Tras terminar de acotar los detalles del plan propuesto por Charel, decidimos que volver al bosque sería lo mejor para pasar la noche. El cielo estaba despejado y una de las lunas comenzaba a iluminar el camino, lo que nos facilitó encontrar un claro donde poder pasar la noche, no se porque, pero me pareció verles preocupados por encontrarme un hueco para que durmiese cómodo, agradecía la consideración, era un detalle y una señal de que la camaradería estaba surgiendo, pero… “ni siquiera llego a los siete metros, ya les diré que no se tienen que preocupar tanto. Me he quedado muy pequeño para lo que podría llegar a ser...“ comencé a reflexionar, aunque tampoco era algo importante ahora.
Cada uno se recostó en un árbol, Charel con mucha más gracia y agilidad que Casca, el segundo no se quedaba atrás en la agilidad, pero la muchacha había desarrollado unos pasos y técnica fruto de la costumbre. Por mi parte, me recosté sobre unas raices, con Rimera entre mis manos, no pensaba que algo nos fuera a encontrar o emboscar pero no estaba de más prevenir. El tacto de las telas trenzadas en el mango se sintieron reconfortantes, como si la propia hacha quisiera transmitirme tranquilidad para descansar, el desafío vendría mañana.
A la mañana siguiente me desperté con los primeros rayos de sol. El suelo estaba considerablemente frío por la escarcha y se escuchaban los primeros cantos de los pájaros. “Pájaros… pájaros…” pensé quizás verbalizando en voz baja mientras me despertaba.
- Alas… ohh Casca… - Comenté para mi mismo mientras giraba mi cabeza hacia el árbol donde éste había dormido. - ¡No está!
Levantándome de golpe con el hacha en mano me acerqué a la rama, había algo, una nota "Estaré en posición en la posada. Comenzaremos según lo planeado. – C.", eso me dejó más tranquilo. Acto seguido me giré para mirar al árbol donde había dormido Charel, parecía que mis movimientos y las voces la habían despertado y me estaba observando recostada, el pelo rosa algo enmarañado y la mala cara de quien disfruta durmiendo profundamente y en silencio.
- ¡Kehkekeke perdona Charel! No quería montar un alboroto de buena mañana, Casca ha ido a prepararse y me he asustado de primeras al no verlo, está todo bien - Dije disculpándome.
Ella se limitó a responder con gesto afirmativo y echándose hacía atrás se volvió a tumbar boca arriba, con las piernas y los brazos colgando a ambos lados de la rama y su cara mirando a la copa del árbol como buscando la determinación para levantarse pero sin mucho resultado.
- ¡Me voy a dirigir a “El Vigía” a hablar con Rona! ¡Descansa un rato más que áun es pronto! - Le comenté en voz alta mientras abandonaba el claro del bosque.
Andé rápido por los exteriores de Tara hasta llegar al puerto, la brisa marina era agradable y despejaba cualquier resto de sueño que pudiese quedar.
“El Vigía” se alzaba a lo lejos con su tejado triangular y oscuro aclarándose mientras el sol secaba la humedad de sus tejas. Los primeros clientes de la mañana llegando en busca de un desayuno caliente. Si tenía suerte, Rona no habría cambiado su rutina y a esta hora estaría fumando en la parte de atrás.
Rodeé el local y allí estaba, con un porte fuerte como los troncos de su local y acompañada de un cigarro excesivamente ancho.
- ¡Hola Rona cuanto tiempo! ¿Como va todo por aquí? ¡Esos cigarros tuyos cada vez van más cargados keehkekeke! - Saludé mientras me acercaba.
- ¡Pralder! Maldito mestizo gigante… ¡ya decía yo que los peces se habían ido y que el suelo temblaba de más! Si cada vez son más gordos los cigarros es porque cada vez me estresan más Nahahahaha. Cada vez vienen más impresentables a la taberna y no me gusta, esta era de la piratería me está inflando las narices y otras cosas - Comentó con enfado - Y a propósito de los piratas… escuché lo de la taberna, una pena…
Hablé un largo rato con ella y nos pusimos al día de lo vivído en los últimos cuatro meses, sin entrar en detalle sobre el trabajo como caza recompensas casi olvidándome de comentarle sobre Charel.
- ¡Ah! por cierto Rona, hablando de mejores formas de ganarse la vida, conozco una bailarina de primera, una joven muchacha que se está queriendo ganar la vida y necesita darse a conocer, ¡Te prometo que no tiene desperdicio! Podemos ir con un setenta/treinta de las ganancias que consiga con un número durante la cena y luego se podrá quedar a conversar y animar a beber, seguro que haces una buena noche y si no, ¡te compro todo el pescado en mal estado que tengas a precio de fresco, Keehkekeke! - Añadí procurando vendernos lo máximo posible y esperando no tener que dejarme mi parte de las ganancias en pescado podrido.
- ¡Nahahahaha! eso será mucho pescado chaval… Está bien, será una buena cosa para la posada aunque… ¡pareceremos los señoritos pijos de la ciudad con un baile! - Contestó ella en tono desenfadado.
- Eso sí, cuídala - Le pedí en un tono más serio, pensando en Charel y acordándome también de Casca, y en como ahora que tenía dos compañeros y eso implicaba procurar que ambos estuviesen bien.
- ...tranquilo… - Finalizó mirando la linea del mar, mientras daba una última calada. Tras eso me estrechó un dedo a modo de apretón de manos para cerrar el trato.
Me alejé con un sabor algo agridulce mientras preguntaba si algún día podría saber que perdió Rona.
Por otra parte y por suerte, mi parte estaba hecha y ahora solo quedaba volver al bosque y avisar a Charel de que teníamos local para su actuación a la hora de la cena. Bueno… eso y confiar en que Casca estuviera bien ¿Desayunaría o comería siquiera? ¿Como iban a coordinarse sin saber donde se encontraba o como comunicarse con él? Pero bueno, ahora no tenía solución... "ya cruzaremos ese puente cuando lleguemos", ahora tocaba esperar.
Cada uno se recostó en un árbol, Charel con mucha más gracia y agilidad que Casca, el segundo no se quedaba atrás en la agilidad, pero la muchacha había desarrollado unos pasos y técnica fruto de la costumbre. Por mi parte, me recosté sobre unas raices, con Rimera entre mis manos, no pensaba que algo nos fuera a encontrar o emboscar pero no estaba de más prevenir. El tacto de las telas trenzadas en el mango se sintieron reconfortantes, como si la propia hacha quisiera transmitirme tranquilidad para descansar, el desafío vendría mañana.
A la mañana siguiente me desperté con los primeros rayos de sol. El suelo estaba considerablemente frío por la escarcha y se escuchaban los primeros cantos de los pájaros. “Pájaros… pájaros…” pensé quizás verbalizando en voz baja mientras me despertaba.
- Alas… ohh Casca… - Comenté para mi mismo mientras giraba mi cabeza hacia el árbol donde éste había dormido. - ¡No está!
Levantándome de golpe con el hacha en mano me acerqué a la rama, había algo, una nota "Estaré en posición en la posada. Comenzaremos según lo planeado. – C.", eso me dejó más tranquilo. Acto seguido me giré para mirar al árbol donde había dormido Charel, parecía que mis movimientos y las voces la habían despertado y me estaba observando recostada, el pelo rosa algo enmarañado y la mala cara de quien disfruta durmiendo profundamente y en silencio.
- ¡Kehkekeke perdona Charel! No quería montar un alboroto de buena mañana, Casca ha ido a prepararse y me he asustado de primeras al no verlo, está todo bien - Dije disculpándome.
Ella se limitó a responder con gesto afirmativo y echándose hacía atrás se volvió a tumbar boca arriba, con las piernas y los brazos colgando a ambos lados de la rama y su cara mirando a la copa del árbol como buscando la determinación para levantarse pero sin mucho resultado.
- ¡Me voy a dirigir a “El Vigía” a hablar con Rona! ¡Descansa un rato más que áun es pronto! - Le comenté en voz alta mientras abandonaba el claro del bosque.
Andé rápido por los exteriores de Tara hasta llegar al puerto, la brisa marina era agradable y despejaba cualquier resto de sueño que pudiese quedar.
“El Vigía” se alzaba a lo lejos con su tejado triangular y oscuro aclarándose mientras el sol secaba la humedad de sus tejas. Los primeros clientes de la mañana llegando en busca de un desayuno caliente. Si tenía suerte, Rona no habría cambiado su rutina y a esta hora estaría fumando en la parte de atrás.
Rodeé el local y allí estaba, con un porte fuerte como los troncos de su local y acompañada de un cigarro excesivamente ancho.
- ¡Hola Rona cuanto tiempo! ¿Como va todo por aquí? ¡Esos cigarros tuyos cada vez van más cargados keehkekeke! - Saludé mientras me acercaba.
- ¡Pralder! Maldito mestizo gigante… ¡ya decía yo que los peces se habían ido y que el suelo temblaba de más! Si cada vez son más gordos los cigarros es porque cada vez me estresan más Nahahahaha. Cada vez vienen más impresentables a la taberna y no me gusta, esta era de la piratería me está inflando las narices y otras cosas - Comentó con enfado - Y a propósito de los piratas… escuché lo de la taberna, una pena…
Hablé un largo rato con ella y nos pusimos al día de lo vivído en los últimos cuatro meses, sin entrar en detalle sobre el trabajo como caza recompensas casi olvidándome de comentarle sobre Charel.
- ¡Ah! por cierto Rona, hablando de mejores formas de ganarse la vida, conozco una bailarina de primera, una joven muchacha que se está queriendo ganar la vida y necesita darse a conocer, ¡Te prometo que no tiene desperdicio! Podemos ir con un setenta/treinta de las ganancias que consiga con un número durante la cena y luego se podrá quedar a conversar y animar a beber, seguro que haces una buena noche y si no, ¡te compro todo el pescado en mal estado que tengas a precio de fresco, Keehkekeke! - Añadí procurando vendernos lo máximo posible y esperando no tener que dejarme mi parte de las ganancias en pescado podrido.
- ¡Nahahahaha! eso será mucho pescado chaval… Está bien, será una buena cosa para la posada aunque… ¡pareceremos los señoritos pijos de la ciudad con un baile! - Contestó ella en tono desenfadado.
- Eso sí, cuídala - Le pedí en un tono más serio, pensando en Charel y acordándome también de Casca, y en como ahora que tenía dos compañeros y eso implicaba procurar que ambos estuviesen bien.
- ...tranquilo… - Finalizó mirando la linea del mar, mientras daba una última calada. Tras eso me estrechó un dedo a modo de apretón de manos para cerrar el trato.
Me alejé con un sabor algo agridulce mientras preguntaba si algún día podría saber que perdió Rona.
Por otra parte y por suerte, mi parte estaba hecha y ahora solo quedaba volver al bosque y avisar a Charel de que teníamos local para su actuación a la hora de la cena. Bueno… eso y confiar en que Casca estuviera bien ¿Desayunaría o comería siquiera? ¿Como iban a coordinarse sin saber donde se encontraba o como comunicarse con él? Pero bueno, ahora no tenía solución... "ya cruzaremos ese puente cuando lleguemos", ahora tocaba esperar.
