25-10-2024, 10:23 AM
Decido tomar el camino de la izquierda. No hay ninguna razón en especial por la que tomar ese camino, así que supongo que el destino quiere que vaya por aquí. Avanzo con precaución, atento a cualquier estímulo del entorno que pudiera llamar la atención más de lo debido. Mientras paseo, me da por averiguar sobre la fauna y flora local. Poco puedo sacar sobre los seres vivos del bosque, que deciden esconderse y no acercarse a saludar. Como mucho se deja ver algún que otro pajarillo entre los árboles, pero poco más. La vegetación, sin embargo, no puede escapar ni ocultarse, así que puedo disfrutar más de su análisis y su vista. Sus tonos rosados y propiedades tan únicas, exclusivas de una isla tan peculiar como esta. -¿Será por la localización y el clima de la isla o tal vez tiene que ver con los nutrientes del suelo...? Yare yare daze...- me planteo, sin pausarme, sabiendo que hoy no tendría la respuesta a mis preguntas.
15 minutos más tarde, con un buen tramo ya recorrido y con mis sentidos al máximo, detecto por el olfato un aroma singular, un aroma que no debería estar ahí. Es un olor dulce, afrutado. Pareciese un olor a melocotón, como si me invitara a tomar el postre con él. Por desgracia, por muy buen olor a fruto, poco me va a gustar con el paladar atrofiado que me llevo, que ya no le encuentro el gusto a nada. Podrías orinar en una taza simulando que es té, que no notaría diferencia alguna. Esta fragancia llega desde un camino de tierra a la izquierda. Es asombrosamente artificial y llamativo. Tiene setos podados para indicar la entrada, ninguna imperfección o bache en el camino y está llano y preparado para pasar, como si fuera la alfombra roja. Por si fuera poca cosa, una voz resuena a lo lejos, más allá del camino abierto que puedo ver. Parece estar cantando algo, aunque desde aquí no distingo ninguna letra o cántico que me pueda hacer referencia a nada.
La única opción que tengo es acercarme para averiguar a qué se debe ese olor y esa música. Podría retirarme de forma sigilosa, pero no soy una nenaza cobarde. Y la idea de actuar con subterfugio me es imposible, pues los árboles no aguantarían mi enorme tamaño y peso, y el camino es completamente abierto. - Yare yare daze...- murmuro mientras, con el torso firme aunque ladeado y las piernas abiertas, repeino mi melena en ausencia de colocarme la gorra, de forma muy exagerada aunque varonil. -No me queda de otra que ir de frente y con cojones.-
Así pues, avanzo cauteloso, aunque decidido, por el camino marcado de donde proviene el olor y la música. Tal vez sea un enemigo, quizá un aliado. Solo el destino tiene la respuesta, y yo soy un maestro en partirle la cara al destino.
15 minutos más tarde, con un buen tramo ya recorrido y con mis sentidos al máximo, detecto por el olfato un aroma singular, un aroma que no debería estar ahí. Es un olor dulce, afrutado. Pareciese un olor a melocotón, como si me invitara a tomar el postre con él. Por desgracia, por muy buen olor a fruto, poco me va a gustar con el paladar atrofiado que me llevo, que ya no le encuentro el gusto a nada. Podrías orinar en una taza simulando que es té, que no notaría diferencia alguna. Esta fragancia llega desde un camino de tierra a la izquierda. Es asombrosamente artificial y llamativo. Tiene setos podados para indicar la entrada, ninguna imperfección o bache en el camino y está llano y preparado para pasar, como si fuera la alfombra roja. Por si fuera poca cosa, una voz resuena a lo lejos, más allá del camino abierto que puedo ver. Parece estar cantando algo, aunque desde aquí no distingo ninguna letra o cántico que me pueda hacer referencia a nada.
La única opción que tengo es acercarme para averiguar a qué se debe ese olor y esa música. Podría retirarme de forma sigilosa, pero no soy una nenaza cobarde. Y la idea de actuar con subterfugio me es imposible, pues los árboles no aguantarían mi enorme tamaño y peso, y el camino es completamente abierto. - Yare yare daze...- murmuro mientras, con el torso firme aunque ladeado y las piernas abiertas, repeino mi melena en ausencia de colocarme la gorra, de forma muy exagerada aunque varonil. -No me queda de otra que ir de frente y con cojones.-
Así pues, avanzo cauteloso, aunque decidido, por el camino marcado de donde proviene el olor y la música. Tal vez sea un enemigo, quizá un aliado. Solo el destino tiene la respuesta, y yo soy un maestro en partirle la cara al destino.
