26-11-2024, 05:11 PM
Atento, con todos mis sentidos puestos en esperar algún ataque que fuera hacia Gin de cualquiera de los lados, no me dio tiempo a reaccionar cuando el suelo se abrió bajo sus pies y sin poder hacer nada cayó. Las puertecillas de la, evidente por otro lado, trampa que nos habían tendido me pilló por sorpresa, pese a todo. Nunca hubiera esperado que el suelo se abriese. Tomé nota mental para próximas ocasiones. Quizá lo mejor que nos podía haber pasado es que precisamente él cayera al fondo de la base. Más fácil tirarla abajo. No dije nada. El silencio seguía reinando por el momento. Ashura seguía en torno a mi convertido en un humo blanco que me recordaba a algunas de las imágenes que había visto en la catedral de San George. Me protegía y pasaba desapercibido al mismo tiempo. El semi-oni era un maldito genio, pese a que a menudo hablara con un coco. De pronto me di cuenta de que un sonido había comenzado a escucharse y las luces iluminaron la sala. Una gran estancia con varias puertas y una escalinata que subía. Mi primer impulso fue buscar una forma de descender para ir a buscar a mi compañero, pero luego me di cuenta de que, efectivamente era Rapax. Tiraría aquel sitio abajo desde donde estuviese. Solo tenía que esperar un terremoto bajo mis pies.
El capitán de los piratas Mushoku me preguntó por lo que olía. Me seguía tratando como un sabueso. Me molestaba en cierta forma, pero lo dejé pasar una vez más. - No huelo, Veo... Oigo.... Se abrió una trampilla bajo los pies de Rapax. Veo unas grandes escaleras, pero no se si podremos llegar a ellas antes de activar otra trampa. Por lo de pronto, en caso de que pise y vuelva a activar las puertecillas iremos a parar al mismo sitio que él, por lo tanto, no estaría tan mal. Luego solo habría que subir matando marines hasta llegar otra vez aquí. - Dije con el tono tranquilo de siempre, como si la base no me hubiera empezado a dar sospechas de que la caída de Gin era lo más suave que nos iba a pasar. Ashura me susurró al oído que si se caía todo por las prisas de Rapax, que saliera corriendo sin pensar en él. Por supuesto que lo iba a hacer. Es de humo. No quedaría aplastado por nada que se le cayese encima. Si el médico palma, estos dos estarían bien jodidos, por lo que claro que saldría corriendo tras ralentizar las rocas del derrumbe. Asentí ante las palabras del capitán. Me invitó a entrar. A matar a todos los que allí estuviesen antes de llegar a las escaleras. Pero no veía ni un alma. Recorrí una vez más con la mirada la estancia y me di cuenta de que a la izquierda, por debajo de una puerta, una luz rojiza se asomaba tétrica. Mis ojos se clavaron allí. Tenía que ir hasta las escaleras. Era una luz escalofriante. No podía dejar de verla. Me acerqué un más a la puerta y, con cuidado, palpé el suelo. Avancé con precaución, con el halo de Ashura rodeándome me sentía más seguro. No podía dejar de mirar aquella luz de debajo de la puerta. Me había casi hipnotizado. - Mira allí, a la izquierda. Debajo de la puerta.- Me sentía una puta mosca ante una lámpara anti insectos. Quería ir hacia ella, pero a la vez, no quería saber los horrores que albergaba. Seguí avanzando con cautela hacia las escaleras. Las ordenes del capitán debía seguirlas si no quería morir por su propia mano. Con cuidado, llegué hasta las escaleras y miré hacia arriba.
El capitán de los piratas Mushoku me preguntó por lo que olía. Me seguía tratando como un sabueso. Me molestaba en cierta forma, pero lo dejé pasar una vez más. - No huelo, Veo... Oigo.... Se abrió una trampilla bajo los pies de Rapax. Veo unas grandes escaleras, pero no se si podremos llegar a ellas antes de activar otra trampa. Por lo de pronto, en caso de que pise y vuelva a activar las puertecillas iremos a parar al mismo sitio que él, por lo tanto, no estaría tan mal. Luego solo habría que subir matando marines hasta llegar otra vez aquí. - Dije con el tono tranquilo de siempre, como si la base no me hubiera empezado a dar sospechas de que la caída de Gin era lo más suave que nos iba a pasar. Ashura me susurró al oído que si se caía todo por las prisas de Rapax, que saliera corriendo sin pensar en él. Por supuesto que lo iba a hacer. Es de humo. No quedaría aplastado por nada que se le cayese encima. Si el médico palma, estos dos estarían bien jodidos, por lo que claro que saldría corriendo tras ralentizar las rocas del derrumbe. Asentí ante las palabras del capitán. Me invitó a entrar. A matar a todos los que allí estuviesen antes de llegar a las escaleras. Pero no veía ni un alma. Recorrí una vez más con la mirada la estancia y me di cuenta de que a la izquierda, por debajo de una puerta, una luz rojiza se asomaba tétrica. Mis ojos se clavaron allí. Tenía que ir hasta las escaleras. Era una luz escalofriante. No podía dejar de verla. Me acerqué un más a la puerta y, con cuidado, palpé el suelo. Avancé con precaución, con el halo de Ashura rodeándome me sentía más seguro. No podía dejar de mirar aquella luz de debajo de la puerta. Me había casi hipnotizado. - Mira allí, a la izquierda. Debajo de la puerta.- Me sentía una puta mosca ante una lámpara anti insectos. Quería ir hacia ella, pero a la vez, no quería saber los horrores que albergaba. Seguí avanzando con cautela hacia las escaleras. Las ordenes del capitán debía seguirlas si no quería morir por su propia mano. Con cuidado, llegué hasta las escaleras y miré hacia arriba.
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