05-11-2024, 01:15 PM
Tal y como había supuesto, Carmilla aceptó en cuanto escuchó lo que le dije, me parecía incluso tierno que fuera tan natural respecto a sus pensamientos, era fácil de leer, casi siempre. Aunque si en algo era genuinamente natural era en su cuerpo, con la excusa de que tenía calor comenzó a desvestirse, mi única respuesta: Alzar una ceja. — ¿Calor? — Pensé, no hacía calor, tampoco frío, una temperatura agradable e intermedia, lo que se podía esperar de las etapas más tempranas del otoño. Fuera o no fuera una excusa el resultado era el mismo, mi compañera acabó en ropa interior, muy bonita, todo sea dicho, frente a mí, y había lanzado la ropa a un lado para que no interfiriera en el transcurso del combate. No quise interferir mientras lo hacía, al fin y al cabo no estábamos en un combate en serio, era algo para practicar, no había necesidad de aprovechar cualquier mínima oportunidad para intentar dar el golpe de gracia, incluso de haberlo querido dudaba mucho de que alguno de mis golpes contra ella fueran a ser un golpe de gracia.
Cuando la propia Carmilla dio por reanudado el entrenamiento me dispuse a recortar la distancia que nos separaba después de su salto, pero antes de que pudiera mover el pie izquierdo para avanzar el látigo de la peliblanca recorrió esa distancia y golpeó mi tobillo derecho, de nuevo esa sensación como la de un pinchazo, más molesto que doloroso, y mi compañera ya había visto que acertar esos golpes no era suficiente para pararme. Avancé y en cuestión de segundos ya estaba en mi rango de ataque, yo con el arma hacia atrás, paralela al suelo de cubierta, y con un movimiento semicircular golpeé el costado derecho de mi compañera con la culata del rifle, teniendo mi arma agarrada por el cañón con ambas manos.
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