10-09-2023, 01:10 AM
Le extrañó un poco lo del limón, pero no hizo preguntas. Cada uno se tomaba el café como quería y de la manera que más le gustaba. Si tu mayor deseo en el momento era café con limón, Don Bambú no te juzgaría. Bueno, igual te juzgaba un poco, porque es raro de cojones tomar café con limón, pero en silencio y nunca llamándote la atención por ello. No como los italianos con la pizza con piña, que están tontitos con el tema. Cuando la camarera se fue, Derya sacó el tema de que tenía ganas de hablar con el panda para conocerle mejor. Don Bambú la miró en silencio, calibrando la situación, pero finalmente asintió. —Sí, venga. —Lo del juego le parecía un poco raro, porque Derya sólo tenía que preguntar lo que quisiera saber y el panda se lo diría. No le gustaba ocultar gran cosa de su pasado. Quizás lo de que su padre fuera marine... No, eso también lo contaría. Su padre era marine, no él. Derya le dijo que tenía dos hermanos. De algún modo se la había imaginado como hija única. —En mi cabeza no tenías ninguno, qué curioso. —Y entonces se quedó pensativo. No tenía ni idea de qué contarle y empezaba a pensar que se le iba a dar mal el juego. Echó la cabeza atrás, mirando hacia el cielo y pensando en su vida. ¿Qué era lo suficientemente relevante como para ser contado? No tenía ni idea. Tampoco quería dar detalles carentes de importancia. Sin embargo, ¿qué carecía de importancia al fin y al cabo? Le dio vueltas unos segundos más y decidió decir algo por fin. —Pues... Mi madre era bibliotecaria, igual que yo. —Dijo finalmente. No sabía si alguien sabía ya que el panda era bibliotecario antes de ser revolucionario, pero si no era así, ahora se sabría con certeza. La camarera llegó justo después de aquella respuesta con lo que habían pedido. Al panda le dejó un café solo y a Derya su café con leche y un limón al lado con muchos terrones de azúcar situados alrededor del plato. Además, en el centro de la mesa dejó cuatro trozos de bizcocho para los clientes. Eran pequeños rectángulos dulces. Don Bambú cogió uno y tras inspeccionarlo lo probó. Decidió que le gustaba y se lo comió entero. Para él era minúsculo, claro. Pero después no cogió más. —Si te gusta cómete el resto. No soy muy de dulce. —Concedió. —Y eso han sido dos cosas sobre mí. Así que te toca. —Y rio levemente.
