15-12-2024, 12:19 PM
Gracias a que Kevin había podido encargarse de los dos esbirros del que parecía el líder de ese grupo de tres, Gideon pudo concentrarse plenamente en el hombretón que aún seguía sentado en el suelo y quejándose por el golpe anterior que le dio el skypiean en su nariz. El pelimorado aprovechó esta apertura para, subirse a él y mantenerle su katana alrededor de su cuello, pidiéndole que se rindiera y largaran de allí, si es que no quería sufrir más daño.- ¡Q-qué guay qué eres Gideon!! - Pensó Kevin, echando brillitos por sus ojitos por lo molón que era su amigo en situaciones como esta... Aunque también reconocía que algo de miedo le daba. En ocasiones como esta, el trajeado agradecía ser el amigo del cazador y no tener que enfrentarse a él.
Mientras el pelimorado estaba centrado el hombretón, Kevin fue hacia los otros dos, ataviándose la corbata en el proceso.- P-por favor, os pido que os rindáis tal y como dice mi amigo... - Dijo, tragando saliva entre medias y preparando los martillos en caso de pasar al ataque.- N-no me gustaría t-tener que volver a golpearos... - Declaró, sin ánimo de sonar como una amenaza. Los dos esbirros, que estaban de rodillas, empezaron a levantarse de nuevo, lentamente, a la par que se giraban para encarar al oficinista.- ¡Jefe! Ni pienses rendirte ante estos pánfilos... Ugh... - Soltó el hombre de pelo afro, mientras adoptaba una pose de combate.- Nosotros nos encargamos de este mindundi - Sentenció, lanzándose inmediatamente hacia el pluriempleado, con la intención de clavar su navaja en el estómago del oficinista, al igual que lo hacía su compañero de pelo mohicano, pero con el objetivo de propinarle un derechazo en su costado izquierdo.- ¡P-porras! - Exclamó Kevin, al observar que tendría que seguir combatiendo, agarrando con firmeza ambos martillos. Los subió a la altura de su cabeza con alta rapidez para, después de haber alcanzado ese punto, hacerlos descender con fuerza, estampando el martillo de su derecha en la hoja de la navaja que se dirigía hacia su abdomen - haciendo que se resquebrajara -, y con el de su izquierda golpeó el puñetazo del hombre con pelo mohicano, causando que gritara de dolor ante el daño que había recibido.- Serás... - Maldijo el del pelo afro, lanzando al suelo lo que quedaba de su arma de filo.- L-lo siento, espero que me p-perdonéis... - Se disculpó, tembloroso, a la par que cruzaba sus brazos - en forma de equis -, para darle un "mamporrazo" en la cabeza a cada uno.- Ugh... Mierda... - Los secuaces cayeron al suelo, perdiendo la inconsciencia, dejando tan solo en pie al jefe que se batía contra Gideon.- ¡M-MIÉRCOLES!... E-espero no haber sido el responsable de d-dos homicidios... - Se llevó las manos a la cara, alterado. Quizás se había pasado de fuerza...
Mientras el pelimorado estaba centrado el hombretón, Kevin fue hacia los otros dos, ataviándose la corbata en el proceso.- P-por favor, os pido que os rindáis tal y como dice mi amigo... - Dijo, tragando saliva entre medias y preparando los martillos en caso de pasar al ataque.- N-no me gustaría t-tener que volver a golpearos... - Declaró, sin ánimo de sonar como una amenaza. Los dos esbirros, que estaban de rodillas, empezaron a levantarse de nuevo, lentamente, a la par que se giraban para encarar al oficinista.- ¡Jefe! Ni pienses rendirte ante estos pánfilos... Ugh... - Soltó el hombre de pelo afro, mientras adoptaba una pose de combate.- Nosotros nos encargamos de este mindundi - Sentenció, lanzándose inmediatamente hacia el pluriempleado, con la intención de clavar su navaja en el estómago del oficinista, al igual que lo hacía su compañero de pelo mohicano, pero con el objetivo de propinarle un derechazo en su costado izquierdo.- ¡P-porras! - Exclamó Kevin, al observar que tendría que seguir combatiendo, agarrando con firmeza ambos martillos. Los subió a la altura de su cabeza con alta rapidez para, después de haber alcanzado ese punto, hacerlos descender con fuerza, estampando el martillo de su derecha en la hoja de la navaja que se dirigía hacia su abdomen - haciendo que se resquebrajara -, y con el de su izquierda golpeó el puñetazo del hombre con pelo mohicano, causando que gritara de dolor ante el daño que había recibido.- Serás... - Maldijo el del pelo afro, lanzando al suelo lo que quedaba de su arma de filo.- L-lo siento, espero que me p-perdonéis... - Se disculpó, tembloroso, a la par que cruzaba sus brazos - en forma de equis -, para darle un "mamporrazo" en la cabeza a cada uno.- Ugh... Mierda... - Los secuaces cayeron al suelo, perdiendo la inconsciencia, dejando tan solo en pie al jefe que se batía contra Gideon.- ¡M-MIÉRCOLES!... E-espero no haber sido el responsable de d-dos homicidios... - Se llevó las manos a la cara, alterado. Quizás se había pasado de fuerza...
