17-12-2024, 01:05 AM
(Última modificación: 17-12-2024, 01:05 AM por Kisuke Kageyama.)
-¡¡BINGO!!
Tras caer la puerta y poder observar el interior de la estancia, por fin vio a los dos marines que andaba buscando; el muchacho del pelo verde que estaba inconsciente, y una chiquilla, o poco más que una chiquilla, con el cabello rojo y rizado. Kisuke no quiso bajar la guardia y entró caminando despacio con la espada alzada y sin quitar ojo a los marines, pero, en su interior, sabía que no podría acabar con aquellos muchachos a sangre fría. La chiquilla le vociferaba lo típico, que no se acercase, pero no podía intimidar a Kisuke con ese tono de voz tan asustado; podía notar como estaba aterrada y solo quería que no les hicieran daño ni a él ni a su amigo, que yacía inconsciente ante ella, y al que alzó con sus temblorosos brazos.
-No tengo intención de haceros ningún daño, mocosos, pero mi superior me ha pedido que os lleve con él, así que deja cualquier arma o den den mushi que lleves encima y no intentes ninguna estupidez.
Hubo un último y pesado estruendo, y, a continuación, silencio. La batalla debía haber terminado y no tenía ninguna duda de que sus compañeros habían acabado con la mujer-gorila. Siguió avanzando hacia los chiquillos despacio y apuntándolos con la punta de su katana, observando cuidadosamente sus movimientos. En realidad no tenía ganas de luchar contra aquellos chiquillos asustados, y esperaba que no hiciesen ninguna tontería; no quería tener que hacerles daño. Para demostrar que no tenía intención de herirles, envainó su espada cuando estaba a diez metros de la chiquilla con el compañero en brazos, levantando las manos y enseñando las palmas para demostrarle que no tenía intención de luchar.
-Somos revolucionarios, no asesinos, ni piratas despiadados. Buscamos ayudar a la gente más desfavorecida, y, tú ahora mismo junto con tu compañero, sois dos desfavorecidos, así que escúchame y entrega cualquier arma o sistema de comunicación que llevéis, por favor.
En ese momento, apareció Don Bambú, con una actitud ciertamente agresiva, lo cual podría ser contraproducente, mandando a la chiquilla arrojar las armas y tumbarse en el suelo con las manos en la nuca. Kisuke, a pesar de ello, saludo al mink con calidez y se alegraba de que estuviese bien tras pelear contra aquella tipa tan fuerte. Sonrió al panda y le dijo con voz tranquila:
-Tranquilo, Bambú, ya le he expuesto mis condiciones a la muchacha, no hace falta ser agresivos. Descansa y vigila, puedo encargarme de esto, de verdad, aunque te lo agradezco, camarada.
Esperaba que la irrupción del mink no hubiese alterado lo que estaba intentando Kisuke, pero no podía saberlo, esperaba que la chiquilla hubiese comprendido que no pretendían ponerles una mano encima a ninguno de los dos.
Tras caer la puerta y poder observar el interior de la estancia, por fin vio a los dos marines que andaba buscando; el muchacho del pelo verde que estaba inconsciente, y una chiquilla, o poco más que una chiquilla, con el cabello rojo y rizado. Kisuke no quiso bajar la guardia y entró caminando despacio con la espada alzada y sin quitar ojo a los marines, pero, en su interior, sabía que no podría acabar con aquellos muchachos a sangre fría. La chiquilla le vociferaba lo típico, que no se acercase, pero no podía intimidar a Kisuke con ese tono de voz tan asustado; podía notar como estaba aterrada y solo quería que no les hicieran daño ni a él ni a su amigo, que yacía inconsciente ante ella, y al que alzó con sus temblorosos brazos.
-No tengo intención de haceros ningún daño, mocosos, pero mi superior me ha pedido que os lleve con él, así que deja cualquier arma o den den mushi que lleves encima y no intentes ninguna estupidez.
Hubo un último y pesado estruendo, y, a continuación, silencio. La batalla debía haber terminado y no tenía ninguna duda de que sus compañeros habían acabado con la mujer-gorila. Siguió avanzando hacia los chiquillos despacio y apuntándolos con la punta de su katana, observando cuidadosamente sus movimientos. En realidad no tenía ganas de luchar contra aquellos chiquillos asustados, y esperaba que no hiciesen ninguna tontería; no quería tener que hacerles daño. Para demostrar que no tenía intención de herirles, envainó su espada cuando estaba a diez metros de la chiquilla con el compañero en brazos, levantando las manos y enseñando las palmas para demostrarle que no tenía intención de luchar.
-Somos revolucionarios, no asesinos, ni piratas despiadados. Buscamos ayudar a la gente más desfavorecida, y, tú ahora mismo junto con tu compañero, sois dos desfavorecidos, así que escúchame y entrega cualquier arma o sistema de comunicación que llevéis, por favor.
En ese momento, apareció Don Bambú, con una actitud ciertamente agresiva, lo cual podría ser contraproducente, mandando a la chiquilla arrojar las armas y tumbarse en el suelo con las manos en la nuca. Kisuke, a pesar de ello, saludo al mink con calidez y se alegraba de que estuviese bien tras pelear contra aquella tipa tan fuerte. Sonrió al panda y le dijo con voz tranquila:
-Tranquilo, Bambú, ya le he expuesto mis condiciones a la muchacha, no hace falta ser agresivos. Descansa y vigila, puedo encargarme de esto, de verdad, aunque te lo agradezco, camarada.
Esperaba que la irrupción del mink no hubiese alterado lo que estaba intentando Kisuke, pero no podía saberlo, esperaba que la chiquilla hubiese comprendido que no pretendían ponerles una mano encima a ninguno de los dos.
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