19-12-2024, 10:00 PM
(Última modificación: 20-12-2024, 09:46 PM por Charlotte Lyra.)
- ¿200 Berries por 2 horas bailando?? ¡¡¡Está loco, hasta el sudor que soltaré en esa actuación vale más!!!
- Es lo que hay niña, lo tomas o lo dejas
- … aquí estaré
Era un De ja vú, Charel había tenido esa conversación ya un total de 7 veces, nadie quería pagar por el arte, y menos una suma justa. No podía culparlos, al final solo era una cría, nadie la había visto bailar y a nadie le importaba su talento, nadie la conocía, y a este ritmo nadie iba a hacerlo.
La triste realidad era que vivir del baile era cuanto menos una penuria. A ella le parecía bien, podría vivir de eso, quizás bailando en varios sitios, en distintos momentos del día… a lo mejor con el tiempo encontraría ofertas mejores cuando la empezaran a reconocer, pero hasta ese momento, ¿Cómo iba a conseguir 60.000 berries?
Sus padres no le habían puesto ningún plazo, pero ella sabía la realidad, si tardaba demasiado iban a dudar de que realmente pudiera vivir de ello, no estarían tranquilos y solo le quedaría una vida entera de suplicas de ambos insistiendo en que volviera a la tienda. A lo sumo en 6 meses debía pagarla, quizás un poco más, pero no quería ser optimista.
“Quizás si me voy a otra ciudad y ejerzo como comerciante… en poco tiempo podría…” NO eso no debía ser una opción, quería escapar de ese futuro, si lo hacía como comerciante mejor rendirse.
Salió de la taberna “la Vieja Gloria”, volvería a la mañana siguiente para hacer su actuación, ahora debía procurarse algo de comida y un refugio.
Sus padres le habían dado ropa de bailarina y una nueva cinta, menos mal porque si hubiera tenido que comprarlos… habría empezado con una deuda mucho más cuantiosa.
Los primeros días fuera de su casa habían sido duros, en cuanto fue a buscar trabajo bailando llegaron las propuestas indecentes. Charel se lo esperaba, pero no las miradas lascivas, al menos pudo salir corriendo.
La siguiente etapa tampoco fue fácil, la escasez, había estado durmiendo en el bosque todos los días, e iba tirando del dinero de sus padres para poder comer, si no encontraba trabajo pronto volvería más endeudada de lo que se fue. Ahí comenzaron las ofertas bajas, con las que se dio cuenta que tendría que encontrar unas 15 tabernas en las que bailar… y que el día tuviera 40 horas para que pudiera pagar la deuda a tiempo.
Los números se le daban bien, si restaba lo que empleaba en subsistir, no habría manera de pagar los 60.000 berries en un tiempo razonable.
De camino al bosque compró un bollo de pan, no debía gastar más, ya que eso era lo que había ganado el día anterior, en una taberna en la que le habían dicho que no volviera, cuando le cruzó la cara a un cliente por tocarle el culo.
A ese ritmo…no quería ni pensarlo, tenía que mantenerse positiva, encontraría la forma, el trabajo en "La Vieja Gloria” era a una buena hora, por la mañana no había borrachos, o eso creía, y seguro que como esa saldrían más, tenía que tener fe, aunque el rugido de su estómago se la quitara, al menos eso se durmió pensando.
A la mañana siguiente, con los primeros rayos del sol, se acercó a asearse a un riachuelo cercano, al menos la ropa abrigada le permitía dormir al raso sin problema, no todo era malo.
Una vez lista y con su ropa de bailarina se encaminó a “la Vieja Gloria” dispuesta a dar lo mejor de sí. Esa mañana había poca gente, apenas media docena de personas, pero no iba a dejar que eso la desanimara, hoy tenía que ser un buen día.
Comenzó su número, Charel se alza con una mezcla de determinación y nerviosismo. La música comienza: una pieza apasionada, cargada de crescendos y silencios que parecen narrar una historia de lucha y esperanza. Es el tipo de melodía que enciende emociones, invitando al cuerpo a entregarse por completo.
Sus primeros pasos fueron precisos, aunque tímidos, como si aún buscara la seguridad en cada línea y giro. Su técnica, imperfecta pero firme, delata su esfuerzo constante. Había detalles por pulir: un salto que no alcanzó del todo su altura, un giro que le hizo perder un poco el balance. Pero lo que le faltaba en perfección lo compensa con corazón. Cada vez que extendía sus brazos o marcaba un movimiento, parecía volcar en él su alma joven, vibrante y decidida.
La música se intensificó, y con ella, su expresión. Es aquí donde su pasión desbordó las fronteras de su técnica: sus ojos brillaron, su rostro se iluminó, y en su entrega se olvidó de todo, incluso de los posibles fallos.
Su baile apenas hace que gane unos aplausos vagos e insípidos, al menos el semigigante de la sala aplaude y eso parece llenar el silencio de las demás personas de la taberna, que apenas la han mirado.
Charel solo puede salir corriendo, la desesperación se escapa por las lágrimas de sus ojos, se refugia en una sala que el dueño le había cedido para cambiarse, solo podía preguntarse una y otra vez qué iba a hacer.
Unos minutos después, más serena y ya calmada sale para hablar con el dueño. Es un buen hombre, la mira con compasión le da el dinero y le dice que la invita a desayunar en su taberna, quizás en uno o dos meses vuelva a contar con sus servicios. Ella se lo agradece, coge el desayuno y se dirige a una mesa, directa a sumirse en sus pensamientos.
“No puedo seguir así, quizás soy solo yo, quizás el problema siempre fui yo, pero los números no mienten, así nunca podré pagar el dinero, solo queda plantearse otras alternativas, pero ¿cuáles?”
Como si el mundo le estuviera contestando, un papel se deslizó desde una mesa más alta, la contigua, en la que estaba sentado el semigigante y otro chico en el que apenas había reparado.
Era un cartel de “wanted”, con una recompensa de 25.000 berries nada menos, si pudiera hacer algunas de esas misiones, podría pagar el dinero rápido, y luego dedicarse al baile, con calma, sin prisa, y aunque le costara vivir de ello libremente.
Aunque una misión de esa naturaleza le resultaría complicada, por no decir imposible a ella sola, apenas sabía utilizar el látigo, poco podía usar para ello a parte de su ingenio.
Una vez más como si el universo le hablara una voz dijo:
- Disculpa, creo que eso es nuestro.
Ahí estaba la siguiente solución, compañeros de equipo, tardaría más en conseguir el dinero, pero lo haría de una manera más segura. Solo quedaba un detalle, ¿la aceptarían en ese peculiar grupo?
- Es lo que hay niña, lo tomas o lo dejas
- … aquí estaré
Era un De ja vú, Charel había tenido esa conversación ya un total de 7 veces, nadie quería pagar por el arte, y menos una suma justa. No podía culparlos, al final solo era una cría, nadie la había visto bailar y a nadie le importaba su talento, nadie la conocía, y a este ritmo nadie iba a hacerlo.
La triste realidad era que vivir del baile era cuanto menos una penuria. A ella le parecía bien, podría vivir de eso, quizás bailando en varios sitios, en distintos momentos del día… a lo mejor con el tiempo encontraría ofertas mejores cuando la empezaran a reconocer, pero hasta ese momento, ¿Cómo iba a conseguir 60.000 berries?
Sus padres no le habían puesto ningún plazo, pero ella sabía la realidad, si tardaba demasiado iban a dudar de que realmente pudiera vivir de ello, no estarían tranquilos y solo le quedaría una vida entera de suplicas de ambos insistiendo en que volviera a la tienda. A lo sumo en 6 meses debía pagarla, quizás un poco más, pero no quería ser optimista.
“Quizás si me voy a otra ciudad y ejerzo como comerciante… en poco tiempo podría…” NO eso no debía ser una opción, quería escapar de ese futuro, si lo hacía como comerciante mejor rendirse.
Salió de la taberna “la Vieja Gloria”, volvería a la mañana siguiente para hacer su actuación, ahora debía procurarse algo de comida y un refugio.
Sus padres le habían dado ropa de bailarina y una nueva cinta, menos mal porque si hubiera tenido que comprarlos… habría empezado con una deuda mucho más cuantiosa.
Los primeros días fuera de su casa habían sido duros, en cuanto fue a buscar trabajo bailando llegaron las propuestas indecentes. Charel se lo esperaba, pero no las miradas lascivas, al menos pudo salir corriendo.
La siguiente etapa tampoco fue fácil, la escasez, había estado durmiendo en el bosque todos los días, e iba tirando del dinero de sus padres para poder comer, si no encontraba trabajo pronto volvería más endeudada de lo que se fue. Ahí comenzaron las ofertas bajas, con las que se dio cuenta que tendría que encontrar unas 15 tabernas en las que bailar… y que el día tuviera 40 horas para que pudiera pagar la deuda a tiempo.
Los números se le daban bien, si restaba lo que empleaba en subsistir, no habría manera de pagar los 60.000 berries en un tiempo razonable.
De camino al bosque compró un bollo de pan, no debía gastar más, ya que eso era lo que había ganado el día anterior, en una taberna en la que le habían dicho que no volviera, cuando le cruzó la cara a un cliente por tocarle el culo.
A ese ritmo…no quería ni pensarlo, tenía que mantenerse positiva, encontraría la forma, el trabajo en "La Vieja Gloria” era a una buena hora, por la mañana no había borrachos, o eso creía, y seguro que como esa saldrían más, tenía que tener fe, aunque el rugido de su estómago se la quitara, al menos eso se durmió pensando.
A la mañana siguiente, con los primeros rayos del sol, se acercó a asearse a un riachuelo cercano, al menos la ropa abrigada le permitía dormir al raso sin problema, no todo era malo.
Una vez lista y con su ropa de bailarina se encaminó a “la Vieja Gloria” dispuesta a dar lo mejor de sí. Esa mañana había poca gente, apenas media docena de personas, pero no iba a dejar que eso la desanimara, hoy tenía que ser un buen día.
Comenzó su número, Charel se alza con una mezcla de determinación y nerviosismo. La música comienza: una pieza apasionada, cargada de crescendos y silencios que parecen narrar una historia de lucha y esperanza. Es el tipo de melodía que enciende emociones, invitando al cuerpo a entregarse por completo.
Sus primeros pasos fueron precisos, aunque tímidos, como si aún buscara la seguridad en cada línea y giro. Su técnica, imperfecta pero firme, delata su esfuerzo constante. Había detalles por pulir: un salto que no alcanzó del todo su altura, un giro que le hizo perder un poco el balance. Pero lo que le faltaba en perfección lo compensa con corazón. Cada vez que extendía sus brazos o marcaba un movimiento, parecía volcar en él su alma joven, vibrante y decidida.
La música se intensificó, y con ella, su expresión. Es aquí donde su pasión desbordó las fronteras de su técnica: sus ojos brillaron, su rostro se iluminó, y en su entrega se olvidó de todo, incluso de los posibles fallos.
Su baile apenas hace que gane unos aplausos vagos e insípidos, al menos el semigigante de la sala aplaude y eso parece llenar el silencio de las demás personas de la taberna, que apenas la han mirado.
Charel solo puede salir corriendo, la desesperación se escapa por las lágrimas de sus ojos, se refugia en una sala que el dueño le había cedido para cambiarse, solo podía preguntarse una y otra vez qué iba a hacer.
Unos minutos después, más serena y ya calmada sale para hablar con el dueño. Es un buen hombre, la mira con compasión le da el dinero y le dice que la invita a desayunar en su taberna, quizás en uno o dos meses vuelva a contar con sus servicios. Ella se lo agradece, coge el desayuno y se dirige a una mesa, directa a sumirse en sus pensamientos.
“No puedo seguir así, quizás soy solo yo, quizás el problema siempre fui yo, pero los números no mienten, así nunca podré pagar el dinero, solo queda plantearse otras alternativas, pero ¿cuáles?”
Como si el mundo le estuviera contestando, un papel se deslizó desde una mesa más alta, la contigua, en la que estaba sentado el semigigante y otro chico en el que apenas había reparado.
Era un cartel de “wanted”, con una recompensa de 25.000 berries nada menos, si pudiera hacer algunas de esas misiones, podría pagar el dinero rápido, y luego dedicarse al baile, con calma, sin prisa, y aunque le costara vivir de ello libremente.
Aunque una misión de esa naturaleza le resultaría complicada, por no decir imposible a ella sola, apenas sabía utilizar el látigo, poco podía usar para ello a parte de su ingenio.
Una vez más como si el universo le hablara una voz dijo:
- Disculpa, creo que eso es nuestro.
Ahí estaba la siguiente solución, compañeros de equipo, tardaría más en conseguir el dinero, pero lo haría de una manera más segura. Solo quedaba un detalle, ¿la aceptarían en ese peculiar grupo?
