervivencia. Nada más lejos de la realidad, para ser honestos. También mencionó haber conocido a Chloe y que era una persona agradable. Sí que lo era, pero necesitaba mejorar, como todos. Durante unos instantes dudé si contarle o no lo que ocurrió. Sin embargo era una estupidez esconderle al marine la verdad ya que no solo por contactos sino por lo avispado que era se daría cuenta de que algo no iba bien. — Quisimos partir los primeros y Sohem se retrasó. — dije con tono serio mientras me apoyaba en el mástil. — Volvió casi muerto al barco. Peleó contra la segunda al mando de los alas negras. — expliqué a continuación irguiéndome de nuevo y mirando al caracol interfono con seriedad, cambiando mi semblante como si el mismo Joe pudiera verme y comprender la firmeza de mis palabras. — Habrá represalias, Joe. — añadí, esperando que de alguna manera mi viejo amigo entendiera como me sentía. Haría lo mismo o más por él si fuera necesario. Me suponía que sí el marine ya había hecho sus averiguaciones sabía de quién hablaba y de la peligrosidad de dicho grupo.
Una larga pausa aconteció. El viento comenzó a soplar con algo más de fuerza mientras el sol se elevaba inexorablemente sobre el cielo de la rocosa isla de Báltigo mientras mi café, que cada vez humeaba menos, perdía temperatura conforme yo perdía la voz. — Aunque si te soy honesto, viejo amigo, la isla del cielo no nos dejó bien parados... — dije comenzando a quebrar mi voz poco a poco para acto seguido callar largos segundos que se hicieron eternos en aquella conversación. Intentaba ser sincero con mi amigo pero, era consciente de quién era, era consciente de lo que era. Pero tenia que sacarlo. — Y yo... no estoy seguro del camino que he comenzado a recorrer. — confesé a Joe tras sacar fuerzas y recuperar una entrecortada voz que era evidente me dolía pronunciar recordando las imágenes y flashes de mi visita a la biblioteca de Skypiea. Había pasado un año para el mundo y yo hubiera pagado un mundo por volver atrás.
Incluso siendo el protagonista de la historia ni el mismísimo Comodoro Joe era capaz de dar información referente sobre el incidente de la isla del cielo. Parece ser que la incógnita sobre el año que hemos perdido o que ha pasado de manera tan abrupta en un lapso de tiempo tan corto y va a quedar en el olvido o simplemente sin respuesta. Algo así para una mente como la mía era casi un castigo. Una aguja clavándose poco a poco más y más adentro en mí tallo cerebral. Poco más se podía hacer. Resoplé resignado apoyando las manos sobre la baranda de la cofia del vigía y miraba al horizonte como escudriñando un futuro que no podía comprender.
Tras esto mi viejo amigo preguntó por nuestra estancia en la isla del cielo. Él mismo aseveraba riéndose que se imaginaba al jefe bajando el barco para bajar al mar de nuevo y poniéndose una nueva medalla por nuestra supervivencia. Nada más lejos de la realidad, para ser honestos. También mencionó haber conocido a Chloe y que era una persona agradable. Sí que lo era, pero necesitaba mejorar, como todos. Durante unos instantes dudé si contarle o no lo que ocurrió. Sin embargo era una estupidez esconderle al marine la verdad ya que no solo por contactos sino por lo avispado que era se daría cuenta de que algo no iba bien. — Quisimos partir los primeros y Sohem se retrasó. — dije con tono serio mientras me apoyaba en el mástil. — Volvió casi muerto al barco. Peleó contra la segunda al mando de los alas negras. — expliqué a continuación irguiéndome de nuevo y mirando al caracol interfono con seriedad, cambiando mi semblante como si el mismo Joe pudiera verme y comprender la firmeza de mis palabras. — Habrá represalias, Joe. — añadí, esperando que de alguna manera mi viejo amigo entendiera como me sentía. Haría lo mismo o más por él si fuera necesario. Me suponía que sí el marine ya había hecho sus averiguaciones sabía de quién hablaba y de la peligrosidad de dicho grupo.
Una larga pausa aconteció. El viento comenzó a soplar con algo más de fuerza mientras el sol se elevaba inexorablemente sobre el cielo de la rocosa isla de Báltigo mientras mi café, que cada vez humeaba menos, perdía temperatura conforme yo perdía la voz. — Aunque si te soy honesto, viejo amigo, la isla del cielo no nos dejó bien parados... — dije comenzando a quebrar mi voz poco a poco para acto seguido callar largos segundos que se hicieron eternos en aquella conversación. Intentaba ser sincero con mi amigo pero, era consciente de quién era, era consciente de lo que era. Pero tenia que sacarlo. — Y yo... no estoy seguro del camino que he comenzado a recorrer. — confesé a Joe tras sacar fuerzas y recuperar una entrecortada voz que era evidente me dolía pronunciar recordando las imágenes y flashes de mi visita a la biblioteca de Skypiea. Había pasado un año para el mundo y yo hubiera pagado un mundo por volver atrás.

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