[Pasado] - De la sangre a la música
#7

El camino hacia Tara estuvo lleno de silencios tensos, interrumpidos solo por las palabras de Pralder, quien parecía decidido a llenar el aire con su voz. No podía culparlo. En cierto modo, siendo de agradecer, sus historias aligeraban la carga de nuestros pensamientos, aunque apenas escuchaba lo que decía. Mi mente seguía atrapada en el cartel, en la recompensa y en las sombras de lo que este grupo podría significar.

Charel, la joven bailarina, se mantenía cerca de nosotros, su rostro oscilando entre la determinación y la duda. Había insistido en unirse a nosotros, incluso después de dejar claro que nunca había hecho algo como esto antes. Pero había algo en ella, algo que reconocía: una chispa de desesperación mezclada con esperanza. Esa mezcla que te obliga a seguir adelante cuando todo parece en tu contra. No estaba seguro de que confiar en ella fuera prudente, pero ¿acaso tenía otra opción?

Pralder, por otro lado, era todo lo contrario. Alto, fuerte y lleno de vida. Su actitud despreocupada me molestaba más de lo que debería. Parecía tan cómodo con todo, como si nada pudiera derribarlo. Pero algo en su mirada me decía que él también cargaba con lo suyo, aunque lo escondiera detrás de esa risa estruendosa. Sin duda teníamos un grupo variopinto y, con él cerca, era difícil no notarnos.

Al llegar al bosque cerca de Tara, Charel se detuvo y señaló un árbol grande donde había pasado la noche anterior. Con agilidad sorprendente, subió para orientarse y regresó con información crucial. Sabía hacia dónde había ido el pirata: un pequeño pueblo pesquero al sur. Por un momento, quise preguntarle cómo lo sabía, pero su rostro era tan seguro que decidí no hacerlo. No sé si fue que pensé que quizá era mejor no conocer los detalles o que sencillamente no tenía ganas de hablar.

Durante el trayecto final hacia Tara, mi mente se concentró en los detalles del plan. Lo primero sería localizar al pirata y confirmar que realmente estaba en el pueblo. Después, necesitaríamos una distracción efectiva para sacarlo de su escondite. Y ahí estaba el mayor riesgo: Charel había sugerido ser el cebo. Me opuse de inmediato, pero sus argumentos eran sólidos. Si alguien podía acercarse al pirata sin levantar sospechas, era definitivamente un chiquilla sin nombre. No me gustaba, pero sabía que tenía razón.

Cuando las luces de Tara se dibujaron a lo lejos, una mezcla de alivio y ansiedad se apoderó de mí. Habíamos llegado, pero eso no significaba que el peligro hubiera terminado. Más bien, acabábamos de dar el primer paso hacia algo que probablemente terminaría peor de lo que esperaba. Aún así no tenía más remedio que continuar adelante.

Nuestros pasos se volvieron más lentos mientras nos acercábamos al pueblo. Las calles eran estrechas, flanqueadas por casas de madera desgastada y adoquines torcidos que parecían llevar la contraria a cualquiera que intentara caminar derecho. El aire estaba impregnado de un olor penetrante a pescado, no diría que siempre fresco, mezclado con la sal del mar y el inconfundible hedor de la cerveza barata que fluía libremente desde las tabernas.

Todo a mi alrededor era un caos calculado. Marineros descargaban cajas en el puerto, mientras otros discutían a gritos sobre precios y rutas de comercio. Desde las puertas de una taberna cercana, un grupo de hombres cantaba desafinados, sus voces tan fuertes como el golpeteo de las jarras de cerveza en el bar y algún que otro golpe de un borracho al caer de espaldas. Todo en Tara era un recordatorio de que este lugar no era amable con extraños.

Nos movimos en silencio, o al menos, intenté que así fuera, ir con un semigigante de seis metros de altura no lo ponía fácil. Mantuve mis alas ocultas bajo la capa, como acostumbraba, y la capucha baja sobre mi rostro. Había aprendido hace tiempo que cuanto menos llames la atención, mejor. Sin embargo, no todos podían compartir esa filosofía.

En un momento, mis ojos se fijaron en un pequeño puesto de pescados ahumados. La mujer que lo atendía parecía estar completamente concentrada en su cuchillo, que cortaba los filetes con precisión milimétrica. Había algo en su postura, en la forma en que sus ojos seguían cada movimiento, que me hizo pensar que podría saber más de lo que aparentaba.

Hice una seña a mis compañeros para que esperasen y me acerqué, manteniéndome en silencio mientras dejaba que las sombras me cubrieran. La mujer no levantó la mirada de su trabajo, pero me notó rápidamente y fue ella quien rompió el silencio.

—¿Buscas algo en particular, chico? No pareces estar aquí por el pescado, y tampoco tienes cara de marinero.

Me quedé quieto, dejando que sus palabras flotaran en el aire. Saqué el cartel del pirata de mi capa y lo coloqué sobre la mesa entre nosotros. Mis dedos se quedaron sobre el papel, asegurándome de que no lo tomara sin permiso, aunque no creía que fuese a pasar.

Finalmente, levantó la mirada, evaluándome con un escrutinio que habría hecho retroceder a cualquiera menos decidido. Sus ojos pasaron del cartel a mí, luego de vuelta al cartel. Durante un breve instante, pensé que me iba a rechazar. Pero entonces habló, esta vez en voz más baja.

—Ah, Raick... Lo he visto, claro que sí. Llegó hace un par de noches y estuvo bebiendo en "El Vigía". Una taberna cerca del puerto. Tenía compañía. Dos tipos que parecían tan desagradables como él. —Hizo una pausa, como si evaluara si debía seguir hablando. Finalmente, dejó el cuchillo y se inclinó un poco hacia adelante. —Pero si estás buscando problemas, te diré algo más. Hay un barco pequeño escondido más allá del puerto principal. No puedo asegurarlo, pero algunos dicen que podría ser suyo o de su tripulación.

Sus palabras confirmaron algunas de mis sospechas, pero también añadieron nuevas complicaciones con las que lidiar. No sería un trabajo fácil, y si había un barco involucrado, las cosas podrían ponerse feas más pronto que tarde.
Me quedé en silencio unos segundos, considerando mis opciones antes de hablar. Aunque prefería mantener mis palabras al mínimo, había algo en su tono que me hacía sentir que un poco de cortesía no estaría de más.

—Gracias por compartir esa información conmigo. No voy a mentir, sé perfectamente que estoy jugando con fuego al venir aquí. Pero no tengo elección. Espero no convertir este plan en un desastre completo, aunque sería poco realista prometerlo. Haré todo lo posible por mantenerme fuera de problemas, aunque, si soy honesto, no soy muy bueno en eso. —Sigo preguntándome por qué sencillamente no puedo decir “Gracias” y ya está… En fin.

La mujer soltó una risa corta, apenas audible, antes de volver a tomar el cuchillo y retomar su trabajo. No dijo nada más, pero algo en su expresión me hizo pensar que no me deseaba mala suerte.

Me alejé del puesto, con las palabras de la mujer resonando en mi cabeza. Raick no estaba solo, y si había un barco escondido cerca, las cosas eran más peligrosas de lo que había previsto. No solo tenía que preocuparme por el pirata en sí, sino también por sus hombres y la posibilidad de que más refuerzos llegaran si las cosas se torcían.

Cuando volví al lugar donde me esperaban mis compañeros, intenté no mostrar mi cansancio. La noche en Tara tenía una forma especial de hacer que las sombras parecieran más densas de lo normal. Me acerqué a ellos despacio y dejé que el cartel hablara por mí al colocarlo sobre la mesa improvisada que habían encontrado.

—He hablado con alguien que sabe un par de cosas. El tipo del cartel estuvo en una taberna cerca del puerto, pero no está solo. —Deslicé el dedo sobre el cartel mientras continuaba, asegurándome de que Pralder pudiese entenderme al hablar, aunque sin gritar. —Tiene dos hombres con él, y parece que podría haber un barco escondido cerca. Si es su barco, significa que esto no va a ser un enfrentamiento sencillo.

Me crucé de brazos y miré a cada uno por turnos, dejando que el peso de las palabras se asentara. Luego suspiré, sabiendo que necesitaba mantener el control de la situación.

—No me interesa que esto se complique más de lo necesario. Vamos a movernos rápido. Lo primero será confirmar su ubicación. Luego, vamos a necesitar un plan. Espero que no creáis que tengo todas las respuestas. Tengo algunas ideas, pero si alguno de vosotros tiene algo brillante que decir, este sería un buen momento.

Esperé, observándolos mientras el sonido del puerto seguía llenando el aire. Sabía que no podíamos quedarnos allí mucho más tiempo.

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RE: [Pasado] - De la sangre a la música - por Casca Belles - 22-12-2024, 01:27 AM

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