02-11-2024, 10:44 AM
Menudo espectáculo. La mejor de mis actuaciones desde que estoy en este lado del mundo. Ninguna víctima mortal, pero un centenar de enemigos inconscientes. Si cada uno de ellos tuviera una orden de arresto, no me da el sueldo para grilletes. Lo único que me fastidia de todo esto es que, entre uñas, tintes y prostéticos, me han dejado el pelaje y la ropa como una mierda. Mi prioridad debería de ser la de volver cuanto antes al campamento e informar de lo sucedido, pero, aunque no sea presumido, no puedo llegar con estas pintas. Uno tiene que conservar "el estilo".
Sin embargo, algo capta mi atención. Un olor a látex usado y fluido misceláneo se alza desde mi izquierda. -Interesante...- pienso en el momento, al ver que un tipo parece haber aguantado mi acometida inicial. O tal vez no se ha dignado a atacar y se ha ocultado tras sus compañeros. Es un canijo de tal vez un par de metros, poco más. Tiene un traje exageradamente hortera y revelador, que encima parece muy incómodo. Pero el cabrón luce pelazo.
El sujeto empieza a acercarse hacia mi posición con toda la tranquilidad y confianzas del mundo. Yo no volteo a verlo de frente, pero lo tengo presente desde el rabillo del ojo. Si intenta atacarme desde ese ángulo, lo puedo reducir sin dificultad. Yo, mientras hago como si no me interesara por lo que hace, me retiro toda la morralla del cuerpo. No le presto exceso atención a lo que dice, pero puedo darme cuenta por su tono y por sus formas que no es precisamente simpatizante del Gobierno Mundial o la Marina. O tal vez sean deducciones precipitadas. Me la suda, porque ya solo me queda una extensión pegada en la melena y ya estaría limpio de nuevo. Pero el tío, sin miedo alguno, a pesar de haber noqueado a todo su séquito, se ha acercado hasta los dos metros, hasta entrar a rango. Y ni corto ni perezoso, extiende su brazo hacia mi.
Sin vacilar ni un solo segundo más, cuando veo que intenta tocarme, suelto un puñetazo con la zurda a máxima potencia contra su rostro. El golpe descarga toda mi fuerza, y solo queda un grito de guerra en el aire mientras se produce el impacto.
El hombre sale despedido por donde vino. Parece aturdido por el impacto. Y es normal, pues un golpe de semejante calibre, siempre pasa factura. Mientras tanto, con mi mano diestra y toda la calma del mundo, me retiro el último desperfecto de mi pelo. Cuando parece que se estabiliza, lo miro de frente, atento y, señalándolo con seriedad y firmeza, le recrimino. -No tengas el valor de tocar sin permiso a la Marina. Retírate con vida o prepárate para luchar contra el destino y que te parta la cara, yare yare daze...-
Sin embargo, algo capta mi atención. Un olor a látex usado y fluido misceláneo se alza desde mi izquierda. -Interesante...- pienso en el momento, al ver que un tipo parece haber aguantado mi acometida inicial. O tal vez no se ha dignado a atacar y se ha ocultado tras sus compañeros. Es un canijo de tal vez un par de metros, poco más. Tiene un traje exageradamente hortera y revelador, que encima parece muy incómodo. Pero el cabrón luce pelazo.
El sujeto empieza a acercarse hacia mi posición con toda la tranquilidad y confianzas del mundo. Yo no volteo a verlo de frente, pero lo tengo presente desde el rabillo del ojo. Si intenta atacarme desde ese ángulo, lo puedo reducir sin dificultad. Yo, mientras hago como si no me interesara por lo que hace, me retiro toda la morralla del cuerpo. No le presto exceso atención a lo que dice, pero puedo darme cuenta por su tono y por sus formas que no es precisamente simpatizante del Gobierno Mundial o la Marina. O tal vez sean deducciones precipitadas. Me la suda, porque ya solo me queda una extensión pegada en la melena y ya estaría limpio de nuevo. Pero el tío, sin miedo alguno, a pesar de haber noqueado a todo su séquito, se ha acercado hasta los dos metros, hasta entrar a rango. Y ni corto ni perezoso, extiende su brazo hacia mi.
Sin vacilar ni un solo segundo más, cuando veo que intenta tocarme, suelto un puñetazo con la zurda a máxima potencia contra su rostro. El golpe descarga toda mi fuerza, y solo queda un grito de guerra en el aire mientras se produce el impacto.
-¡¡¡MUDAAAAA!!!-
El hombre sale despedido por donde vino. Parece aturdido por el impacto. Y es normal, pues un golpe de semejante calibre, siempre pasa factura. Mientras tanto, con mi mano diestra y toda la calma del mundo, me retiro el último desperfecto de mi pelo. Cuando parece que se estabiliza, lo miro de frente, atento y, señalándolo con seriedad y firmeza, le recrimino. -No tengas el valor de tocar sin permiso a la Marina. Retírate con vida o prepárate para luchar contra el destino y que te parta la cara, yare yare daze...-
Aclaraciones
Bélico
